El futuro nunca fue más aterrador. En un apacible pueblo donde nada parece suceder, Alexander Humboldt, un joven de diecisiete años con una mente inquieta y una familia que lo ama, desafía a las autoridades escolares al presentar una arriesgada teoría científica: la Tierra no es plana como se cree y orbita alrededor del Sol. Su atrevimiento desencadena una serie de eventos que lo llevará a descubrir una aterradora verdad: vive en un mundo totalitario donde cualquier idea contraria al oficialismo es silenciada sin piedad.
Guionista, uno de los más exitosos y recurrentes del cine chileno del nuevo siglo. De profesión odontólogo, ejerce estas funciones por las mañanas en uno de los más importantes hospitales públicos de Santiago, reservando las tardes a su pasión por la escritura de guiones. Salvo en aquellos breves períodos en que debe ausentarse del país, porque desde 1999 viaja todos los años a Cuba para atender un Taller de Estructura de Guión Cinematográfico que tiene a su cargo en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Los Baños. Aprendió el oficio de guionista leyendo libros de la especialidad y practicándolo por su cuenta, aunque el conocimiento de la estructura de los sistemas biológicos –necesario en su formación como dentista, según cuenta él mismo—le sirvió para entender mejor las claves de la narrativa. Estableció relaciones con algunos cineastas, asistió a sus charlas, y terminó finalmente impartiendo clases de guión en la Escuela de Cine de Chile, que dirige Carlos Flores, y en la Universidad Arcis. Sus primeros guiones los realiza para las series de televisión “Cuentos de mujeres” y “Cuentos de la ciudad”, y desde el año 2001 es requerido por diversos directores para escribir los guiones de sus largometrajes. La calidad de su trabajo ha contribuido no poco al éxito de películas como En la cama, ganadora de la Espiga de Oro en el Festival de cine de Valladolidad de 2005. Con el mismo Matías Bize, luego escribe La vida de los peces, película ganadora del Premio Goya a Mejor película hispanoamericana el año 2011.
"Freeland" se siente como una adaptación moderna de las distopías orwellianas. Su formato de diario de vida permite una lectura rápida, aunque quizás por esta misma razón, la trama resulta superficial en ocasiones y los personajes carecen de profundidad. La premisa es buena y muy actual: nos presenta un mundo donde la ciencia es reemplazada por creencias y la historia oficial se moldea para ajustarse a un nuevo paradigma en el que los terraplanistas han ganado la batalla cultural. Entre sus puntos positivos, el libro me recordó a la película "La Aldea" en su forma de mostrar cómo un grupo aislado puede aceptar una realidad simplemente porque la masa la cree. Ahí reside el mérito de la novela: es una crítica directa a nuestro tiempo, donde ideas tan absurdas como el terraplanismo o el movimiento antivacunas tienen cabida.
Tiene todos los elementos necesarios para construir una buena distopía. Entre ellos destaco la atemporalidad del texto (no existen grandes máquinas ni avances tecnológicos asombrosos que impidan conectar con la historia o le resten verosimilitud) y la simpleza de la prosa.
¿Qué faltó? El desarrollo de los personajes es en su mayoría superficial y pareciera que muchos de ellos son funcionales a la trama en lugar de desencadenar las acciones de la misma.
La historia podría haber tenido más desarrollo, la misma simpleza que hace que su lectura sea rápida y fácil, también le resta complejidad a la trama y la vuelve unidimensional. El autor sugiere arcos narrativos que no cierra o en los cuales no ahonda y tan sólo perfila.
En fisico este tiene 209 páginas, no las que dice good reads, pero es como si una distopia del 2014 tipo Divergente, conoce a La sociedad de los poetas muertos en el siglo XXI JAJAJAJ No estoy segura si 3 o 4, porque el final me dejo ????
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Concuerdo con otros comentarios, es un libro bastante simple, y a diferencia de otros libros que también lo son, vemos poca profundidad en este texto.
Freeland es la historia de un joven que se rebela ante el régimen totalitarista mediante una idea científica revolucionaria, que le trae muchos problemas. En un país terraplaniata, el joven protagonista, en un arranque de inmadurez, expone frente a su clase (colegio), que la tierra es redonda. Su destino es el centro de reeducación.
La historia trata de lo anterior y como conoce a gente que piensa como él. Esta escrito como si fuera un diario del protagonista, en que va relatando los hechos.
Es un relato breve. Tiene cerca de 200 páginas pero con un tamaño de letra y espacios que hacen de la lectura algo bastante rápido. Los más acostumbrados, pueden leerlo en un día sin problemas.
Aunque la idea es buena, vemos poca profundidad de los personajes, debido a que es un "diario" y mucha ingenuidad de los mismos, así como inconsistencias respecto al poder del régimen para perseguir. Se me hace raro que en el encierro no se den cuenta que un grupo de jóvenes se reúne para complotar.
A momento es bastante obvio, y aunque no aburre, tampoco impresiona tanto.
Yo diría que más que una novela como tal, es contar una historia, un suceso dentro de un gran contexto, es como un spin off de otra historia.
No es un mal libro, pero esperaba un poco más. En general, a quienes tienen varias obras, como es el caso de autor, se le mide con una vara más alta.
Lectura amena, con buen ritmo e interesante. Hay cosas sí que no me terminan de convencer, como toda la trama de que el país de Freeland queda entremedio de 2 EEUU separadas y que ninguna lo ataca debido a su poderío atómico WTF? O el cierre de mierda de la historia (por la cresta que le cuesta al autor cerrar con finales decentes) igual a sus otras novelas o audioseries, lo único que me alivió fue que al fin el autor no jugó con esos típicos finales que narra acerca de "todos estamos en una simulación" tan reutilizado que ya casi se podría hablar del Multiverso de Julio Rojas...
En fin, se disfruta pero hasta ahí no mas, facilmente olvidable.
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Freeland es un cachetazo para gran parte de la gente que lo lea. En su contraportada te propone una distopia donde todos creen que la tierra es plana, pero una vez dentro ridiculiza muchos pensamientos y muchas corrientes de tal forma que muchos lectores podrían pensar que es un mal libro, solo desde el prejuicio.
Es un libro que coquetea con ser algo más de lo que es, pero que se queda entrampado en ideas sin profundizar y una trama algo simple, muy parecida a El Final del Metaverso. Creo que la idea daba para mucho más, pero no por eso, es un mal libro.
La historia me gustó en general, pero siento que le faltaron 100 páginas para que pudiera desarrollarse más. Lo que no me gustó fueron ciertos aspectos que fueron llevados al extremo y bordeaban lo ridículo. Entiendo que esa era la intención del autor, pero aún así lo encontré como mucho.
Un libro ligero, tenía bastante potencial, creo que se ahorró mucha descripción de ambientes, desarrollo de personajes y hechos. No es malo el libro, pero no es para destacarlo por sobre los otros de Julio Rojas. El ramete si es bueno, ya es casi la firma de este autor.
Libro de lectura ágil. Es un texto que entretiene pero que definitivamente podría haber profundizado mas en el desarrollo de los personajes. A ratos su argumento se torna previsible.
Un libro lineal, predecible, demasiado simple. Una distopía que podría haber llegado a ser interesante, pero con cero profundidad de personajes o complejidad argumental. Una sucesión de tópicos/momentos/situaciones comunes para el subgénero, los que el autor encadena para formar una historia sin ninguna novedad real. Bien y claramente escrita. Da siempre la impresión que está generando escenas para una película más que una novela. Lo siento como una oportunidad perdida. No me molestó, pero tampoco lo recordaré como una buena lectura.