¿Qué ocurrió realmente en la fiesta celebrada anoche? ¿Hubo alguna víctima? ¿Qué contiene la caja que nuestro jefe nos entrega en secreto, pidiéndonos que no la abramos, y dentro de la cual se detecta una agitación, un mínimo llanto? ¿Será un ser vivo o un mecanismo de relojería? ¿Quién es “esa otra persona que no nos interesa”, que suele aparecer en las relaciones de pareja casi siempre adosada al ser amado y de la que es imposible librarse? ¿De qué clase de apocalipsis huye esa familia que abandona la ciudad con lo puesto y termina vagando perdida por el bosque?
En todos estos relatos hay un reverso de sombra, un vértice de silencio, algo que no se nombra directamente pero que es una invitación al lector para que se sumerja y participe en la construcción del sentido. Para que intervenga en la extraña normalidad de estos diez sueños, y pueda encontrar un poco de claridad o un lapicero contra la desdicha. Páginas que resplandecen con luz propia. Técnicas de iluminación.
Eloy Tizón (Madrid, 1964) es un escritor español, considerado uno de los mejores narradores de cuento y novela de los últimos años. Su obra hasta la fecha se compone de dos libros de cuentos: Velocidad de los jardines y Parpadeos; y de tres novelas: Seda salvaje, Labia y La voz cantante.
No había leído a Eloy Tizón y me resultó sorprendente su forma de narrar distinta, o poco equiparable con nada anterior. Por momentos innovadora y por momentos más sencilla, pero siempre con un toque personalísimo y diría que a ratos surrealista y un tanto poética.
Me gustaron más los cuentos finales, no sé si porque ya iba conociendo los engranajes y formasde escribir del autor (que al principio cuesta), o porque realmente fueran mejores, que es lo yo creo, que eran mejores.
Le daré un tiempo y algún día volveré a probar suerte con este innovador autor.
Me rindo tras el quinto relato. Cinco cuentos basados exclusivamente en el macguffin donde las frases interesantes (que haberlas haylas) son pequeñas algas flotando en un océano de verborrea. Vaya metáfora de mierda, dirán ustedes. Yo respondo: ¿creen que en Técnicas de iluminación van a encontrar imágenes mucho mejores? Pobres ilusos.
Quizás esto sea prosa poética destinada a gente que no suele leer poesía, y yo leo demasiada. Quizás la simple acumulación de significantes no sea lo mío, cuando no se les apareja un significado y una razón de ser. Quizás el problema sea que la crítica española lo ha alabado, con sorprendente (?) unanimidad, como uno de los grandes sucesos literarios de la historia reciente de España y resulta ser un libro donde todo es una digresión sin rumbo, donde la suma de yuxtaposiciones se repite y se repite desbordando los espacios con tinta inútil, y donde, a base de acumulaciones, nada significa nada. Que decía el buen Iván Ferreiro.
Se lleva 4 realmente por dos cuentos, buenísimos y de 5 estrellas. Los demás, si bien se admira la técnica y el lenguaje, no me parecen memorables.
Los cuentos en cuestión son: "Los horarios cambiados", el mejor a mi parecer, la metáfora de la maleta y lo que hay alrededor está maravillosamente hilado y ejecutado. "La calidad del aire", una historia sobre perderse y lo que conlleva, hasta sus últimas consecuencias.
Tras empezar con muy mal pie en "Velocidad de los jardines" se agradece que haya un salto de calidad en la prosa en general, al menos como me funciona a mí.
* Me he aburrido y me he maravillado. Al principio lo uno y, conforme avanzaba mi lectura, lo otro.
* Es un libro magnífico. No sé si un gran libro porque habría que descontar de la ecuación el prestigio ganado por Eloy con esa bomba que fue Velocidad de los jardines. Aquello tuvo que ser una especie de lápida prematura y maravillosa, caliente de nubes de algodón, de hilachas de alegría. Mucha gente leyó ese libro, ese magma pesado o maldición en el amanecer de la escritura. Yo más de una vez lo he dicho o se lo he oído decir a alguien, y es esto: el "problema" de Eloy Tizón es que ya ha escrito Velocidad de los jardines. Alguien debería escribir una historia de la historia que sucedió después de Velocidad de los jardines. Incluso el título de este nuevo libro se obstina maravillosamente en buscar un camino nuevo, las técnicas de iluminación de lo escondido en el bosque.
