Esther Tusquets se une desde ahora a mi club del "Estoy harto de la literatura del yo, pero...". Está tan maravillosamente contado que sientes haber conocido, aunque no del todo, del modo confuso en el que se guardan los recuerdos de hace mucho, a la niña rara que fue Esther, "la Tusquets". Sabes, amigx, porque eres muy cultx, que los Tusquets fundaron Lumen (su tío Joan, el que perseguía masones e incendiaba logias, pero ese es capítulo aparte), y que más tarde tendrían la editorial Tusquets, que vivió. junto a Taurus (la de Aguirre el Magnífico, luego duque de Alba), sus años dorados, más en los ochenta y noventa que en la actualidad, pero sigue siendo igualmente influyente. Mientras que de Taurus, y del despacho en la plaza del Marqués de Salamanca, el que da nombre al barrio, apenas queda un recuerdo, Tusquets sigue manteniendo cierta vigencia. No es Penguin, pero es Tusquets, la editorial que más antifranquista fue, venía de una familia franquista. Así de raros son los Tusquets. Y Esther te mete en ese mundo con una maestría con la que crees haberlos conocido. Incluso si todo queda en un halo de misterio. Quizá con la agridulce sensación de que ella misma jamás llegó a conocer del todo a sus familiares
No me sumo a los comentarios de que la cuna de oro, por muy cuna que sea, siempre lleva alguna desgracia y todas las familias infelices lo son, cada una, a su manera. Siempre he pensado que ese "los ricos también lloran" está muy visto y casi démodé, diría yo. Pues no, señores, como reza un refrán castellano, con más razón que un santo, las penas con pan son menos penas, y tal y como reconoce la propia Tusquets "el país era nuestro". Por muy judío que fuese el origen de la familia, por muy anticlericales que fuesen sus padres, eran Tusquets, y Tusquets se quedaron, como la madre, ronca de vitorear a Franco, mientras entraba en Barcelona. Una Barcelona gris que era suya, y que ella va desganando como desgracias que no le quisiese su madre o que siempre fuese tímida, mientras nos cuenta su conversión de la Falange al bando de los vencidos. Está maravillosamente contado, como historias entretejidas que nos hablan de su entorno para acabar hablando de ella misma, que sospecho, entremedias, es lo que ella quiere. Si Godoy hizo sus memorias políticas para hacerse perdonar y demostrar que él estaba libre de culpa (que no), Esther no demuestra que, pese a su familia, pese a haber estado en la Falange y tener un tío que veía masones por todas partes, ella siempre ha estado de nuestra parte. Pues mire, NO.
Para mis chicas y maricas, este libro, si os gustan los cotilleos a la pata la llana y entrar en el mundo de los oropeles, y os pone ver cómo sufren los pijos, este libro es para vosotras