Félix Luna es, por excelencia, mi historiador argentino predilecto y más allá de que el único pecado del cual es culpable es el ser un radical incurable, su pluma es sencillamente brillante en todo aspecto existente. La capacidad de retratar figuras políticas e históricas de manera tal que su faceta humana no se pierde en el trayecto, no es algo que cualquier persona pueda lograr de manera exitosa.
Lo único que puedo decir al respecto es que Hipólito Irigoyen fue el ÚNICO radical que SIRVIÓ y en efecto no ayunó, que HIZO y en efecto hizo bien, que aportó al radicalismo a diferencia de ciertos energúmenos mentalmente limitados que forman parte de la Unión Cívica Radical (les recomiendo pegarse un corchazo como Alem afuera del Teatro Colón si no saben qué hacer de sus vidas personales y políticas, fracasados patológicos).