* Me fiaría más de alguien que hubiera sido crítico con la obra de Eloy -como si no hubiera escrito Velocidad de los jardines, vuelvo a insistir- y descubriera este libro. Alguien (lampiño e inocente, vestido de marinero) que sostuviera que muy bien Velocidad de los jardines, bastante más irregular "Parpadeos" y qué coño es esto (qué raro, qué irregular y qué bueno, cómo escuece de bien, "esto no es un relato pero da un poco lo mismo") de Técnicas de iluminación.
* Casi todos los cuentos son imperfectos; la imperfección de haber llegado al mejor sitio al que los exploradores de la literatura se atreven a llegar. Las puntas de los zapatos ya asomándose al borde de un abismo violeta. No es para todo el mundo este libro.
* Resultaría obsceno decir que Eloy Tizón escribe muy bien. Pero esto está tan, tan, tan bien escrito -bastante más que sus dos libros de cuentos anteriores- que las neveras se rompen. Es una cosa milagrosa. He tenido que parar para orinar una buena cantidad de veces, de lo lento y desértico y plácido que lo iba leyendo.
* Tengo la impresión de que Técnicas es el territorio al que debe dirigirse el relato en este momento. Al mismo tiempo, esa sensación me advierte de la más que probable imposibilidad de que un autor novel o inédito pudiera llegar a publicar este libro. Así que tenemos suerte de que Eloy Tizón haya publicado Técnicas con su prestigio y su peso y su lento trabajo a la espalda dentro de un relato español que es, en general, bastante conservador en las formas y en los referentes. Es radical, creo que incluso más cercano a la poesía. Arde bastante este libro, por sitios muy raros, muy laterales, los mejores. Tenemos que plantearnos cómo se escribe un relato después de este libro. Otra vez.
* Siento decirlo, pero debió ganar el Premio Ribera del Duero. En mi opinión, es mucho más radical -más bello, en definitiva- que el libro de Guadaluppe Nettel.
* Creo que no cuadra nada con el movimiento general del libro el relato "Volver a Oz", por ser ensayo sobre lo ya escrito con la cultura pop: ya estaba en su obra aquel relato de Spock, o aquel otro de Clara y Heidi (disculpad que no recuerde los nombres). Eloy Tizón, más pop no, oiga.
* Vuelvo a mencionar Velocidad de los jardines. Técnicas de iluminación quizá se olvide o no, pero hay más amor en él, más aristas, mucha más tristeza. Está más devastado y el autor, se presume, ha quedado más agotado y más cerca de donde intenta llegar.
Segundo libro de relatos que leo de Eloy Tizón. A destacar en particular “Fotosíntesis”, con uno de los inicios más bonitos que he leído nunca. Este autor madrileño sabe perfectamente cómo darnos una buena bofetada en la cara con cada párrafo.
Han pasado ya siete años del último libro del madrileño Eloy Tizón; este largo período se ve colmado con estas “Técnicas de iluminación”, su último libro publicado en este mismo año. Es una pena que no se prodigue más porque, sin exagerar, estamos ante una recopilación de cuentos excepcional, tanto en el fondo, en los temas tratados, como por el manejo del estilo, espléndido, cada palabra tiene un sentido, cada momento es imprescindible. La poesía fluye y nos embriaga de tal forma que da mucha pena terminar cada uno de sus cuentos. Estos cuentos nos iluminan sobre las pequeñas cosas que caracterizan al ser humano y nos hacen partícipes de algo mucho mayor desde lo más pequeño; aterroriza encontrar esa mirada lúcida que le da la vuelta a los conceptos más manidos para expresar una manera distinta de verla que, posiblemente, ni se nos había ocurrido, aquí por ejemplo podemos ver una muestra de lo que le da miedo de la felicidad: “La felicidad, en cambio, da miedo. Es demasiado –cómo decir- inapelable. Uno está indefenso ante la felicidad, ante la inminencia de su desplome con su descomunal peso feliz, bajo el que queda felizmente aplastado, agitando sus extremidades. Uno se siente más cómodo y protegido en las afueras de la felicidad –igual que en las afueras de las ciudades o en las afueras de la gente-, sin tanta presión encima, con más espacio libre para moverse y, llegado el caso bailar. Son esos momentos previos en que la felicidad gravita alrededor de uno en forma de promesa. Una moderada desgracia, una calamidad llevadera, el intervalo entre dos alferecías. La felicidad sobreviene y es una crisis, una catástrofe, un