La gran utopía del siglo XX fue pródiga en crímenes, la mayor parte de los cuales son completamente desconocidos para el lector del siglo XXI. Sobre la aplicación práctica del comunismo, el última y más persistente de los colectivismos totalitarios, se ha corrido un tupido velo de silencio. Apenas hay bibliografía en lengua española sobre la cara criminal de las grandes revoluciones comunistas y su posterior desarrollo. Este libro trata, a través de 34 capítulos redactados en un estilo ameno e instructivo, rescatar del olvido otras tantas historias que merece la pena conocer, tanto por su valor histórico como por las lecciones que la humanidad debe extraer de ellas para no volver a repetir la experiencia.
La narración va desde las chekas del Moscú de Lenin a los laogai chinos, pasando por las grandes obras faraónicas de los déspotas soviéticos o las múltiples formas que adquirió la tiranía del Partido en Europa, América y Asia. Un libro que no dejará indiferente a nadie y que invita a la reflexión y al recuerdo de los más de cien millones de víctimas que los diferentes regímenes comunistas provocaron a lo largo y ancho de todo el mundo.
Este libro es un muy buen compendio de la plaga mortífera que el comunismo ha supuesto para la humanidad, en menos de un siglo de existencia. Leyendo el libro uno no puede dejar de confirmar que el comunismo es la peor desgracia de la historia y que se le puede considerar un secta criminal. En mi modesta opinión, lo que lo caracteriza aparte de un intrínseco impulso criminal (aprovechando los avances técnícos del siglo XX) es que el comunismo es particularmente sangriento con sus propios miembros, nada ha matado tantos comunistas como los propios comunistas y en esto se parece a los modernos yihadistas que se inmolan destruyendo todo a su paso en nuestros días. Volviendo al libro, el autor hace una relación intentando incluir ejemplos de cada país donde ha imperado el comunismo lo que hace que dedique poco espacio a algunos episodios que requeririan un mayor detalle, es la única pega que pongo al libro... Por contra, demuestra que los rasgos genocidas son inherentes a la ideología y traspasan fronteras y culturas... Recomendable.
Una serie de miniaturas históricas sobre los crímenes cometidos por regímenes comus en todo el mundo, de Etiopía a Rumanía y del Gulag siberiana Cuba. Un ajuste de cuentas con lo que realmente supuso el comunismo para los que lo padecieron en sus carnes, y una advertencia, también, por si a algún tarado se le ocurre proponerlo como solución a los problemas del capitalismo.
El Mar de Aral, el Gran Salto Adelante, las hambrunas de Etiopía, el Gulag, el Muro de Berlín, la Albania cerrada de Hoxha, todos ellos y muchos más desfilan por las páginas de este breve ensayo anticomunista. Se lee fácil y con un puntito de indignación y otro de angustia.
Libro escrito por un periodista conservador y defensor a ultranza del libre mercado. Es un libro pretendidamente de historia ,y digo pretendidamente por:
Aun siendo, grosso modo, ciertos los hechos que relata, estos están sacados fuera del contexto histórico.
Los datos,cifras y hechos son en cierto modo artículos de fe, no están contrastados mediante referencias y fuentes incluidas en el libro,es mas el libro carece de bibliografía ,fuentes y referencias.
Es un libro claramente sesgado ideológicamente,falto de una visión rigurosa e imparcial.
Es un libro de tipo propagandístico, que pretende criminalizar una ideología que no es criminal en si misma.
Impresionante. Algunos hechos y crímenes eran tan mostruosos que sencillamente no lo podía creer. Busqué en fuentes alternas verificando que efectivamente fue tanto o peor como el autor lo presenta. Muy recomendable.
