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Todo microbiólogo sabe que el bacilo que produce la enfermedad conocida como Peste bubónica, es la Yersinia pestis. Igual no todos saben que este nombre se le puso en honor de su descubridor, Alexander Yersin, menos aún sabrán que no sólo descubrió el bacilo sino que desarrolló una vacuna que permitió curar y prevenir esta terrible enfermedad que, todavía a finales del siglo XIX y principios del XX causaba terribles plagas y mortandades y casi nadie conoce al personaje que se encuentra detrás de este nombre.
Deville nos desgrana con gran maestría y una hermosa prosa la vida de Alexander Yersin. Nacido suizo, pero nacionalizado francés. Fue uno de los primeros discípulos de Pasteur y asistió a su éxito, a la creación del Instituto y a su diseminación por el mundo.
Pero rápidamente se cansó de la bacteriología, pese al inmenso mundo de descubrimientos que se abría ante esta nueva ciencia.
Estudió medicina, se enroló como médico en la marina, visitó a la Indochina francesa y se enamoró de Vietnam, conocido entonces como Annam, se convirtió en explorador, geógrafo, volvió a la bacteriología, se interesó por la mecánica, los automóviles, la agricultura, la silvicultura, la ganadería, aclimató el árbol del caucho y el de la quina a Vietnam y se hizo rico, se hizo con una inmensa propiedad en un rincón paradisiaco de Vietnam donde vivió durante 40 años, asistiendo a dos guerras mundiales desde la distancia.
Todo le interesaba y en casi todo tenía éxito. Un loco, un genio renacentista, un misógino, un misántropo, un extravagante que hizo durante su vida lo que le dio la real gana y que murió solo, en su paraíso, rodeado de su ganado, de sus cultivos, de vietnamitas y de un puñado de europeos en los que se apoyaba para sacar adelante sus proyectos y que, a la postre, se convirtieron en sus biógrafos.
Deville también nos hace un recorrido por una época de descubrimientos científicos, casi todos ellos conseguidos por hombres formados en esa maravillosa fuente de conocimiento que fue el Instituto Pasteur. También asistimos a la creación del imperio colonial francés en África e Indochina, a la evolución política e intelectual en Europa desde la Conferencia de Berlín en 1884-1885, donde las potencias europeas de repartieron el mundo, hasta la Segunda Guerra Mundial.
Un recorrido denso, pero delicioso.
Si algún día vais de viaje a Nha Trang, maravillosa ciudad turística al norte de Saigón o a Da Lat, en el interior y veis el nombre de Alexander Yersin, acordaos que este fue el paraíso que él creo en la antigua Indochina francesa.