rayo que calcina un árbol, una enfermedad fulminante para la cual no hay antídoto. La felicidad es un lugar solitario. La felicidad y los rayos, mejor cuanto más tarde. Cree uno.” (“Fotosíntesis”) Las “afueras de la felicidad” como lugar en el que nos encontramos seguros, la “felicidad como crisis”. Esa felicidad que se nos puede quitar siempre, que encontramos a alguien dispuesto a arrebatárnosla, como es el caso de la protagonista de “Ciudad dormitorio”: “Debía andarme con cuidado, ya me había sucedido antes al menos en otras dos ocasiones, en el pasado, con otros Tolers iguales o peores, con más o menos pelo, con incisivos más o menos alineados, que lograron embaucarme con sus tejemanejes masculinos de maneras suaves, promesas incumplidas, astucia, sexo y dinero, para al final amanecer sola entre las sábanas revueltas de una cama de hotel, después de haber exprimido mi ternura y lo peor –quiero decir, lo mejor- de mí misma.” En “Los horarios cambiados” encontramos una de las mejores maneras de describir el proceso creativo que he tenido la suerte de leer, ese “espasmo de lucidez” que busca discernir en el proceso de escritura es una imagen poderosísima, poética y maravillosa, solo Tizón podría pensar en esta forma: “Porque escribir, pensaba yo, es estar más despierto de lo normal. Un espasmo de lucidez recorre todo, nos sacude el sistema nervioso con una sobrecarga de vitalidad, de plenitud, de audacia, de algún modo hay que canalizar toda esa energía dispersa y un tanto alucinógena que desborda la conciencia. De la euforia molecular hasta el folio. Entran ganas de cantar, de bailar, de recibir una bofetada o un electroshock. En lugar de eso, volcamos toda esa actividad frenética hacia dentro y nos contentamos con enfilar, con gran aplomo, un signo negro tras otro.” No se queda en ello sino que consigue demostrarnos que este proceso es como preparar una maleta, se convierte en una obsesión, en una “cacería encarnizada” del verbo o de la palabra justa que exprese lo que estamos pensando: “Quizá por casualidad, Tricia había acertado. Preparar una maleta era igual de comprometido que urdir una ficción, soñar un libro o construir un universo poético. Uno solo puede hacer algo bien obsesionándose con ello. Si no, resulta imposible. Cacería encarnizada de la página y la maleta, si no perfectas –eso es mucho decir-, sí al menos de una imperfección impecable; en ambos casos se trata de sentenciar –nada menos- qué salvas y qué condenas. Ante esto, cualquier elección conlleva una responsabilidad y un peligro.” A través de lo cotidiano consigue expresar lo inexpresable, Tizón lo hace tan fácil que casi da un poco de vergüenza que yo escriba, con mi prosa inferior, sobre lo bien que escribe él, se siente uno como: “Usted me pareció siempre una versión mejorada de mí misma, como si yo fuese un garabato deficiente y orientativo, nada más que un intento malogrado, y Usted la obra de arte definitiva, la que se enmarca en los catálogos y vuelve loca a la gente. A lo mejor pienso esto por haber sido pintora en el pasado, nunca se sabe.” (El cielo en casa) Tizón es la “obra de arte definitiva”, me siento como ese “intento malogrado” pero no me importa si he conseguido transmitir un poco de la genialidad de este maravilloso escritor. Con eso me bastaría: con que alguien más lo conozca al leer esta pequeña crítica. Eloy, ¡no tardes tanto tiempo la próxima vez!
Durante tres días he ido dosificando la lectura de este recopilatorio de cuentos. No más de uno de una sentada, como debe ser, para darme el tiempo necesario de ir asimilando todos sus matices. Puedo imaginar que es una lectura muy placentera para todo tipo de lectores curtidos y exigentes, pero también puedo asegurar que es una lectura obligada para aquellos que, como yo, hemos decidido dedicarnos al absurdo oficio de contar historias. Tengo la certeza de que ningún lector de calidad que lea este libro saldrá defraudado, pero este mensaje va dirigido a todos los amigos escritores de cuentos: muchos habéis leído ya a Eloy Tizón, cómo no. Los que no lo habéis hecho, hacedlo. No esperéis más. Una lectura pausada y reflexiva de uno solo de sus cuentos hará que seáis mejores escritores, porque veréis con claridad algunas cosas que llevabais mucho tiempo haciendo mal. Al menos a mí me ha pasado. Os lo digo en serio.
