Impresionante y exhaustivo relato de la guerra civil española en el que debe ser no sólo el mejor ensayo que se haya escrito sobre el conflicto, si no que, además, seguramente sea el mejor que se ha escrito sobre la España del siglo XX. Es decir, si sólo quieres leer un libro acerca de los males endémicos que llevamos arrastrando desde el siglo XIX, que sea este.
El libro toma la forma de relato cronológico de los acontecimientos de la guerra en el que se insertan testimonios de los participantes de todo tipo de ideología y extracción social, de los que lucharon y de los que quedaron en retaguardia, de los políticos, los sindicalistas, militares, falangistas, cenetistas, vascos, catalanes, castellanos, hombres, mujeres y un cura un poco hijoputa. Dada la enorme complejidad del tema, se presentan multitud de ideas muy interesantes sobre las circunstancias que condujeron a la guerra y el carácter de la misma. La tesis central de la obra es que el conflicto civil español fue una guerra de clases en nombre de los valores eternos de España; el mantenimiento del orden social, la protección de la propiedad privada, la sacrosanta unidad de la Patria y el catolicismo militante que aportaba la base ideológica a las clases dominantes (¿les suena de algún partido facha de rabiosa actualidad?). El objetivo era acabar de una vez por todas con el movimiento de emancipación obrera que tenía a la burguesía acojonada desde principios de siglo. Una burguesía incapaz de crear un estado y democracia liberales a la europea que modernizaran social y económicamente el país y que ante las huelgas y revueltas de la clase obrera se aferró a los militares para que restauraran el Orden anterior a la República, aniquilando el movimiento obrero mediante el Terror sistemático en las zonas tomadas por los nacionales primero y la brutal represión de postguerra después.
Me han resultado particularmente interesantes las páginas dedicadas a la revolución obrera y las colectivizaciones tanto de la industria como del campo. Se cometieron muchos errores, excesos y crímenes por parte de una masa obrera y de jornaleros, que, a excepción de los comunistas, apenas tenían formación ideológica y entre los que se integraron muchos arribistas. Pero en los casos en los que las colectividades funcionaron sin coacciones, como en las colectividades agrarias socialistas, hasta emociona un poco, por como la gente se comprometió con una visión"utópica" (jódete, Mike Resnick) y porque entre el relato de estas colectividades y ciertas ideas anarquistas que aparecen en el libro, como la destrucción del Estado y la vertebración del territorio en municipios, uno acaba por darse cuenta de que hay un camino real para escapar del capitalismo, y que se intentó nada menos que en España en las circunstancias más difíciles.
Finalmente señalar que el libro abunda en fascinantes anécdotas, desde lo emotivo a lo tremebundo pasando por lo directamente humorístico, e, incluso, aporta jugosos cotilleos involuntarios, como el emotivo reencuentro en Burgos, zona nacional, de don Carrero Blanco con su joven vecino de Madrid, un Jesús de Polanco niño. Odio la palabra de marras pero esta vez sí; imprescindible.