No sé ni por dónde empezar. Miento. Sí que lo sé: el libro no me ha gustado. Pero, ojo, no es que no me haya gustado "porque no esté bien escrito" o "porque la trama no tenga ni pies ni cabeza". No me ha gustado porque la protagonista me ha parecido, de lejos, la más patética sobre la que he tenido que leer. Antes de que os llevéis las manos a la cabeza y digáis (escribáis) algo como "ya será menos", os voy a pedir que me deis unos minutos para explicarme. Samantha Brooks tiene un único objetivo en esta vida: volver con su novio. Empezamos mal. Empezamos muy pero que muy mal. Es harto triste que alguien base su vida entera en otra persona y, no, no me habléis de amor de madres y padres, porque esta chica no tiene ni hijas ni hijos.
Sam ha perdido al "amor de su vida". Un tío que, qué queréis que os diga, es un guarro mayor. Dios le libre de recoger su mierda, que ya tiene a la otra idiota para hacerlo. A parte, es egoísta a dolor y, ¡sorpresa, sorpresa!, es de esta gente inconformista. Un aventurero, o al menos eso dice él. Si queréis mi opinión, el tío lo que quiere es vivir del cuento y, como le sale mal, se enfada. El caso es que Sam, lejos de alegrarse de que Jaime (que así se llama la joya por la que nuestra chica suda sangre) se vaya lejos, se pone frenética. ¿Y qué hace? Un complot. Sí, sí, tal cual. Un complot en el que mete hasta el apuntador, con el objetivo de: "que vuelva Jaime". ¿Hola? No, esperad... ¡¡¿HOLA?!!
Las personas que me conozcáis un poquito más, sabréis que el tema de que te pisoteen no me hace ni puta gracia. Que la autora nos describa a una protagonista que ni Bridget Jones en sus momentos más lamentables, me toca las narices. Sam es patética. Patética nivel Dios, de hecho. Una chica que sólo se preocupa por estar guapa para su ex, que no hace más que lloriquear y que se humilla continuamente. Para que os hagáis una idea de cómo la lía: la echan de un bar por patrocinar un espectáculo, al parecer, bastante fuertecito (a mí me pareció una exageración, pero en fin); usa a otro pobre imbécil para poner celoso a su ex, se inventa mil y una mentiras que tienen como objetivo ser algo así como una "femme fatale" y, ¡el colmo de las gilipolleces!, le cuenta a uno de sus rollos - vía página de contactos, para acabar de joder la marrana - que ella es muy remilgada para el sexo. Ojo, que esto no es verdad, el problema es que ella no quiere acostarse con él para no traicionar a Jaime. ¿Lo entendéis? Ya, yo tampoco.
El libro es previsible y, cuándo no sabe por dónde avanzar, mete drama gratuito. ¡Cucharadas de drama! ¡Drama a puñetazos! Hay que llenar casi 500 páginas, ¿no? Pues allá que va. Si lo de la hermana no es de traca y media - ni en la mejor telenovela pasan esas cosas, vamos a ver -, lo de su gran amiga Ellie no es más forzado porque es físicamente imposible. Pero no os preocupéis, ¿eh?, que aquí la amiga Sam se convierte, de golpe, en un ejemplo de buena conducta. No sé, el aire iría cargadito de algo que le dio bien fuerte, porque de repente se da cuenta de que primero tiene que quererse ella. ¡¡WOW!! Nada, 500 páginas para llegar a esa conclusión. Por favor, aplausos.
No, no recomiendo el libro. No lo recomiendo para nada. Si estáis empezando a leer en inglés (como es mi caso) es una buena apuesta. El vocabulario es muy sencillito y es imposible perderse. Ahora bien, si queréis una historia entretenida, esta no es la opción. Lo único bueno que le saco es que lo he acabado, para que os hagáis una idea de cómo de cabreada he acabado con la vida de Sam.