El 5 de febrero de 1970, un hombre de 28 años intentó matar a Gustavo Díaz Ordaz. Falló. Pero el Estado reaccionó con saña maquiavélica y no falló en su intento de matarlo en vida.
Después del atentado, Carlos Castañeda fue detenido y torturado. Sin embargo, eso no fue lo peor: una jueza lo declaró "jurídicamente incapaz" y ordenó refundirlo en el manicomio. Lo dejaron ahí 23 años, desecho, ignorado, enloquecido. Cuando al fin fue liberado, en 1993, ya era un hombre sin nombre, sin identidad ni historia. Vagó por las calles hasta su muerte.
Este libro -magna investigación de un acontecimiento casi completamente desconocido- reconstruye ese caso: el de un delito que fue "castigado" con un aluvión de crímenes, crueldades y barbarie.
El libro pretende reconstruir algunos hechos acontecidos el 5 de febrero de 1970, con la particularidad de que estos hechos se pretendieron esconder por el gobierno de la época.
A partir de ello, con su característico apego a lo jurídico, el autor nos lleva por el análisis de lo sucedido a continuación con las únicas piezas de evidencia y, particularmente, con el autor de los hechos.
El autor nos da cuenta del uso político del aparato policial, judicial, administrativo y sanitario. El estado al servicio de unos cuantos, capaz de devorar la vida de un hombre, sin mayor oposición.
El chisme está bueno, un posible complot para que no se conociera un atentado contra la vida del entonces presidente, Gustavo Díaz Ordaz, con el que se “desapareció” jurídicamente a su perpetrador.
Pero en una narrativa muy técnica de abogados, muy cansada, a veces repetitiva.