El comunismo es, probablemente, el experimento político más interesante del siglo XX. Sin embargo, el público en general, y también muchos “intelectuales”, parecen no haber aprendido las lecciones de esta experiencia histórica. El libro de Fernando Díaz Villanueva puede contribuir a llenar esta importante laguna. El libro narra 34 episodios en los que la implantación o mantenimiento del comunismo dieron lugar a eventos terribles. Millones de muertos, la mayoría por hambre, represiones brutales de disidentes o atentados contra la naturaleza, son descritos de manera breve pero ilustrativa. Si se puede extraer una enseñanza principal de sus páginas sería que considerar lícito sacrificar vidas humanas en pos de una ideología acaba dando lugar a atrocidades. El libro está destinado al público en general, y usa un estilo claro y ameno. Sin embargo, se le podría achacar cierta falta de rigor. La obra no contiene referencias (para apoyar las afirmaciones dadas o dirigir al lector interesado a material con el que profundizar) y a la hora de cuantificar víctimas se suele presentar una única cifra en el rango medio-alto de las estimaciones existentes (si bien se suele indicar que las cifras exactas no son conocidas, podría indicarse un rango de valores, con referencias a las distintas estimaciones)*. El tono es, desde el principio, decididamente condenatorio del comunismo. Estas características pueden hacer que el mensaje llegue de forma más clara y directa a un público general y sin simpatías comunistas, pero pueden hacer que sea menos efectivo con lectores más críticos con el autor o cercanos al comunismo. Un cuidado algo mayor en el tratamiento de datos y fuentes, así como un tono más neutro podrían hacer del libro un gran antídoto contra la tentación comunista, o en general totalitaria (los hechos históricos son tan rotundos que hablan por sí mismos). En cualquier caso, es una obra muy útil para dar a conocer al público general algunos de los episodios más oscuros del comunismo y para contribuir a que esta experiencia histórica sea mejor entendida y, cabría esperar, sus lecciones sean aprendidas.
* Por ejemplo, sobre las victimas de la Cheka soviética, se nos dice “ … las estimaciones más moderadas calculan que la cifra [de víctimas] asciende a las 200.000 personas” (sin cursiva en el original); sin embargo, una búsqueda rápida en Wikipedia indica algunas estimaciones menores: 50.000 (Chamberlin), 28.000 por año o unas 120.000 en total (James Ryan), y, efectivamente, otras superiores 250.000 o hasta 500.000; para contextualizar estas cifras, sería útil indicar que la población de Rusia en 1920 era de en torno a 140 millones, de modo que 200.000 víctimas corresponderían al 0.14% de la población, o entre 1 y 2 de cada mil. Sobre el gran salto adelante chino se nos dice que “ … había sacrificado a cerca de cuarenta millones de personas”; de nuevo una búsqueda rápida en Wikipedia muestra estimaciones de entre 15 y 55 millones; de nuevo sería útil poner estas cifras en perspectiva; la población de China en 1960 era de en torno a 660 millones, de modo que las muertes de gran salto adelante corresponden a entre el 2 y el 8% de la población.
El libro Historia Criminal del Comunismo –Por Fernando Díaz Villanueva- deja claro que la filosofía del comunismo es contraria al comportamiento social inherente al ser humano. En él se expone la maldad intrínseca que conlleva el comunismo, que motiva a que ni entre sus propios miembros se respeten y que promueve el culto al dictador del país en donde ha sido implantado. Hace una descripción gráfica de los horrores de que se han valido los beneficiarios del comunismo para establecerlo entre la población, del absoluto desprecio de sus miembros por la vida humana, la destrucción inmisericorde de la naturaleza y el desperdicio de dinero y material que han promovido, cualquiera que haya sido –o sea- el país en donde estuviere instalada esta nefasta filosofía, simplemente para satisfacer sus egoísmos, caprichos personales e ínfulas de poder y en cuanto a los tiranos comunistas, muestra que sin excepción, no escatiman crueldad para satisfacer sus extravagancias, resabios y excentricidades. Lástima que el libro esté mal redactado y que los capítulos hayan sido asignados sin un orden dentro del que el autor hubiera tenido en cuenta el país que está tratando; es decir, el libro debió ser organizado por secciones de acuerdo con el país al cual se refiere, por ejemplo: Todos los capítulos referentes a la URSS en una sección, en otra todo lo referente a China, otra con lo de Cuba, etc. Aun cuando el autor se esmeró en acopiar cifras, lugares y nombres de personajes, su mala redacción y desorden en la presentación de los temas hace que se merezca una calificación de 3* por cuanto esa premura para publicar el libro, omitiendo una revisión final, genera dudas con respecto a la veracidad de las cifras. ¿Quién garantiza que la cantidad de ceros de una cifra es correcta? Es decir y por ejemplo, ¿Que 40.000.000 no debería ser 4.000.000?
Es de lectura fácil, recoge en modo resumen los hechos históricos acaecidos en diferentes rincones del mundo, donde esa ideología asesina que es el comunismo, ha sembrado de terror y muerte a lo largo del siglo XX.
Personalmente, desconocía la existencia de los campos de concentración en Bulgaria y la extinta Yugoslavia, junto a los crímenes de guerra cometidos en Etiopía. Es terrible que todas estas atrocidades no se enseñen en las escuelas. Eso explicaría por qué el comunismo y, en general, el socialismo, gozan de una excelente publicidad, a pesar de ser enfermedades centenarias.
Libro que debería ser lectura obligatoria en todos los institutos.
