El Libro de Ezequiel es un libro b�blico del Antiguo Testamento que forma parte de los libros prof�ticos. Para los jud�os est� en el Tanaj, entre los Nevi'im ('Libros de los profetas'), en la Biblia protestante se ubica entre Lamentaciones y Daniel, y en la Biblia cat�lica entre Baruc y Daniel. El texto se atribuye al profeta Ezequiel. Hijo del sacerdote Buzi, probablemente hab�a nacido en Jerusal�n, o en uno de sus suburbios o aldeas cercanas. Seg�n la historiograf�a b�blica tradicional, fue uno de los hebreos notables deportados a Babilonia por orden del rey Nabucodonosor II luego de la invasi�n y conquista de Israel por los caldeos, en o alrededor de 598 a. C. Incluido en la deportaci�n forzosa, Ezequiel parece haber predicado entre los prisioneros en aquella tierra extra�a.
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* They are officially published under that name * They are traditional stories not attributed to a specific author * They are religious texts not generally attributed to a specific author
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El Señor habla a Ezequiel para que profetice en su nombre (oye una voz y ve una mano extendida con un documento enrollado) y le advierte de su responsabilidad: él tiene la obligación de decirle al pueblo lo que está bien y lo que está mal, porque es como un centinela que tiene la obligación de guardar al pueblo. Este libro pone mucho hincapié en la responsabilidad individual, en contraposición a otros libros anteriores que parecían tratar la culpa como algo colectivo del pueblo o que viene de las generaciones pasadas. Aquí ya se ve la idea de Jesús de forma muy clara: Tú sólo puedes salvar tu alma, nadie puede salvar la de su hermano. El centinela (el profeta) tiene que decirles a su pueblo lo que está bien y lo que está mal, pero sólo ellos pueden salvarse. Si no hacen lo correcto estando avisados, es sólo culpa de ellos y no del profeta. Como en el libro de Lot, aunque el pueblo sea pecador, si hay un sol hombre justo, se salvará. También aparece otra idea no sé si novedosa en el judaísmo, pero sí central en el cristianismo: la redención "Quien sea justo y se fíe de su justicia, podrá acabar pecando y será condenado. En cambio, el pecador que se arrepienta será salvado".
De todas las alegorías (se compara a Israel con una vid seca, luego con una prostituta), la que más me ha gustado ha sido la del valle de los huesos, donde se entiende que Israel está muerto y nadie cree en su resurreción, pero Dios les dice: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os sacaré de ellos, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel (...). Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis: os estableceré en vuestra tierra y comprenderéis que yo, el Señor, lo digo y lo hago". Dios nunca abandona a su pueblo, y así les promete, a través de esta historia, que volverá a reunir a Judá y Efraín, para hacer de ellos un sólo pueblo, el pueblo de Israel.
En este libro también se describe con mucho detalle cómo es el nuevo templo.
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