Un oscuro secreto obliga a José Luis, padre de dos adolescentes, a luchar contra su más fiel naturaleza y buscar a una vampira de la que no sabe nada. Guiado por viejas notas e historias, y potenciado por un rencor nacido en su infancia, logra capturarla y esconderla en un lugar seguro. Junto a su hijo Daniel, pretende encontrar la forma de acabar para siempre con la maldición que pesa sobre todos ellos, pero hay más de un enemigo que enfrentar y todos tienen ideas distintas. Atrapar a su objetivo fue fácil, demasiado fácil, y ahora él y su familia deberán atenerse a las consecuencias. ¿Quién reirá de último cuando el juego solitario se haya convertido en un tablero de varias fichas? ¿Quién es realmente Vampyra, y por qué de pronto se aparece en sus vidas? Nada es lo que parece, y todos y cada uno de los que participan en esta novela tendrán que enfrentarse a sí mismos antes de poder finalizar la partida.
Yo tengo un problema con los libros de vampiros, desde hace tiempo no me atraen, y no sé si fue culpa de la tetralogía de crepúsculo o eso y algo más, pero, le perdí el interés a la temática.
Así que cuando Claudia me regaló su libro sentí que tenía una gran responsabilidad encima, tenía que reseñar su obra y encima superar este tema personal que me jugó en contra en buena parte del libro. Quizás por esto, el comienzo del libro se me hizo un poco pesado porque sentí que había un gran preámbulo, como una introducción muy extensa a lo que iba a pasar después, las primeras 70 páginas me llevó un buen tiempo de lectura, por eso no lo ingresé en goodreads hasta recién ayer.
Aquí se nos introduce a “Vampyra” una vampira de 13 años uruguaya, proveniente del 1800, una muchachita que mata a seres indeseables para alimentarse (casi a lo kira ¿?), y que está capturada por la familia que “la creo” como vampira, por medio de magias y poderes antiguos africanos. Ahora la familia Aranda, tiene que enmendar su error, y tiene que desaparecer a esta jovencita que atrae grandes problemas espirituales, y mata gente para alimentarse…
Así estaremos por una buena cantidad de páginas, con un hombre bastante indeseable, que no acepta la parte mística de su familia y encima tiene el deber de extinguir un bicho sobrenatural, y el hijo, el adolescente de 15 años que queda embobado con la vampirita. De este digamos “inicio” de la historia, la única parte que me cautivó fue puntualmente la historia de Vampyra, como ella se hace llamar. Su historia trágica antes de caer en manos de la muerte fue realmente atrapante.
Luego de este preámbulo el libro hace un brutal quiebre, casi se siente que la historia deja de deambular en vueltas que no parecen ir a ningún lado y que la trama finalmente se logra encausar en una dirección.
Vampyra tras escaparse de sus captores decide volver a hablar con Daniel, el muchacho que está enamorada de ella, para acercarse de otra manera a la familia, algo que en el pasado le costó caro, pero ella está buscando algo, alguna pista, algo que le permita conseguir la paz.
Entre tanto las cosas en la familia Aranda se siguen poniendo más turbias, con el padre de Daniel cada día más perseguido y agresivo, con una tía que quiere explicar las cosas pero nadie la escucha, con una hermanita llamada Luz que no se le da mucho corte pero después cobra su debida importancia.
Acá es cuando el libro, parece ser lo que finalmente estaba buscando la autora, se pone copado, no está la típica relación amorosa juvenil que suelen atestar estos libros, pero se forma un interesante vínculo entre la vampira y el joven que intenta romper con todo lo que es correcto y su familia está destinada a hacer.
Tiene unas vueltas de tuerca inesperadas, son partes que realmente te sacan del relato y te dejan de cara la violencia que relatan esos párrafos, muy turbios, muy oscuros.
Le llevó tiempo la construcción de los personajes, pero realmente te terminan marcando, no es por nada que uno termina odiando al padre de Daniel. El resto se los puede tomar como más queribles.
Me sorprendió los giros, lo ágil que se sintió una buena parte del libro (tras pasar el inicio), y todo venía muy bien, solo que el epílogo me entreveró un poco, creo que la autora tiene mucho potencial y que un día va a poder mejorar el juego que utiliza de los cambios de escena (cosa que también mareaba al inicio).
