Este libro es perfume puro. Denso y rico, embriaga, se queda con uno por largo rato. Entramos por las palabras de Almazan qué nos dejan a punto caramelo para la maravillosa exposición de FLW. Él nos muestra como el arte japonés siempre busca la naturaleza, entiende que para llegar a la esencia hay que perfeccionar la forma. En la naturaleza está toda la geometría y la belleza que está transmite. No está en copiar, eso es lo cautivante del arte japonés. No se limita a replicar, sino a exaltar la esencia, la sencillez, lo puro. Claramente esto se transmite al arte arquitectónico del genio de Lloyd Wright, cuya calidad máxima es la elegancia de las formas y la calidez de la belleza que esto emana.
Joyita imprescindible.