La poesía ha sido siempre la manifestación artística y cultural, casi religiosa, más popular y constante en la historia de Japón. Un juego sutil de luces y sombras con el cual se ha insinuado lo oculto, se ha exaltado veladamente la experiencia, se ha comprendido con sabiduría la naturaleza humana y la esencia de las cosas. Como un florido bonsái se ofrecen en " El pájaro y la flor " , bellamente comprimidos, mil quinientos años de quehacer poético japonés. Desde las encantadoras canciones de la era de los dioses japoneses, en el siglo VI (recogidas en el Kojiki, 712), pasando por los exquisitos tanka de la época clásica y los deslumbrantes haikus de hace trescientos años, hasta llegar a los atrevidos y apasionados versos de la poetisa Akiko Yosano o a las fulgurantes intuiciones de Santoka, en el siglo XX. Los 174 poemas de este florilegio, recreados en su métrica original y vertidos muchos de ellos por primera vez en español, reflejan la aguda y exquisita sensibilidad japonesa ante el mundo, la vida, la naturaleza. En " El pájaro y la flor " , el profesor Carlos Rubio, autor de esta antología bilingüe e ilustrada, ha armonizado su triple faceta de poeta, traductor de clásicos japoneses y conocedor de la cultura de Japón, para poner en nuestras manos una obra memorable. Los poemas van precedidos de un amplio prólogo en el que Carlos Rubio nos aporta los elementos estéticos y socio-culturales necesarios para apreciarlos mejor. Poemas que, por su alcance universal, siguen llegando al corazón del hombre y de la mujer de nuestros tiempos.
No suelo leer poesía. Siento que tengo la cabeza un poco demasiado cuadrada y muchas veces me cuesta figurarme el significado detrás de los versos. Pero hay algo en la poesía japonesa (que ni mucho menos se limita al haiku) que resuena en mí. Su expresión artística se basa en evocar, sugerir y esconder. Fundir armónicamente lo visible y lo invisible. Enfocarse la belleza que también existe en la ausencia. Es casi sobrenatural, esta «poesía de la intuición» es capaz de transportarte a un estado de serenidad y comunión con la naturaleza con solo tres versos. De encapsular una sensación de profundo sosiego, pero también de apagarte el alma con una melancolía muy pura y delicada. De enamorarte (o, más bien, de sentir el hormigueo del amor que siente el autor) de la persona a la que iba dirigido el poema durante el tiempo que tardas en leerlo.
La introducción y labor como traductor de Carlos Rubio son una delicia. Suyas son estas palabras: El único poema de Bashoo, maestro de sugerencias, sobre el excelso monte Fuji nos habla de un día feliz cuando la niebla le impedía contemplar su silueta, un día en el que la desaparición de la belleza sublime del Fuji pone el acento en la lluvia del día. Armonía complementaria de lo visible y lo invisible: Lluviosa niebla que esconde al monte Fuji. Me voy contento.
Esta antología ofrece un maravilloso viaje poético por la tradición japonesa, a través de diferentes eras históricas y regiones geográficas y culturales. Recorre lo sublime y lo cotidiano, lo divino y lo terrenal, lo natural y lo humano. Para quien se interesa por el haiku y la cultura japonesa pero quiere una visión más amplia y panorámica de la poesía japonesa, esta colección es idónea. Las traducciones de Rubio, acompañadas de los versos originales transcritos en romanji, son bellas y sutiles.