Este libro me deja con sentimientos encontrados porque ¡estaba tan emocionada cuando lo comencé! Pero casi de inmediato me desconcertó e incluso, decepcionó.
Esperaba que la historia girara al rededor de Zofia, su amante y la historia oculta entre ambos pero de eso obtuve sólo unos poquitos retazos. Por el contrario, ¡leí muchos diálogos y escenas en las que se veía inmiscuído Christian Dior! O tal vez no tantos. Creo que ese es el mayor problema con este libro, ¡que no sé que diantres estaba leyendo! Y no porque fuera una historia reborujada o con una trama muy densa, sino porque me resultó tan insulsa, tan... incolora e insabora. Me atrevería a decir que aburrida, muy a mi pesar. La narración llegaba a salvar esta triste situación con su ligereza, pero había capítulos en los que la historia simplemente era demasiado tediosa.
Respecto a los personajes no tengo quejas... excepto por el pesado de Shlomo, pero nada terrible. Tenía una especial curiosidad por el "polaco" Henri Tarnowski pero aparece tan poco que por un momento hasta me ofendí con su escena final: "¡¿para esto esperé tanto?!" pensé, aunque ya sabía lo que leería. Ah, porque aquí es donde confieso que antes de llegar a la mitad del libro me vi en la necesidad de echar un vistazo a las siguientes páginas tratando de averiguar si la cosa mejoraba, pero descuiden, de cualquier forma leí todas y cada una de las palabras impresas.
En resumen, ni me gustó ni me disgustó, simplemente me pareció "meh", y eso es lo que me entristece, porque le tenía muchas ganas y fe a este libro. Eso sí, admito que el final me dejó desconsolada; creo que me encariñé mucho con Richard Evans, y eso es con lo que me voy a quedar de esta lectura.