Fui escéptico cuando escuché que este libro era la nueva Imitación de Cristo. Sabía que a su autor, Hildebrand, lo precedía su inmejorable reputación por haber combatido a Hitler. Sin embargo, ponerlo a la altura de la guía espiritual más importante del catolicismo me parecía excesivo. Después de leer pausadamente La transformación en Cristo he quedado plenamente satisfecho con el símil.
Efectivamente, Hildebrand es el nuevo “Thomas à Kempis”. Su libro no es una barata auto-ayuda, ni un indulgente manual de espiritualidad, ni un ejercicio intelectual desalmado. Realmente es un libro que exhorta a los cristianos a dejar de auto-afirmarse para lograr transformarse en Cristo. Estas exhortaciones, aunque enérgicas y a menudo incómodas, no son mandatos abstractos. Van acompañadas por un análisis meticuloso de qué hacer y qué dejar de hacer para conseguir esa transformación.
Debo decir que no es un libro fácil. No se lo recomendaría ni a los legos, ni a los que se van iniciando en la exploración de su fe cristiana. Creo que se debe alcanzar cierta madurez espiritual para acercarse a este libro, y también se requiere paciencia racional, porque no es un libro sencillo. A pesar del nivel intelectual de Hildebrand, es admirable cómo no cae en conceptualidades culturales o en rodeos filosóficos. Sí hay dosis mesuradas de referencias artísticas y especulaciones reflexivas. Sin embargo, Hildebrand tiene muy claro que no es un libro para ejercer pensamiento crítico, sino para orientar a quien está convencido de la verdad cristiana.
Hay dos cosas muy iluminadoras de este libro: una que dará claridad a los creyentes y otra que puede ser aprovechada incluso por no creyentes. La primera, específicamente para creyentes, es la capacidad de Hildebrand de precisar las actitudes verdaderamente cristianas y desterrar confusiones. Por ejemplo: cuando dice que un cristiano debe auto-conocerse, le explica varios tipos de auto-conocimiento y le da herramientas para discernir cuál es el verdadero auto-conocimiento cristiano. Aquí va desde el auto-conocimiento que busca justificar a toda costa la personalidad, hasta la reflexividad excesiva que llega a impedir a las personas disfrutar de las cosas por estar siempre observándose a sí mismas. Este tipo de distinciones las ejecuta con muchos otros conceptos: cuál es el verdadero remordimiento de los pecados, cuál la verdadera mansedumbre cristiana, cuál es la auténtica simplicidad, etcétera, etcétera. Esto es esencial porque muchos que se dicen cristianos se convencen de que viven su espiritualidad sin error alguno, sólo para descubrir que sólo se están auto-afirmando. La segunda iluminación que puede aprovechar incluso a los no creyentes (si se atrevieran a leer esta obra espiritual) tiene que ver con las descripciones de los tipos de personalidad. Hildebrand tiene una agudeza impresionante para captar la variedad de temperamentos: desde el obstinado con aires de superioridad, pasando por el que tiene falsa modestia y en realidad es un arrogante oculto, hasta el pusilánime que quiere quedar bien con los demás. Ésos, entre muchos otros temperamentos, que son una guía valiosa para quien quiera entender la relación entre psicología y religión.
Sin lugar a dudas, Transformación en Cristo es la mejor guía espiritual que se ha escrito en tiempos modernos.