Intentando aún precisar qué es eso que hace genial a Calvino, si es la eficiencia con la que escribe o la carga semántica de cada una de sus formulaciones, enmascarada por su aparente sobriedad.
Esta antología de cuentos se corresponde a una etapa temprana y realista en la que el objetivo principal del autor era abordar la experiencia cotidiana desde un enfoque materialista, estadio previo a su abandono casi completo a la fantasía.
Creo que estos relatos van mejorando en calidad a medida que van pasando los años y el estilo de Calvino se afianza y toma personalidad. En ellos hay mucho de los paisajes de Liguria, un poso, si bien no autobiográfico, quizá sí de una memoria histórica estrechamente vinculada a la guerra. El balance entre luces y sombras da lugar a una sucesión de Edenes rurales en los que Calvino busca ese abismo, esa ambigüedad en la que más tarde indagará de forma experimental y que ya comienza a notarse en los últimos relatos, más rocambolescos.
Los relatos vinculados a la guerra predominan en la antología: niños jugando en buques hundidos, pobres y hambrientos sorteando campos llenos de minas, partisanos y alemanes huyendo del enemigo... Calvino no teme ponerse en la piel de cualquiera, favoreciendo de soslayo a esa parte de la sociedad italiana que resistió el empuje fascista.
Además, cabe destacar el análisis que Calvino realiza en torno a las clases sociales y a las brechas insalvables que se abren entre ellas. A este bloque pertenecen dos de mis relatos favoritos: en "El ojo del amo", el hijo de un patrón comienza a hacerse a la idea de que, por lástima hacia ellos, jamás podrá gobernar a los jornaleros como tan tiránicamente lo hace su padre, pero, por el abismo entre clases, tampoco será capaz de establecer vínculos con ellos, ni siquiera de ayudarles en sus tareas. Algo semejante ocurre en "Comida con un pastor". Un joven asiste incómodo al intento de su familia burguesa por conversar con el muchacho al que han contratado para hacerse cargo de las cabras, evidenciando esa condescendencia aristocrática que al protagonista se le hace tan bochornosa, así como la imposibilidad de una verdadera conexión humana.