Yo tenía casi ocho años cuando mi papá se fue a Freeport, un pueblo de Texas. Aquí nos quedamos mi Yaya, Mi Hermana, mi mamá y yo. Aunque estábamos tristes y nos extrañábamos, no la pasábamos tan mal: mi papá trabajaba como loco, mi mamá y Yaya tenían pleitos de mentirillas y Mi Hermana se metía en la pileta de agua en cueros. Hay tantas historias de migrantes como ramas de un árbol. Esta es la mía.
Este libro es una historia de migrantes. Anteriormente ya he hablado de historias sobre migrantes mexicanos y latinoamericanos en el blog (como por ejemplo, Caramelo, The Book of Unknown Americans) y esta, como siempre, es única en su forma especial. Ana Romero sigue la historia de una niña cuyo padre se va a los Estados Unidos y deja atrás a toda su familia, dejando la sensación de un vacío, de que algo falta, de que algo no está completo. Además, en algunos interludios, cuenta historias separadas de otros migrantes, los que llegan en el La Bestia, el tren, los que buscan a las Patronas, los que cruzan por amor y no vuelven, los que cruzan por necesidad y sufren la separación con sus familias.
Puerto libre es un libro muy bonito porque, precisamente, explora todos los sentimientos alrededor de aquellos que se quedan atrás y que se van. Es un libro muy corto que se puede leer apenas en uno o dos días, pero no es un libro sencillo. A menudo sus historias son historias que vemos en las noticias, pero esta vez los migrantes tienen nombre, apellidos y sentimientos, no son una nota en el pie de página de alguna noticia o alguna estadística fría que no nos permite imaginar lo que pasa por la cabeza de aquellos que se van.
El libro está publicado por SM y la autora es la mexicana Ana Romero. Lo recomiendo ampliamente, me tocó muchas fibras dentro de mí y definitivamente, es una historia muy bonita, además de que puede acercar a muchos jóvenes a un tema tan complicado a veces como lo es la migración.
"... ya estando del otro lado del río Bravo, todos los amigos terminan convertidos en familia de primer grado aunque nunca antes se hayan visto."
Primero que nada, estoy sorprendida con el lenguaje que utiliza Ana Romero, no es atenuado ni condenscendiente con su público; dice las cosas como son y tanto se menciona que a la abuela le gustaba ver a la gente pasar como que alguien cayó de la Bestia y se quedó sin una pierna. Ahora, mi calificación no es tan alta (ni tan baja, eh) porque la trama principal me parece un poco floja y las historias cortas que la acompañan me cautivaron más, incluso me hubiera gustado que se incluyeran otras.
Curiosamente, antes de Puerto libre, leí Los niños perdidos, de Valeria Luiselli, dos textos completamente diferentes, aunque relacionados en cuanto al tema de migración, el primero desde una perspectiva infantil creada y el segundo desde las experiencias de los mismos niños, ¿y saben qué es lo triste? que ambos duelen y es difícil imaginar un final feliz.
Lloré desde la página 1. Me encanta que Ana Romero escribe sin pensar para quién, o al menos eso me imagino. Siento que estoy leyendo un pedazo de su alma y eso me fascina.
Un libro entrañable, con esa construcción de personajes tan queribles, característico en la obra de Ana. No todo es miel sobre hojuelas, pues Puerto Libre tiene esas “Ramas” que ponen a la historia en balance con esas otras historias no tan afortunadas, como la de nuestra protagonista.
¿Qué les puedo decir? Un libro que cuenta la misma historia pero nadie recuerda el nombre ni rostro de los inmigrantes. Por eso, todos los días alguien se acuerda de ellos pero los mismos días siguen igual, nada cambia, todavía hay muros gigantes que no nos dejan ver lo hermoso que somos.
La única vida que tenemos y nos la arrebatan, intentan desaparecernos, olvidarnos.
Ana Romero nos lleva a sus recuerdos, nos muestra que hay esperanza durante algunos momentos y luego viene el dolor, pero aquello funciona como punto de partida hacia una nueva aventura con cicatrices y nos sentimos más fuertes, o al menos, menos chillones.
Este libro me dejó temblando y llorando, pero de una manera entrañable, no sé cómo explicarlo. Sigo sin poder creer lo que la literatura infantil ha hecho en mi. Es precioso. Te cura!! Había tenido semanas horribles, y sentarme a leer este libro para un trabajo final me recordó tantas cosas por las cuales quiero seguir leyendo hasta que me muera.
Ana Romero nos habla desde su yo pequeña. Una niña que tuvo que enfrentar la ausencia de su padre al irse a buscar una vida mejor. Ella se quedó con su madre, su hermana y su abuelita Yaya (qué de manera hermosa nos cuenta que le puso ese apodo por la manera en que sentaba a todos los niños en su regazo y decía "ya, ya). La verdad es que nos describe a cada mujer de su vida de una manera hermosa. Y también nos da su punto de vista como niña que fue dejada esperando a su padre. Como dice Ana Romero, muchos hablan de los que se van, pero poco hablan de los que se quedan, y muchos de ellos suelen ser niños, que nadie les pregunta cómo están o cómo viven la ausencia causada por la migración.