Diez cuentos o relatos no estoy seguro de cómo se denominan absolutamente maravillosos, quizá el más flojo sea " Volver a Oz", no va a ser perfecto. El resto buenísimos. Sin tratar de nada, da prioridad al lenguaje a las metáforas y las figuras estilísticas. Los argumentos por debajo de la escritura hay que buscarlo con mucha calma y aún así a veces ni se encuentra. Y que más da. Un libro de cuentos o relatos sorprendentemente bueno.
Continunado con mi reseña de mitad de libro: tiene un par de cuentos realmente interesantes, con muchísima estructura, con mensajes fuertes y profundos.
El resto se siente como una colección bastante desordenada de conceptos sin demasiado hilo conductor.
Lo que me gustó realmente me gustó mucho, pero todo el resto es olvidable.
Definitivamente Eloy Tizon es un escitor adelantado. Vanguardista. Con una creatividad literaria muy por encima del resto y lo plasma en cada uno de los cuentos de este libro. En lo personal no todos me gustaron o no todos los entendí (lo digo con toda sinceridad). En cambio disfrute algunos de sobremanera, hay mucha inteligencia en su narracion y creo que aunque aun le falta un poco por desarrollar es de los escritores más cercano a modernizar la literatura.
Recomendable leerlo y aprender de las nuevas tendencias.
Hay veces en que empiezas un libro y lo lees del tirón, en tres días lo has terminado. También a veces puede ocurrir lo contrario: que un libro se te atraviesa, y no conectas con la historia, y no avanzas y te sorprendes por ello... Pues bien, esto último es lo que me ha pasado con "Técnicas de iluminación". Se trata de un libro de relatos escrito por un autor excepcional como es Eloy Tizón, que tiene un dominio brutal de las palabras y una sensibilidad acojonante, pero en esta ocasión no ha surgido la magia y el embeleso que me ha producido en otras ocasiones. He ido avanzando relato a relato, preguntándome al final de cada uno qué es lo que me llevaba de él, y me he respondido que nada. Cero. Conjunto vacío. Creo que voy a darme seis meses de vacaciones de libros de relatos. Llevo una temporada en la que me cuesta conectar con este tipo de libros. Haciendo un paralelismo con la gastronomía, con la cercanía del otoño me apetece más comer un buen guiso o un plato de cuchara (léase una novela al uso, más o menos clásica, o más o menos voluminosa) que unas tapas de alta cocina, con sus espumas de peces, y sus esferificaciones de hortalizas, y sus vapores de plantas aromáticas (léase relatos más o menos sublimes). Así me encuentro ahora mismo. Igual en primavera me vuelve a cambiar el gusto.
Tengo que decir que los primeros relatos no me gustaron demasiado. Busco historias interesantes, y no las encontraba. Demasiadas palabras. Sin embargo, los siguientes cuentos empezaron a gustarme más, quizá porque en ellos sí encontraba esas historias que te atrapan y que recordarás, quizá, dentro de años.
un libro de cuentos hermoso que comienza muy bien y termina espectacular va de lo más abstracto a lo más concreto. Es una lectura rápida pero a su vez corpórea, te deja la piel china. frases cortas y contundentes.
No lo pude terminar. El principio de Fotosíntesis es genial pero después se vuelve monótono. Hay frases brutales, pero ya no tengo ganas de volver a este libro.
"Técnicas de iluminación" del escritor Eloy Tizón es una excelente recopilación de cuentos cortos de diversos temas que se disfrutan por su fondo y su forma narrativa. A través de lo aparentemente cotidiano, el autor consigue comunicar 10 universos distintos que transmiten la intensidad de la experiencia humana, buscando sentido y brindando "iluminación" o claridad a la desdicha y a los sueños disfrazados de rutina. Disfruté en particular la obsesión lésbica de Elisenda en "El cielo en casa" y la misteriosa caja de "Ciudad Dormitorio" y "La calidad del aire": "Perderse no es tan fácil. Requiere grandes obstáculos, huir de lugares comunes, de los hábitos que nos acercan, esquivar escrupulosamente las caras conocidas de amistades y familiares para los que significamos algo y tenemos un pasado que nos narra" y finalmente: "Los horarios cambiados", a tal carácter tal maleta. "porque todo es superlativo como el tamaño del cielo". "Técnicas de iluminación" es un lectura intrigante, sugestiva y amena.
