Singular y paradigmática, la joven nacida en una familia de clase media cuya infancia transcurrió en Villa del Parque acarrea los ideales y las traiciones de las chicas a quienes la Revolución Libertadora dejó un sabor amargo. Que despertaron en una década del sesenta dispuesta a no escatimar golpes ni crueldades, a pesar de las idealizaciones retrospectivas. Y que en esa década y en la siguiente intentaron -como Marx y Rimbaud exigían- cambiar el mundo, cambiar la vida. Si el destino particular de Norma Arrostito arroja luz es porque su papel no fue el de una heroína o una víctima (aunque fuera las dos cosas) sino porque refleja con generosidad los conflictos y las armonías de una época que merece, por convulsiva y violenta, lucidez y entendimiento. Agotadas las dos ediciones anteriores, revelaciones y nuevas lecturas se agregan a esta edición definitiva que permite una interpretación más justa de la vida y el contexto de esa otra mujer soslayada por la historia argentina.
Me gusta como cuenta la historia de “La Gaby”. Me gusta que se reivindique la imagen de las mujeres militantes en la lucha armada. A veces parece que solo era cosa de hombres... y ahí es donde aparece ella, con unos ovarios gigantes. No tengo mucho más para decir. De lectura ágil y creo que imprescindible para aquellos a los que les interese el tema
no me gustó, salvo por el capítulo "la amiga". el resto me dio la sensación de que ahonda en la gaby desde los otros. no creo que sea responsabilidad de la autora, sino de una historia escrita siempre por varones que minimizó el rol de la mujer. en ese sentido el trabajo de investigación de saidón es impecable, pero tiene sus límites. igual leanló porque hay mujeres cuya historia debe ser conocida. la de la gaby es una.
Una historia que vale la pena leer y una investigación muy detallada. Por momentos, los comentarios /reflexiones de la autora se me hicieron un poco repetitivos y me pareció que no aportaban.
Militancia, la época más oscura de la Argentina, una mujer indomable y espectacular pero atípica.
Se lee con la rapidez propia de saber que todo lo que se está leyendo interesa, reconstruye.
Lo disfruté muchísimo y me dejó con ganas de más: más Norma Arrostito, más lecturas de los setenta, más vidas reconstruidas mediante la investigación y el periodismo narrativo.