No me gustó tanto como fue el libro de cuentos infantiles, pero me llegó su historia, el querer llevarlo a nuestra capital, a tener algo más tangible dentro de lo fantástico del mundo de los vampiros. Si un día reedita su libro y llega a las librerías creo que mucha gente le va a encantar, más que nada a los que gustan del género y para el público joven que se quiera sentir en la piel de los hermanos Aranda y su herencia mística. Cuesta arrancar es verdad, pero una vez que se llega a la parte buena, se llega a querer la historia.
Tengo muchos sentimientos encontrados con esta novela, por no decir que te mantiene en vilo hasta el último capítulo. Recuerdo que este libro varias veces me lo crucé en librerias años atrás. Siempre me había llamado la atención pero nunca podía llegar a conseguirlo, hasta este momento.
Obviando el tema de ortotipográfico por el hecho de que al ser una autoedición no siempre es posible que quede perfecta, la trama y la historia están muy bien llevadas a lo largo de la novela. El aura oscura y misteriosa te tienta a seguir a lo largo de la historia para averiguar el porqué de la fatídica existencia de Vampyra. Sus personajes tampoco se quedan atrás, cada uno tiene su desarrollo propio a medida de que avanza el tiempo.
Sencillamente no es una novela que se deba tomar a la ligera y su autora tiene todo para poder seguir. Muy recomendado para aquellos fanáticos de los vampiros que no son un cliché, sino el ser eterno y que se cuestiona cómo lo son los vampiros de antaño, o incluso mejor.
Tengo mucho para decir sobre este libro, pero me cuesta arrancar. Creo que voy a empezar por lo que no es: una historia crepusculiana, edulcorada y predecible. Imaginaba que no lo era porque tuve el placer de recibir este libro de las manos de Claudia y esa advertencia de su boca, pero Vampyra me sorprendió más de lo que pensaba (y gratamente). Si tuviera que nombrar una influencia, creo que iría más por el lado de Anne Rice o incluso Lovecraft. Sí, dije Lovecraft. ¿Por qué? Porque Vampyra es increíblemente oscura. Más de lo que imaginaba. Tengamos en cuenta que lo único que había leído de Claudia era Cuentos de las tierras olvidadas, que es una antología infantil.
Voy a empezar por los personajes, creo. José Luis, el padre de la familia Aranda, me cayó horrible. Es un ser humano supuestamente inteligente —no me lo pareció, pero cuando uno me cae mal ya dejo de ser objetiva—, bastante escéptico, enfrentado con un mundo paranormal que rechaza, pero debe aceptar. Cada vez que tomaba una decisión yo hacía PFFF, así que supongo que Claudia hizo su trabajo. Creo que representa mucho a ese mundo adulto que Daniel y Luz, sus hijos, no pueden ni quieren entender. Sabrina, la hermana de José Luis, es todo lo contrario. Es, para no spoilear, una persona perceptiva. Es la figura en la que sus hijos buscan refugio, en realidad. Es la comprensión, la mano amiga. El otro personaje adulto es Kathleen, la madre, pero apenas aparece.
Los protagonistas indiscutibles, en cuanto a los humanos, son Daniel y Luz. El primero tiene la curiosidad y la aceptación de lo desconocido propias de un niño, mientras que —casi— la madurez necesaria para enfrentar lo que se viene. No deja de ser un adolescente y comportarse como tal. Es muy fácil empatizar con él. Luz me recordó a Kari (Hikari, oh, la ironía), la hermana de Tai en Digimon. Es muy parecida a Sabrina. No sigo para no spoilear. Daniel tiene amigos, pero su participación es breve. Están bien caracterizados, de todas formas, sobre todo Magdalena.
Mi personaje preferido fue, sin duda, Vampyra. Su forma de ser está perfectamente definida; es, habla y hace como lo que es: un ser viejo, solitario, melancólico. Una humana que ya no es humana ni puede serlo, pero tampoco puede dejar de recordar que lo fue. Sus palabras siempre me hicieron sentir que había visto y vivido muchísimo, desde el momento en que abrió la boca por primera vez. Aplaudo a Claudia por crearla tan bien.
Otro detalle que me gusta es la herencia africana de los Aranda y las menciones a su color de piel. Muchas veces damos por sentado que los personajes son blancos por default, hasta que alguien nos avisa. He visto muy poca gente de color en la literatura juvenil. No recuerdo a ninguno en los (bastantes) libros de vampiros que he leído. Hablo de protagonistas, no secundarios (y aun así es difícil). A Daniel, en un momento, incluso lo miran feo por puros prejuicios. Ojalá pudiera decir que no lo veo yo en los ómnibus alguna que otra vez. Hay más ejemplos de representación en el libro, que no voy a decir, una vez más, para no spoilear. Me alegra muchísimo que esto sea así. Lo veo sano y necesario.
