«Nessuno come Dostoevskij è andato mai così lontano, nel viaggio verso il Male Assoluto: nessuno vi ha mai abitato con tale costanza; e ci ha guardato così, con gli occhi stessi del crimine» scrive Pietro Citati mentre ci accompagna – guida lucida e insieme partecipe, quasi febbrile – attraverso Delitto e castigo. Ma ad attirarlo, ancor più di Svidrigajlov o Raskol'nikov, è Stavrogin, in cui «soffia il vento di un vuoto gelido e vertiginoso, illimitato e senza confini»: certo perché scrivendo i Demòni Dostoevskij si è rispecchiato in lui, e «scorgendo questo riflesso, ha avuto paura delle profondità inattingibili del proprio cuore». Sono dunque Dostoevskij e Stavrogin il nucleo tenebroso di questo libro, dove Citati rilegge i grandi romanzi dell'Ottocento (quelli di Balzac, Dumas, Poe, Hawthorne, Manzoni, Dickens, Flaubert, Tolstoj, Stevenson, James) per cogliervi in atto la passione del Male, l'incontro con il Male. Li rilegge come soltanto lui sa fare: non da critico accademico o militante ma da «lettore-scrittore» (come ha notato Nadia Fusini), capace di illuminarli prolungandone il fascino nella sua scrittura. E comunicando a noi il desiderio irresistibile di rileggerli a nostra volta.
He was a famous Italian writer and literary critic.
He wrote critical biographies of Goethe, Alexander the Great, Kafka and Marcel Proust as well as a short but unforgettable memoir on his thirty-year friendship with Italo Calvino.
In Kafka, Pietro Citati has the great writer declare: "'I am like you, I am a man like you, I suffer and rejoice as you do, like a meticulous and buoyant angel, a being who lives far away in a world that did not belong even to him."
From 1973 to 1988, he contributed to the cultural section of Corriere della Sera and had been the literary critic for la Repubblica since 1988.
Un conjunto de ensayos sobre la novela decimonónica que demuestra la erudición de Pietro Citati sobre los autores clave de dicha época. Como en todos los libros que reúnen diferentes artículos, algunos me han interesado, otros menos y otros los he leído en diagonal. Pero es un libro de consulta perfecto para los interesados en esta literatura y tiene análisis brillantes.
Una serie de ensayos brillantes sobre el concepto del "mal" reflejado en distintos personajes de novelas del siglo XIX, una reflexión magnífica sobre el concepto de creación desde los novelistas y su relación con la época. Los capítulos dedicados a Jan Potocki, Henry James, Robert Louis Stevenson, Edgar Allan Poe, Alexandre Dumas y Lewis Carroll son lo mejor que he leído en el año, dan ganas de releer todas las obras mencionadas a la luz de estos comentarios.
Raccolta di saggi che mi lascia parzialmente insoddisfatta.
In effetti esiste un nucleo di autori e romanzi ben analizzati, mentre altri sono trattati in modo breve, anche se non sbrigativo: avrei preferito avesse diviso il materiale in due scritti separati in modo da dare più omogeneità alla lettura. Per ciascuno degli scrittori visti viene tratteggiata la biografia, puntando l'attenzione sulla sfera emotiva evidenziando come si sia quasi sempre riflessa sulle opere; in effetti la parte dell'epilogo è dedicata a Freud.
In ogni caso è stata una lettura molto interessante, ricca di spunti (ignoravo perfino l'esistenza di Nikolaj Leskov), anche se consiglio la diluizione in diversi momenti di lettura.
Nota finale: il titolo non mi pare pertinente per tutti gli autori, ma pazienza...
Penso di smettere di insistere e di abbandonarlo definitivamente. Mi aspettavo un saggio critico, una disamina curata ed oggettiva del concetto di Male nel romanzo dell'ottocento, attraverso il contributo di un'ottica personale. Non ho trovato quello che mi aspettavo. Il saggio ripercorre molti eventi biografici degli autori, ma, narrati spesso tramite presente indicativo, che enfatizza la mia sensazione di leggere fatti romanzati. La mancanza totale di note e di citazioni mi faceva continuamente chiedere "ma tu che scrivi, cosa ne sai?". Manca quel discrimine esplicito fra ipotesi personale e nota biografica. I fatti sono veri? Queste assunzioni, spesso molto personali, sono pareri dell'autore o derivano da prove oggettive come diari e lettere dell'autore che si sta? Puoi definire Verga come "un uomo così mediocre", "che sia stato aiutato dalla sua stessa mancanza di talento"? Sulla base di cosa? Mancano, a mio avviso quasi totalmente, citazioni dalle opere a sostegno di quanto viene affermato e assunto. Preferisco nettamente un linguaggio più neutro nei saggi, linguaggio che può comunque veicolare il pensiero di chi lo scrive. Per finire, non ho amato nemmeno lo stile della prosa, eccessivamente carico e retorico, a volte lunghi elenchi di aggettivi.