Tizón llevaba siete años sin publicar, pero no podía haber tenido un regreso mejor. Esta colección de cuentos es variada; los relatos son muy diferentes entre sí. Diez universos que se extienden a lo largo de unas pocas páginas. Ya deja sin aliento con el primer texto, “Fotosíntesis”, que, en realidad, no tiene trama. Y eso es lo más sorprendente: un relato desnudo, que solo es palabra y que se disfruta hasta la última de ellas. Desbordante lirismo distribuido en frases cortas de sintaxis sencilla, a Tizón le sobran hasta las conjunciones copulativas. Hay abundantes paralelismos, metáforas, imágenes poéticas, párrafos que dan la sensación de ser recuerdos del propio autor, alterados por el tiempo y presentados en una corriente de conciencia… Le sigue “Merecía ser domingo”, un relato que sigue la misma tónica, en el que el autor hace gala de una libertad absoluta en su uso del lenguaje, que también se instala en lo lírico, rozando en ocasiones lo fantástico y el absurdo mediante impensables y sorprendentes combinaciones de palabras. El lector llega casi sin aliento al tercer relato, “Ciudad dormitorio”, más tradicional. La protagonista es una chica que trabaja en unos grandes almacenes a la que su jefe encarga la misión de que se deshaga de una caja que tiene algo en su interior que se mueve y se lamenta, pero que no podrá ver. El misterio de este relato fantástico nunca llega a resolverse, porque no es lo importante, es el pretexto del autor para construir un cuento centrándose en las sensaciones de la protagonista. También encierra un misterio “La calidad del aire”, en el que perseguimos a un hombre que quiere deshacerse de su propia identidad y al que le había sucedido algo extraño la noche anterior. “Los horarios cambiados” habla del oficio de escritor y de una pareja abocada al fracaso en un envoltorio sutil y natural. “Volver a Oz” desestabiliza un poco el ritmo del libro; es el relato más corto y a la vez, el menos impactante. “Alrededor de la boda” es tan agradable como un recuerdo veraniego, lo mismo que se cuenta en él. Está lleno de juventud y de frescura; en cambio, “Manchas solares” es devastador. La historia de un abandono matrimonial en el que el rechazado quedará ya quebrado para siempre, aunque vuelva la que anhela. “El cielo en casa” es uno de los mejores del libro. Cuenta la historia de una relación destructiva desde un punto de vista sorprendente. Las protagonistas están dentro del mundo del arte y, como consecuencia, el texto es visual, pero también es rico en texturas y sensaciones. El último, “Nautilus”, es un cierre acertado, dejando al lector con la caja torácica abierta. Un científico español en Estocolmo recibe la noticia en medio de la noche de que su hijo de tres años ha muerto en Madrid. La interminable noche del protagonista, sus vaivenes mentales y su esfuerzo por no pensar en lo que ha sucedido se mezclan con referencias cinematográficas y recuerdos de su vida pasada. Provoca escalofríos. El autor está por encima de la anécdota, la trama de los relatos es solo una excusa para desplegar todo su talento literario lleno de sinestesias, elipsis, una adjetivación exquisita y uno de los recursos que más llama la atención de este libro: la enumeración, que se transforma en un inventario de objetos imprevisibles. Los relatos de Tizón, por su intensidad, parecen alucinaciones de una belleza radical. Técnicas de iluminación es un remolino de literatura en el que todo acaba mezclándose, porque se devora en un momento. Al lector le queda el regusto de las palabras y el síndrome de Stendhal.
No lo abandoné sólo porque leí a alguien que se aburrió al principio y le gustó al final. Me pasó lo mismo. Cuando estuve apunto de rendirme empecé a leer de atrás para adelante, y la cosa cambió. Efectivamente los cuentos de la segunda mitad salvan. Los primeros son verborrea, que pareciera ser poética, pero que no dice mucho, al menos a mí no me dijo nada.
It's a great book of short stories, all of them related to the idea of "light" in different ways. There are some which were really brilliant for me, and some others that made me think about the complexity of adultness.