La historia, como dije, es terriblemente oscura. El problema no es el vampirismo —de hecho, Vampyra es la única que aparece—, sino los entes, el Barón. Seres realmente malignos, del más allá. Cosas que los humanos no podemos entender, mucho menos superar. Su presencia constante, la amenaza de su ataque, todo eso le daba a la historia una atmósfera bastante opresiva. Siempre, siempre está todo mal o apunto de estar mal. Los momentos de felicidad son breves, pocos y refrescantes. Necesarios para desagotar, los justos.
La trama no va por los típicos caminos. Más allá del tironeo entre lo terrenal y sobrenatural, entre la imposibilidad de su coexistencia, las cosas se centran mucho en la familia Aranda y en su relación con Vampyra. No puedo ahondar en esto sin spoilear espantosamente.
La ambientación, para mí, fue maravillosa. No estoy acostumbrada a las historias sobrenaturales que transcurran en mi ciudad natal, Montevideo. La única que recuerdo es Música de Vampyros, de Federico Ivanier, y no fue mi libro favorito del autor ni por asomo. Que los protagonistas recorrieran calles que conozco, que se tomaran el 199 (maldito 199 que da mil vueltas y siempre demora), que hablaran de vos…
El voseo fue un punto interesante, pero que me complicó. He hablado con Claudia, que habla de tú por herencia y por convicción. Sus personajes, como buenos montevideanos, vosean, pero no todo el tiempo. En muchas ocasiones hablan de tú, en otras mezclan voseo y tuteo. Lo puedo entender, pero a mí me marea. Creo que le quitó un poco de credibilidad a los diálogos, que de otra forma estarían maravillosamente escritos.
Las otras contras, creo que no son culpa de Claudia, de ninguna forma. Autopublicar no es sencillo, mucho menos barato. Al libro le faltan un trabajo de edición y una corrección de estilo. Sé por la fecha que cuando se publicó ella todavía no era correctora y que de todas formas es imposible corregirse a uno mismo sin hacer cagadas, así que no pienso recriminárselo. Es más, ella me advirtió. Me encantaría que la historia tuviera la posibilidad de llegar a una editorial que la deje como merece, porque lo vale. Realmente lo creo.
En resumen, Vampyra es un libro diferente. No es una historia de amor adolescente vampírico típica, aunque haya algo de eso mezclado entre sus páginas. Es una historia oscura, dolorosa y casi diría que filosófica. La recomiendo a todos los que quieran una lectura diferente sobre estas criaturas, que si bien están un poco gastadas ahora mismo, tienen mucho más para dar de lo que parece.
El inicio me costó un poco, todo lo que el personaje de Vampyra tiene para decir es súper interesante pero los primeros capítulos era casi lo único que me llamaba, casi todas las escenas eran en el mismo lugar y los otros personajes no me interesaban.
pERO el libro mejora MUCHO a partir de que Vampyra sale de su prisión. Pase a querer saber más de toda la familia Aranda y a disfrutar todas las menciones que me hacían saber que estaba en Montevideo.
También me gustó mucho la construcción de la relación entre Vampyra y Daniel porque es algo que podría ser muy cliché y sin embargo me resultó super original y bien llevado.
Otra cosa que me sorprendió es que es un libro muy oscuro que se mete con temas fuertes, pero igual que dije antes, siempre bien llevados.
En conclusión me alegra mucho terminar el año con este librazo!
Me gustó mucho, una historia que al principio me costó adaptarme por los saltos de narrador o ir descubriendo la historia de a poco me hacían dudar si yo no me había perdido de algo o no se había contado. De la mitad en adelante no tiene desperdicio. Algo que realmente amé del libro es la narración en sí, la descripción de las cosas de manera que te hace sentir y ser parte.. y no con detalles en exceso sino describiendo sensaciones o emociones. Un ejemplo de esto que me llamó la atención es la descripción del frío y del viento, que en una parte cuando está en el Parque Rodó me hizo sentir frío al leerlo a pesar de estar al lado de una estufa. Y otra cosa que me gustó mucho son las reflexiones o frases que se incluyen a lo largo de la historia, como la de "Siempre es también nunca..", que fue de mis favoritas