El libro cumple lo que promete su título: relatos de terror y sexo extravagante. Las historias están plagadas de descripciones explícitas de actos sexuales que se complementan bastante bien con unas ilustraciones que no dejan nada a la imaginación. Adicionalmente, Masterton despliega un conocimiento enciclopédico sobre detalles relativos a marcas, comidas, y demás menudencias que le confieren a sus cuentos un estilo particular y hasta coherente. Sus planteamientos, así mismo, generan mucho interés, por lo creativos y sacados de los pelos que pueden ser.
Pese a todo lo que comenté anteriormente, la lectura de este libro se me hizo letárgica. Y no precisamente por el estilo de narración, la cual es bastante ágil, ciertamente, uno se lee cada cuento rápidamente; sino porque una vez terminado un cuento, me costaba empezar el siguiente. Frecuentemente, me encontré preguntándome, ¿por qué, mejor, no me pongo a leer otra cosa?
Dije que los relatos de este libro exhibían planteamientos muy interesantes, es cierto, pero esos planteamientos terminaban desarrollados de manera apresurada. En consecuencia, los cierres de casi todos los cuentos perdían efectividad y terminaron siendo, casi siempre, previsibles. La locura causada por el placer fue un recurso bastante usado por el autor, relatos como El escarabajo de Jajouka, Objeto sexual, Picnic en el Lac Du Sag o Epifanía muestran cómo una situación límite desencadena una especie de psicosis que permite cerrar de manera sangrienta (y bastante efectista) cada relato.
De esta colección no me parece que haya relatos memorables, pero dentro de lo que hay, creo que sus relatos mejor balanceados son El sustituto y Sufre Kate.
Lectura recomendada, si de satisfacer el ansia de leer algo con contenido erótico y sangriento.