Mori Ōgai, pseudonym of Mori Rintarō (born February 17, 1862, Tsuwano, Japan—died July 9, 1922, Tokyo), one of the creators of modern Japanese literature.
The son of a physician of the aristocratic warrior (samurai) class, Mori Ōgai studied medicine, at first in Tokyo and from 1884 to 1888 in Germany. In 1890 he published the story “Maihime” (“The Dancing Girl”), an account closely based on his own experience of an unhappy attachment between a German girl and a Japanese student in Berlin. It represented a marked departure from the impersonal fiction of preceding generations and initiated a vogue for autobiographical revelations among Japanese writers. Ōgai’s most popular novel, Gan (1911–13; part translation: The Wild Goose), is the story of the undeclared love of a moneylender’s mistress for a medical student who passes by her house each day. Ōgai also translated Hans Christian Andersen’s autobiographical novel Improvisatoren.
In 1912 Ōgai was profoundly moved by the suicide of General Nogi Maresuke, following the death of the emperor Meiji, and he turned to historical fiction depicting the samurai code. The heroes of several works are warriors who, like General Nogi, commit suicide in order to follow their masters to the grave. Despite his early confessional writings, Ōgai came to share with his samurai heroes a reluctance to dwell on emotions. His detachment made his later works seem cold, but their strength and integrity were strikingly close to the samurai ideals he so admired.
Como tantos libros de la época Meiji, esta novela nos sumerge en el Tokio bohemio de aquel Japón cambiante donde estudiantes aún vestidos con kimono y hakama empezaban a leer a autores franceses y alemanes y a debatir sobre filosofía occidental, que a sus ojos era algo nuevo y refrescante. Es curioso ver este vaivén de influencias culturales a lo largo del tiempo, amoldando a cada generación como espejo de otra lejana.
Me gustó mucho más que su Vita Sexualis y además me parece un retrato bastante esclarecedor del panorama literario japonés a principios de Meiji. Ah, y qué graciosa la aparición velada de Sōseki.
Irónicamente, comencé este libro después de haber leído el Caminante de Natsume Soseki. La propia introducción explica como estos dos autores (Mori y Soseki) eran contrapartes, quién gustara mucho de uno, no iba a disfrutar demasiado del otro.
Después de acabar Juventud, claramente me decanto por Mori. Recordando "El caminante", disfruté partes de su trama y su escritura, pero algo había que no conectaba conmigo. Y similar me ocurrió con Kokoro, del mismo autor. Soseki puede ser un buen autor, pero no es de mi gusto. Mientras que en Juventud, que es más divagación que historia (algo que a mí de por sí no me atrae) me tenía enganchado a sus monólogos intelectuales y a su prosa, que he disfrutado mucho leyendo. Quizá fue que el libro me cogió en la época propicia (la juventud) o quizá ha sido pura casualidad.
La calificación es exageradamente subjetiva. No considero ni de lejos que esta sea una obra maestra (ni siquiera lo considera el autor de la introducción) pero he encontrado ese "algo". Y por lo tanto no puedo evitar calificarlo tan alto.
Un 3.5/10. Qué pereza, madre mía. Muy aburrido (y estoy acostumbrada a leer literatura japonesa), a pesar de ser bastante corto. El protagonista es un pijo y un esnob insoportable y sus juicios sobre casi todo me causan simplemente sopor. Eso sí, el estilo es bueno. Una pena que la trama no.
Es una lectura ligera que permitirá al lector descubrir algo más sobre la juventud japonesa de inicios del siglo XX además de las corrientes artísticas que se abren paso en el momento en el país nipón.