La novela “Maldita yo entre las mujeres” de Mercedes Valdivieso se remonta durante el segundo siglo del periodo colonial español en Latinoamérica (siglo XVII). La obra presenta como contexto histórico la Guerra de Arauco (1550-1665), acontecimientos que se desarrollan como un simple escenario de trasfondo para la diégesis central.
La relegación de los sucesos históricos a un segundo plano se debe a que la novela se enfoca en un personaje reconocido históricamente del periodo colonial chileno, Catalina de los Ríos y Lisperguer; sin embargo, la narración en torno a ella no se basa en el dato histórico otorgado por el discurso oficial y que provoca la denominación del personaje como “la Quintrala” sino que presenta a doña Catalina desde su individualidad y visión de mujer.
“Quintrala”, “Quintrala”, “Quintrala”. Un apodo tan repetido, que muchos ignoran que su verdadero nombre era Catalina. En ocasiones el mito de la más representativa mujer brujeril chilena hasta llega a suprimir a la persona real que lo inspiró, y se desconoce que tras él hubo una mujer de carne y hueso. En esta novela, Mercedes Valdivieso derriba el discurso patriarcal que históricamente la demonizó.
Se acostumbra describir a la Quintrala como esa bruja déspota, seductora y cruel esculpida por la sociedad acaso a fuerza de supersticiones y calumnias. Mestiza y hembra, que por tener sangre indígena y como natural descendiente de Eva era proclive al Mal, su notoria imagen resultó ideal para ser convertida en una suerte de estandarte, para predicar y aleccionar acerca del correcto (e incorrecto) accionar de la mujer: un llamado a no ser como ella, la villana de la historia; para difundir un sofisticado prototipo de la “mujer mala”.
Después de esta lectura, me animo y aventuro a pensar en las variables que la pudieron ir mitificando malévola: quizás incomodó por ser fuerte y poderosa; tal vez, hubo quienes se aproximaron a ella con intenciones censurables y, para excusarse, la difamaron y contribuyeron a esbozar su retrato de femme fatale. Sea como fuere, fue duramente juzgada por la opinión pública de su época. Dos siglos más tarde, Benjamín Vicuña Mackenna se encargaría de lapidarla bajo el trazo machista de su pluma decimonónica. Valdivieso, en cambio, la rescata en este libro de 1991 para ofrecer una reinterpretación de su vida, de Catalina de los Ríos y Lisperguer. ¿Qué sabemos de esta mujer que habitó el Chile del s.XVII? Mercedes echa un haz de luz sobre otro color en el abanico de alternativas, pincelado por la propia Catalina, narradora en primera persona.
Se dice que la prosa de la autora estuvo siempre atravesada por el feminismo, con la impronta de las escritoras chilenas de su generación, y la de Maldita yo entre las mujeres no está exenta. La escritora es hábil al recrear experiencias que serían marcantes en la vida de un personaje histórico del que se conoce más bien poco, y es que su existencia ha sido amalgamada con una leyenda centenaria, de gran estima cultural. Sin embargo, como versada artista, se las arregla para labrar una Quintrala verosímil, que ya no es el personaje irasible, sinuoso y frívolo de las representaciones televisivas, sino también una mujer que, por saberse soberana de su cuerpo y sus riquezas, resulta disruptiva en una sociedad que condena con brío a las que escapan del estrecho espacio que la moral cristiana y los mandatos masculinos les reservan.
No es, tampoco, como si la librase de pecado y extendiese sobre Catalina velos de ingenuidad. Mercedes no la despoja del ímpetu que le confieren su personalidad fuerte y su ingenio. De ahí se desprende otro elemento de valor en el texto: permite asistir a la encarnación de una Quintrala que conserva su esencia, pero con el matiz de una comunidad castrante y un entorno de allegados reprensible como partes fundamentales en el moldeado de la protagonista y su estampa. Considero que es una ejecución notable de la mano de una autora que no merece el olvido al que ha sido relegada. Sin embargo, con los frutos de la difusión y algo de suerte, es seguro que, cada vez más, habrá nuevas miradas que se detendrán sobre su legado.
Novela histórica que viene a reivindicar a una Catalina de los Rios y Lisperguer difamada por Vicuña Mackenna y que, en palabras de la misma Mercedes Valdivieso, «menta para mal, para que las Catalinas no se repitan.» Una revisión a la vida de «la Quintrala», donde se nos muestran los hechos que se le imputan y que con tanto esmero se intenta recriminar, pero como esa vuelta de tuerca que significa ponerse en la piel de Catalina, sentir las motivaciones e injusticias que la llevan a esos actos, el saber como funciona su mente, como funciona el estima social que acompañaba a su estirpe de mujeres fuertes, mujeres «brujas» o «del demonio» solo por el hecho de saber manejar negocios o cuestionar los machismos que eran la norma hace mas de tres siglos — es más, se puede decir que hasta el día de hoy siguen en pie un poco más disimulados para el contexto social actual —. Valdivieso nos acerca así, a través de un relato caótico a momentos por la naturaleza de la concepción del argumento (que se desvela al final), a un relato de época, recalcando lo adelantada que estaba a su época esta mujer insigne de la cultura colonial chilena, pionera en buscar la igualdad y no dejarse amedrentar solo por ser mujer, cuestionar la «autoridad» masculina y desvelar las serias diferencias que se establecen al momento de medir con altura moral las conductas entre hombres y mujeres. Un recomendado absoluto que exige una reedición, una novela que no debe estar desaparecida de los estantes de librerías y bibliotecas, pues su valor, tanto histórico como social es único.
Me gusta la perspectiva feminista que se le da al libro, no se demoniza a Catalina tampoco se justifican sus actos, más bien se presenta como una mujer transgresora, que prefiere el poder al sometimiento, rechazando las reglas opresoras que claramente la agobian y aceptando su rol de maldita en un mundo absolutamente machista como acto de rebeldía y empoderamiento.