Nelle lunghe passeggiate per la città addormentata, Dupin elabora il suo metodo analitico: fondato sulla facoltà di osservazione, su un dono quasi dostoevskiano di simpatia e di identificazione con l'anima altrui, su una prodigiosa memoria, sui favori del caso e sulla capacità di deduzione, che gli permette di disporre in una rigida a catena consequenziaria gli indizi sparsi nel tessuto quotidiano della realtà.
Reseña sobre EL MAL ABSOLUTO- En el corazon de la novela del siglo xix
El libro, EL MAL ABSOLUTO, tal como lo indica el titulo es un ensayo acerca de la novela finisecular del SXIX. No nos debería extrañar que el subtitulo tenga una semejanza, primeramente inconciente, con el titulo de una novela sublime- el corazón de las tinieblas, de joseph conrad, publicada a principios del s XX, Y no ilustrada por el autor en este grupo de ensayos. El guiño es preciso- Pietro Citati tiene la deliciosa pericia de recrear la vida, el contexto que circundaba a los autores de los que versa, a insuflarles nuevamente el deseo, la duda, el mal y las tinieblas. Con su prosa, como quien con la mano desnuda arrastra la niebla cuajada en el vidrio de las ventanas, devela pequeños sortilegios de su vida cotidiana, relaciones entre sus libros y las experiencias que los empujaron a cristalizarse en novelas, en cuentos, en cartas. A tornarlos, como formidables demiurgos que fueron, en personajes conmovedores- en corromper a la crítica académica y tornarla un apéndice de una ficción formidable, invirtiendo los roles y tornando a los escritores participes de una historia que se imprime sobre su historia, que la mitifica y rodea su cuerpo de perfumes y esencias cercanas a las novelas y los cuentos en donde aún vibra aquello que fue su vida.
Como primera novela, Citati toma a Robinson Crusoe, en su prologo, para hacernos notar la necesidad casi lastimosa pero tiernamente infantil del inventario. El libro, en si, es un gran inventario de una necesidad casi maniaca, alimentada por la soledad y por los resquicios de una sociedad que aún no se desvanece. Parece advertirnos algo terrible- incluso el sueño de esa isla ideal, totalmente nuestra, puede estar corrupto por un afán acumulativo. Incluso en las soledades que con mayor minuciosidad se han construido, se revela la abyección de lo material, y lo fáctico. Pero pronto su prologo reconvierte a otra cosa, y es Potocki el centro de su atención. Potocki, como autor, es reconocido por la escritura del Manuscrito encontrado en zaragoza. Esta vez, Citati emplea el mismo metodo que enhebrara todos sus ensayos. Sigue a Potocki en sus mínimos recelos, en sus amistades. Intensifica la tiniebla que recorre su biografía, y llega a la conclusión que aquella obra maestra, aquella obra prima fue su transcripción, su traducción del arabe a su propio universo mágico, hermético y cultual de las mil y una noches. Los relatos hilados en otros relatos, con el afán de infinito palpitando en cada palabra, sin embargo, por tener aquel añejo correlato, intentaba superarlo, completarlo. Plasmar más allá de todo final la evidencia de su imposibilidad. Sobre este modo de narrar, donde las cajas chinas descubren otras aún más pequeñas, y asi, hasta la exasperación, Potocki apuntaba, `parafraseado por Citati “¿que significa narrar? Narrar no es algo lineal. Si queremos narrar, debemos interrumpir nuestra historia. Prestar oídos a una segunda, a una tercera, a una cuarta, a una quinta voz dentro de nuestra voz ficticia, interrumpirnos continuamente porque ahora el judio errante, luego el cabalista (esos grandes mentirosos) quieren ser escuchados. Y entretejer cada hilo con todos los demás hilos del mundo. Ninguna actividad humana es más interminable” (p.p 24-25) Citati nos cuenta que potocki, una vez terminado el manuscrito, construyo su propia muerte como un trabajo de artesanía. Meticulosa, rara, escribió incluso su epitafio. Cogió una gran azucarera barroca de plata que habia pertenecido a su madre, única riqueza que le quedaba. Le quitó una bola al asa de curvas extravagantes, la mando fundí, la limó cuidadosamente durante semanas, la hizo bendecir y apunto la pistola hacia su sien. Murió Protegido, como no lo había sido el Manuscrito, por la dulzura de la madre y la fe católica. Como dato curioso, citati apunta que el destino de la vida póstuma de Potocki permaneció bajo el signo y la sombra de la Duplicidad. El joven estudioso de asuntos orientales, que lo ayudo en vida, se casó con la segunda mujer de Potocki. En el momento en que llego a la misma edad que su viejo amigo Potocki, algo un pequeño mortero en el patio de su castillo de RUGALIN, introdujo en la cabeza en la boca de cañón y encendió la mecha. “Por lo tanto -apunta Citati- tambien el doble de Potocki se mató como Potocki, aunque, como casi siempre sucede con los dobles, con menos elegancia ” (p.27)