A medida que obtenemos ampliaciones de derechos y mas justicia social, es importante recordar a aquellos precursores que dieron su vida por una causa noble, para allanar los caminos por los que transitamos los demás. Es el caso de esta valiente activista Rusa, emigrante que vivió en los Estados Unidos, que se dedico a alzar la voz en contra de un sistema político injusto, en un momento en el que hacerlo era mal visto y hasta considerado peligroso.
Emma Goldman quedo impresionada al observar los maltratos a los que eran sometidos constantemente los trabajadores americanos; abusos de poder, malas condiciones de trabajo, largas jornadas laborales y excesiva represión policial, la llevan a denunciar las atrocidades cometidas por el gobierno, en aquel momento liderado por el imperialista Theodore Roosevelt, e incursionar en el movimiento anarquista, del cual se convirtió en referente.
La más absurda apología de la autoridad y la ley es que sirven para reducir el crimen. Aparte del hecho de que el Estado es en si mismo el mayor criminal, rompiendo cualquier ley escrita y natural, robando a través de los impuestos, asesinando a través de la guerra y pena capital, se ha visto incapacitado para hacer frente al crimen.
En estos ensayos Emma también denuncia las aberraciones cometidas por la policía, la Iglesia Católica, y lo más interesante, la farsa de la institución del matrimonio.
Casi desde la infancia, a las jóvenes se les dice que el matrimonio es su último objetivo; por tanto, su formación y educación deben ser dirigidas hacia este fin. Como la bestia muda que se engorda para su sacrificio, se las prepara para ello. Sin embargo, lo que es extraño, se les permite saber menos sobre su función como esposa y madre que al humilde artesano sobre su oficio. Es indecente y sucio para una respetable chica saber cualquier cosa sobre la vida marital.
Las opiniones feministas de Emma son muy controvertidas e interesantes. Goldman no sitúa al hombre en calidad de opresor y fue una intensa crítica de las sufragistas. Es muy interesante leer su perspectiva feminista desde un lugar anarquista y aunque algunas de sus ideas sobre este tema han quedado un poco vetustas, tiene que haber sido impactante y revolucionario en aquel momento escucharla hablar tan libremente del control de natalidad y la sexualidad femenina.
Los defensores de la autoridad temen el advenimiento de la libre maternidad, que les ha de robar a sus presas. ¿Quién lucharía en las guerras? ¿Quién crearía las riquezas? ¿Quién será policía, carcelero, si la mujer se negara a procrear hijos indiscriminadamente? ¡La especie, la especie! Gritan el rey, el presidente, el capitalista, el cura. La especie debe ser preservada, aunque la mujer sea degradada a una mera maquina, y la institución matrimonial es nuestra única válvula de seguridad frente al pernicioso despertar sexual de la mujer.
Gracias a esta gran mujer y su fuego inextinguible que será una inspiración eterna a todos los que se sientan oprimidos.
¡Libertad e igualdad para la mujer! Que esperanzas e ilusiones despertaron esas palabras cuando se pronunciaron por primera vez por algunas de las más nobles y valientes almas de aquellos días. El sol, con toda su luz y gloria, emergía para un nuevo mundo; en este mundo, la mujer seria libre para dirigir su propio destino, un ideal ciertamente digno de un gran entusiasmo, coraje, perseverancia y esfuerzo sin fin de una tremenda hueste de hombres y mujeres precursores, quienes se lo jugaron todo frente a un mundo de prejuicio e ignorancia.