En los deshidratados peldaños de las leyes, la buena costumbre es “la manera de comportarse de los justos”.En el arte impreso de Denise Phé-Funchal, las Buenas costumbres nos devuelven partes del paraíso tridestiladas con dosis justas de infierno a lo largo de casi mil 500 noches con sus madrugadas. Las palabras no se pierden ni te abandonan, pues alguien está (des)dibujándotelas en el oído. Recuerdos insondables se asoman desde una caja de galletas sin marca. La ironía da paso al alambre espigado de Jane Austen. La mirada minuciosa de Louise May Alcott relampaguea, sin dejarse desfigurar por la tentación balzaciana del inventario perpetuo. Las ruedas de Sir John Winston Lennon se vuelven una sola en la cual gira una niñez desechable, pero también ruedan flores que nacen sin permiso, semillas que crecen para volverse jardineros, el tono simétrico y los campos minados de Cheever, los ángeles malévolos y la suprema inocencia de las hienas de Saki.En un idioma que hace miles de libros había extraviado sus prodigios, Denise Phé-Funchal restituye su magia cuento por cuento. Sus musicalidades están a la altura de las sinfonías de Natalie Merchant y Adele, Amy Winehouse y Annie Lennox.
No hay suficientes estrellas para calificar este libro. Es impresionante en cada una de sus páginas. A través de lo sobrenatural, lo inusual, lo raro y el terror, Denise Phé-Funchal logra deconstruir la normalización de lo real. No puedo decir cuál cuento es mi favorito porque todos son igualmente buenos. Sin embargo, "Rueda", "Flores", "Manzanas", "Chapstick", "Las buenas costumbres" y "Ciudadanía" creo que no dejan a nadie igual que antes de empezar a leerlo. Una de los secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana-centroamericana actual. En la línea de Mariana Enriquez, María Fernanda Ampuero y Mónica Ojeda, Buenas costumbres se editó por primera vez en Guatemala en 2011.
Gracias a una amiga experta en literatura centroamericana di con esta autora guatemalteca y fue un gran descubrimiento. Cuentos breves con una voz narrativa potente y peculiar que, ya sea de forma sutil o con brutales giros de tuerca, reflejan y denuncian una realidad hiriente maquillada con buenas costumbres.
Cada cuento puede existir sin el otro y todos están relacionados entre sí. Demasiados temas, palabras exactas. Sensualidad, misoginia, discriminación vista desde el discriminado, inocencia y todo en una cápsula llamada doble moral.
Leer “Buenas costumbres” es doloroso por encima de todo. Y estoy de acuerdo en algo que me dijeron al recomendarme este libro: hay relatos estremecedores y algunos que sencillamente te dejan siendo otro.
Recuerdo haber leído, exento de esta antología, el relato “Ciudadanía” (que es el que cierra el libro), en el que nos descubrimos ante una sociedad perversa que se maquilla con políticas, discursos y lo que vendría en llamarse “buenas costumbres”. Eso que viene a ser la tradición, enarbolada por muchos como un referente de seguridad y que no deja de ser una fuente de crueldades.
Luego llegó el libro, por fin, a mis manos. Y con la lectura del primero de los relatos, “Rueda”, la certeza de que estaba ante una voz narrativa muy poderosa en la línea de otras grandes del género como Mariana Enríquez, Monica Ojeda, Fernanda Melchor (que había descubierto y degustado no mucho antes); también la precisión de una habilidad de concretar en relatos extremadamente breves historias sumamente bien construidas.
El libro me ha merecido la relectura de buena parte de los relatos, y todavía no creo que vaya a dejar de releerlos.
La mayoría de las ideas de los cuentos me gustaron mucho, son incómodos, sórdidos y extraños sólo que la redacción no es clara, uno no entiende si la pelota está inflada o no, si los personajes están en un sitio o en otro, las descripciones de los lugares o de las acciones están recortadas y crean dudas que parecen errores, quedan cabos sueltos y tiene detalles que dices, ay, no, esto no tiene sentido ni te lo puedes creer. Algunos finales parecen sacados de la manga o improvisados y uno dice a ver, era adulta o niña, esto es un recuerdo o de qué diablos está hablando el narrador, si es adulta podría haber hecho esto o lo otro, si no lo puedo hacer explíquenme por qué no. Las historias no fluyen con naturalidad, creo que con una "tallereada", la revisión de un par de colegas escritores o de un editor, podría convertirse en un gran libro (para la siguiente edición).
Diferencias bastante grandes entre algunos que me gustaron y otros muy meh. En un club de lectura escogimos esta antología para algo medio aterrador o extraño, aunque no era tan adecuado para Halloween/Día de Muertos, porque sí es perturbador pero en el sentido de cosas que dan algo de asco y no de miedo. Algunos relatos estuvieron interesantes, mis favoritos el de Flores, Partiré mañana y Chapstick. Al de los pescadores no le entendí jajaja.
Hay cuentos que me gustaron mucho como Ciudadanía, Estas, Las buenas costumbres, Oscura, Mujer, Chapstick, Partiré mañana, Zapatos, Luna y Rueda. Los otros que no son muchos no los entendí. Escribe precioso y refleja la cultura y la realidad latinoamericana en diferentes aspectos.
"y entonces hablo, hablo hasta el cansancio, hasta que siento que puedo volver a vos con pocas palabras." Mis cuentos favoritos fueron "Chapstick" y "Costumbre II", me gusta muchísimo como Denise logra conectarlo todo.
Este libro es tremendo. Es cortísimo, menos de 100 páginas, pero tiene unos cuentos terribles. La calidad de los cuentos es bastante dispar eso sí, algunos muy buenos y otros muy olvidables. Pero los buenos, valen mucho la pena.
Los cuentos de Denise tiene la increíble capacidad de hacerte sentir incómoda, y esa sensación se queda contigo después de terminar el libro. Me encantaron