Excelente compilación de lo que fue una auténtica barbarie. Datos concisos, muchos de ellos no conocidos por el común de los mortales, y estilo ameno (dentro de la barbarie que está narrando). Único pero: podría haber sacado dos volúmenes y compilar menos historias por volumen y profundizar más en ellas.
Se trata de una relación de capítulos tipo artículos en donde nos cuenta diversos hechos cometidos por los regímenes comunistas del mundo, destacando sobremanera los relativos a la antigua Unión Soviética, pero sin olvidar China, Cuba o Camboya.
Las cosas que se cuentan en estos capítulos son en verdad espeluznantes. Nada tienen que envidiar a los campos de exterminio nazi. Sin embargo la historia ha pasado en numerosas ocasiones a vuelapluma por encima de estas atrocidades. Tal es así que no solamente se ha mantenido un silencio cómplice con las barbaridades del comunismo, sino que incluso se ha tratado de blanquear a menudo por los intelectuales de occidente, que con su supuesta "superioridad moral" han justificado por activa y por pasiva algunos de los más terribles genocidios conocidos por la humanidad.
En el libro hace referencia a algunos de estos intelectuales y yo me he permitido buscar en internet algunas de sus intervenciones y no tienen desperdicio. Como muestra reflejo aquí algunas de ellas que me han llamado especialmente la atención:
Jean Paul Sartre que defendió los horrores y crímenes del socialismo, diciendo que "eso no empañe la superioridad obvia del socialismo". Es como si decimos que los campos de exterminio nazi no se tengan en cuenta pues es evidente que la ideología nazi es muy superior. ¡Y que a este hombre se le tenga como referente intelectual es una vergüeza!.
Bertolt Brech, preguntado sobre el genocidio de Stalin, dijo que "cuanto más inocentes son, más merecen morir". Sí, sí, el mismo Bertolt Brech que compuso el poema (magnífico por otra parte) que decía que primero vinieron a por los judios, pero como yo no lo era no hice nada, después vinieron a por los negros, pero como yo no lo era no hice nada... y sigue así hasta que dice que por fin han venido a por mi, pero ya es tarde. Ese mismo dramaturgo que se cargaba de humanidad fue capaz de renunciar a ella para defender los crímenes del comunismo.
Eric Hobsbawm, historiador británico de ideología comunista y de apellido in-escribible, dijo que el sacrificio de 20 o 50 millones de seres humanos era aceptable si nos acercábamos a la felicidad de la humanidad. ¿No era eso lo que Hitler predicaba? ¿No era eso lo que prometía el nazismo acabando con los que representaban el mal para la humanidad, es decir, los judios? No sé. A mi me suena muy parecido.
Georges Bernard Shaw, decía que no nos podíamos dar aires de moralidad cuando los comunistas liquidan a especuladores y explotadores para hacer un mundo más segura para los hombres honestos. Es decir, que el fin justifica los medios. Es bueno eliminar a todos los que creemos que deben morir con el fin de que los demás seamos más felices. Eso si, sin juicio ni nada. Ser de otra ideología es motivo suficiente para ser ejecutado en bien de la humanidad ¿Se puede ser más cínico?
John Kenneth Galbraith, economista, elogiando al sistema económico soviético, diciendo que era la prueba de que el sistema económico socialista puede funcionar. Dicho en el año 1989, el mismo año de la caída de la URSS, ese sistema económica que era la prueba de que funcionaba el socialismo ¡Qué ojo de lince el de este economista que elogía la bonanza de un sistema económico que se desmoronó a los pocos meses! Tan maravilloso no sería, digo yo, si cayó de esa manera. En este sentido tengo que decir que hace tiempo leí una entrevista con Eric Hobsbawm (ya falleció el hombre a la edad de 90 años) y que decía que había que reconocer que el sistema económico y social del comunismo había fracasado, que había que buscar otros horizontes (le costó al tío jodío el reconocer el fracaso del comunismo, pero al menos, al final de su vida lo reconocío y tuvo que claudicar)
Otros "intelectuales" que elogiaron el comunismo fueron los poetas Rafael Alberti y Pablo Neruda que hicieron contundentes poemas auténticos panegíricos de la figura de Stalin, ese gran benefactor de la humanidad. He leído alguna de las poesía dedicadas a Stalin y siento vergüenza ajena. Amante de los niños, hombre sensible de estado, la humanidad desangelada por su muerte, y así un sinfín de epítetos que se te caen las lágrimas por lo bueno que era ese hombre. Escoria humana tanto Stalin como sus juglares.
Me he extendido mucho comentando esto de los intelectuales occidentales alabando al comunismo. Pero es que se me cae la cara de vergüenza al leer lo que han dicho.