Ana nos atraviesa desde el duelo, el abandono, los recuerdos y la nostalgia, y el tema más importante: la migración en nuestro país y lo doloroso que es. Mientras leemos la historia, tenemos "ramas" como dice ella, de otras historias de migrantes y gente que se quedó aquí esperando por ellos. No todos con historias gratas, sino reales, tan reales que te hacen llorar. Es una manera de nombrar el dolor que se vive por los que se fueron, los que no pudieron llegar, los que se quedaron en el camino, los desaparecidos, los olvidados y los que se quedaron esperando un regreso. Todo esto son "ramas" de un conjunto de vivencias que logran hacer algo mucho mayor.
"Esta es la historia de la ausencia, y espero que, si de algo puede servir esto que escribo, sea para que la migra se distraiga en lo que aquella persona (no importa cuál) termina de pasar."
A su vez, Ana nos regala un prólogo y tal vez epílogo hermosos que te ponen la piel chinita. Primeramente nos habla de la nostalgia y los recuerdos, como hay cosas que preferiríamos no recordar y los tenemos bien guardaditos pero realmente siempre hay algo que nos recuerda que los traemos ahí respirándonos atrás de la nuca para decirnos quiénes somos, quien se fue, quién ya no está, quiénes ya no somos. "Aquello que se finje lejano, a menudo es lo mas cercano a nosotros mismos". "¿Qué será de la gente que una tarde abrazamos con fuerza frente a una cámara fotográfica, creyendo que serían nuestros amigos inseparables, o amores para toda la vida y de quien después no nos queda ni el nombre? Todo va a dar al mismo sitio. Uno que nadie ha bautizado. Uno al que nadie quiere ir. Uno donde no hay mucho que buscar porque nada dejó huella."
"Si uno se pone a seguir el hilo de madejas que los inmigrantes dejan a su paso se podrían formar bosques enteros con árboles llenos de tupidas ramas."
Es un libro doloroso y punzante, y que vas a tener que parar por momentos para respirar. Pero tan necesario para seguir nombrando lo que se vive, y para darle la perspectiva que tanto necesitamos en una sociedad adultocentrista.
Ana Romero es de las mejores autoras para tratar estos temas, también como el duelo y la nostalgia, el dolor. Y duelen mucho pero a la vez es un abrazote.
Desenterrar un recuerdo y compartirlo se me hace muy valiente. Me gustó mucho la manera en la que la autora va relatando este suceso de su vida; al remontarse al pasado y utilizar sus recuerdos empolvados para hablar de la vez que su papá se fue a trabajar a Estados Unidos. Considero que supo envolverse en sus memorias ya que el lenguaje utilizado es el propio de una niña de 8 años, la situaciones que vivió se centraron en esa visión de la infancia, al igual que la forma en la que los adultos se expresaban. Las ramas me parecen algo importante aunque me hubiese gustado que hubieran más, pero esas ramas son infinitas. Sin duda es un libro recomendado.
Ana Romero refleja el alma de las familias mexicanas en historias de despedidas, soledad y reencuentros. Nos muestra como el hogar no lo hacen los lugares o los objetos, lo hacen las personas.
Mis frases favoritas: "Pero tal vez sería otra, más feliz, más rica o más triste. En todo caso, sería mucho menos está persona que ahora soy y mucho más una desconocida". "Mientras el coche se aleja, los objetos también. Siempre más cerca de lo que aparentan, pero siempre atrás de nosotros. Resguárdadonos de todo lo que venga adelante". "...aprendí que el blanco y el negro no existen, que este mundo es de colores y entre más haya, pues mejor."
Una historia de migración, escrito desde la perspectiva de una niña, nos habla de su padre, su madre, su Yaya y su hermana despeinada.
"Esta es la historia de esa ausencia, y espero que, si de algo puede servir esto que escribo, sea para que la migra se distraiga en lo que aquella persona (no importa cuál) termina de pasar."
La única razón por la que no le pongo 5 estrellas es porque es tan corto que no se siente. Me hubiera gustado leer más sobre esas ramas en las que se desvía la historia, sobre la amiga de La Hermana, sobre los demás personajes que están en EU, sobre cómo regresaron. Pero el libro es precioso dentro de lo mucho que duele.
Bonito, rápido, con mucho sentimiento y grandes pensamientos. Me encantaron los personajes y las historias que se iban agregando. Un buen comienzo para esta autora
4 estrellas. Fue un libro muy crudo, pero nos hace ver la vida sobre los migrantes, siento que le falto más páginas, lo sentí muy corto por eso le puse 4 estrellas, pero es un gran libro
Es un libro que se lee muy rápido ya que la escritura es fluida y te atrapa muy rápido. Al estar en leyendo sentí que la autora me estaba contando su historia una tarde de café.