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156 pages, Paperback
First published October 25, 1887
Y era entre tanto el libro como una puerta cerrada tras la cual se ocultara lo impalpable; eso que en vano su mente enardecida perseguía, eso que habría querido poseer, asir, dominar y que se le escapaba, se le iba, rebelde a sus miradas se desvanecía en una ilusión de caprichosas curvas, de eses escurridizas de culebra, eso ignoto, informe, inmaterial algo como el alma de la tinta y el papel que flotaba y se agitaba, que en la obcecación de su cerebro, rodeado del silencio de la noche, le parecía oír, palpitar, estremecerse en un vago más allá, apareado al chirrido sordo del aceite consumiéndose en la mecha del quinqué.
El emblema vergonzoso de la inmigración en plena Buenos Aires afrancesada y su consecuente desintegración social, en forma de conventillos y lunfardos extraños, es aquello que denuncia En la sangre. Con esta, su última novela publicada, Cambaceres expande los límites del naturalismo conocido, incluyendo un elemento ignorado por el padre de dicho movimiento; el extranjero.
Genaro, hijo raquítico de la infamia heredada y prototipo primigenio de Silvio Arasti, lleva la marca de su antecesor como una enfermedad incurable, que termina por corroer su existencia, ya condenada desde un inicio. Sin importar que tan rápido se olvidara de sus antiguos compañeros de "parrandas", aquellas noches de insomnio universitario o los falsos despilfarros de dandy bonaerense, ese joven estigmatizado, que incluso el autor sentencia con su voz acusadora, a pesar de empatizar en sus cavilaciones morales, termina siendo recordado como un simple hijo de tachero.
El mal de la máscara, de esa persōna teatral, escondida entre la clase alta, supone una cuestión representativa de la literatura del ochenta, ampliamente escenificada en la obra del escritor; tanto en Pout-purri como en Música sentimental. Esa simulación clasista, germen de la impotencia de los apatriados delimita la advertencia procedimental con la que avanza la novela, diferente a la denuncia de los naturalistas franceses, cuyas preocupaciones eran de otro orden mundial.
Siguiendo esta idea, Adriana Amante rastrea en ¿Inocentes o culpables? de Antonio Argerich todo aquello que "la literatura expulsa como lo no narrable, a través de la figura bovarista, representación canónica europea del poder regido por la narración, en la vida de personajes infelices, o, en este caso, de familias italianas sin ninguna posibilidad de mejora social. Algo similar ocurre con la dicotomia historia del narrador / patria que parte de la memorialista de Miguel Cané, principalmente en Juvenilia, donde se confunden los relatos autobiográficos con las novelas, o en la variación y herencia que propone Ingenieros, que pareciera no rendir frutos por el sangre viciada de Genaro.
Al final, En la sangre termina amenazando sobre los peligros degenerativos escondidos en la gran ciudad, sin proponer ninguna solución aliviante para sus ciudadanos. Su discurso indirecto libre, marca personal del escritor, todavía retumba como un oscuro e incómodo recordatorio de algo inevitable, a veces irreproducible por su violencia léxica u olvidado en cajas vacías de herencias abandonadas, que es mejor no rescatar del entierro.