El libro hace referencias a algunos de estos hombres pero no a todos. Parte es resultado de navegación mía por internet. Pero me ha indignado muchísmo ese blanqueo de la barbarie y la brutalidad cuando proviene desde la izquieda.
Volviendo al libro comentar que no tiene desperdicio: Hay capítulos alucinantes en donde parece estar uno leyendo una novela distópica. Algunos te ponen los pelos de punta. Especialmente llamativo el dedicado a Pol Pot en Camboya, los famosos jemeres rojos. Un país que pasó de la noche a la mañana a la edad media directamente. Y cuando digo de la noche a la mañana es casi literal, el cambio se produjo en apenas semanas. Prohibieron la escritura, prohibieron los libros. Ejecutaban a cualquiera que llevara gafas pues suponían que era un intelectual. Vaciaron ciudades enteras para trasladar a las personas al campo para su cultivo. Tal es así que ciudades de 50 mil habitantes las despoblaron hasta quedar en ciudades de 5 mil habitantes. Despobladas a punta de fusil, sacando a los ciudadanos de la ciudad en enormes filas custodiadas por lo jemeres rojos que no dudaban en disparar a cualquiera que se resistiera. Pero el campo no se salvó, pues prohibieron la mecanización del campo. No podían usar tráctores ni ningún tipo de máquina para cultivar. Tuvieron que volver a las prácticas de cultivo medieval. La hambruna, por supuesto fue terrible (en un país que al parecer nunca había conocido el hambre). No se conoce el número total de muertos, pero se estima que murieron unas 3 millones de personas, que puede parecer poco en comparación de la Alemania nazi, de las purgas de Stalin o de los muertos de China. Pero no nos engañemos, esos 3 millones de personas eran entre un cuarto y un tercio de la población. Camboya se calcula que tendría entre 9, 10 u 11 millones de habitantes. El mayor genocidio que ha conocido la humanidad.
En fin, un libro que se lee muy rápido y que te pone los pelos de punta cuando conoces las barbaridades, brutalidades y fechoría cometidas por el comunismo. Uno acaba el libro sin comprender por qué los crímenes del nazismo son justamente despreciados (y así debe ser) y sin embargo los del comunismo son vilmente blanqueados y siguen enarbolando la bandera de la paz, la igualdad y la libertad. Cinismo sin duda.
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Este libro da un repaso rápido a los crímenes que diferentes regímenes comunistas han cometido a lo largo del siglo XX.
Desde la revolución rusa de 1918 con Lenin a la cabeza hasta los dictadores de otras partes del mundo, Stalin con las Chekas, Gulag y sus obras faraónicas imposibles en la URSS, Mao en China con su férrea represión y sus Laogais terribles (buscar Harry Wu en internet), Enver Hoxa en Albania, Tito en los balcanes, Ceaucescu en Rumania , Castro en Cuba, Corea del norte, Pol Pot con los salvajes Jemeres rojos en Camboya, Mengistu y su Terror rojo en Etiopía, todos han empobrecido y diezmado sus poblaciones en nombre del partido, el pueblo y la revolución, juntas o por separado.
Se calcula unos cien millones de muertos con China y La URRS en cabeza.
Un libro que habla de la experiencia de los países que han implementado el comunismo en el siglo XX (a saber: colectivización de la propiedad de los medios de producción, abolición de la propiedad privada, partido único, campos de concentración, intervención de la prensa, persecución de disidentes, manipulación de las masas, prohibición de cultos religiosos, infiltración estatal en la sociedad civil, etc.), en especial en la Unión Soviética, pero también destacando a China (Mao y su Gran Salto Adelante, y su Revolución Cultural), Camboya (Pol Pot), Cuba (Fidel), y otros los países de la órbita de la URSS. Definitivamente hechos que debemos todos conocer.
Un libro excelente para desenmascarar al comunismo. Se hace un repaso, en 34 capítulos, de los hechos lamentables ocurridos en distintos países de la órbita comunista y sus gravísimas consecuencias. Ágil y entretenido. Sumamente enriquecedor y fácil de leer. Es impresionante la sabiduría, la fluidez y el buen hacer de este autor. Recomiendo que le sigan en sus podcast, yo le escucho todos los días, ya se ha convertido en algo indispensable. Es el sexto libro que leo de él y todos son magníficos.
Pensé que iba a ser una caricatura vacía anti-comunista, pero la verdad es que me ha sorprendido; es accesible.
Sesgos aparte, creo que es una obra importante, dado que expande el mensaje de libros como 1984 a la realidad, dando a entender que las sombras de las distopías más oscuras quizás no pertenezcan a la ficción.