Guillermina y Julieta son madre e hija, pero a veces no lo parecen. La primera quedó embarazada siendo una adolescente y siente que este hecho truncó su vida para siempre. Ante la inmadurez de su madre, la niña se ha visto obligada a tomar las riendas del hogar, sin embargo, algo ha cambiado, y Julieta empieza a encerrarse en sí misma. Su madre desesperada y sin entenderla, se siente presionada a responder a una obligación que no quiere. Julieta huye de algo, no se sabe bien del qué, pero la herencia de una casa en la alejada aldea de la Sabina, será un respiro para la niña, reportándole la paz que necesita. Nada más llegar a la aldea donde vivieron su abuela y su madre gran parte de sus vidas, Julieta siente un vínculo especial con este lugar y con la poca gente que habita allí, especialmente con Emma, una mujer que vive alejada en medio de la naturaleza. La pequeña Julieta encuentra un refugio en este lugar y decide que no quiere marcharse de allí.
Debo admitir, con cierta vergüenza, que salvo el primer tomo de Manolito Gafotas, que lo leí cuando era un niño y nunca me terminó de cautivar, no había vuelto a leer nada de una de las escritoras españolas más relevantes. Puede que fuese producto de ese desencanto infantil con Manolito, o porque tuviera ideas preconcebidas de lo que encontraría en su literatura adulta, pero el caso es que hasta ahora no me había reencontrado con ella, y han pasado más de veinte años de ese primer acercamiento. Eso sí, estoy completamente seguro de que no voy a dejar pasar otros veinte años para volver a ella, porque la sorpresa que me ha llevado ha sido bastante grata.
Lo primero que me sorprendió y encandiló fue la prosa de la autora, ¡madre mía, que bien escribe esta mujer! No he parado de señalar citas y de releer extractos enteros. He sentido que su escritura tenía una fuerza tan increíble, que ya estuviera hablándome de situaciones tiernas o duras, todas me emocionaban y me hacían estar totalmente sumergido en la obra. Me ha gustado mucho también lo rara y desconcertante que resulta por momentos la lectura, aunque todo acaba teniendo sentido, era estimulante ir haciéndome mis cábalas sobre hacía donde iba la historia y que estaba tratando de contarme la autora.
La relación madre-hija y la soledad se convierten en los temas principales de esta novela. No he podido evitar sentir una sensación extraña descubriendo a Guillermina, por una parte la odiaba, por su egoísmo, por su falta de empatía, pero por otra, sentía compresión en ciertos momentos. Esa soledad que siente, esas ganas de recuperar la vida que soñó para sí misma o la necesidad de encontrar a alguien que la ame, y como todos sus errores en la vida son cometidos por intentar conseguir estas cosas. Sin embargo, me ha sido imposible no detestar a esa mujer cuya frustración condiciona la vida de su hija, a la cual hace sentir igual de desgraciada y sola. Hay muchos momentos entre las dos que me pusieron los pelos de punta. También me ha gustado mucho Emma y el reflejo de la sociedad que hace Elvira a través de este personaje, pero prefiero no decir nada de ella para que el lector la descubra como lo hice yo.
Es una historia triste, con pasajes descorazonadores, y repleta de reflexiones muy acertadas sobre situaciones muy duras, pero pese a esta crudeza y a la soledad constantes que muestra la autora, en las páginas de “En la boca del lobo” también he encontrado esperanza, esa sensación de que incluso en los peores momentos siempre puedes encontrar esa luz, ese lugar, ese algo o ese alguien que te ayude a salir a flote. Pienso seguir muy pronto con la obra adulta de Elvira Lindo, aunque no sé por donde. ¿Alguna recomendación?