100/100.
Las venganzas literarias por plagio en una época en la que no existían los derechos de autor me parecen fascinantes, pero la que hace Mateo Alemán con el personaje que crea y desarrolla, sobre todo, en la segunda parte de tres en las que se divide esta Segunda parte de la vida de Guzmán de Alfarache, atalaya de la vida humana, me parece deliciosa.
Como en la Primera parte, la intención didáctica es la que regula cómo está escrita cada una de las oraciones que componen la obra. Sus virtudes (punto de vista autobiográfico con una primera persona que apela a una segunda persona, que se corresponde con el lector; la perfecta unión del docere et delectare o las narraciones insertadas de calidad, entre otras) se vuelven a resaltar en esta segunda parte.
Publicada en Lisboa, en 1604, es verdad que no aguanta tan bien el embiste del tiempo al igual que otras obras como el Lazarillo, la Celestina o el Quijote, pero, aunque sea un libro muy propio del barroco, creo que al lector actual, una vez consiga meterse en su mundo (y, quizás, para lectores no tan acostumbrados a la prosa de ficción de los Siglos de Oro, esto sea más fácil a través de un audiolibro), dudo que quisiera escapar.
Destaco, asimismo, el vituperio contra el matrimonio; me ha parecido divertidísimo.