Me ha encantado este conjunto de lecciones sobre cine que imparte Alexander Mackedrick, profesor en el California Institute of the Arts, y antes director de, entre otras, Chantaje en Broadway (Sweet Smell of Success), El hombre del traje blanco o Mandy. Una lectura muy entretenida y que da una luz nueva al goce de ver películas.
El libro está dividido en dos secciones: una dedicada a cómo crear historias y la segunda parte (más corta), sobre la gramática cinematográfica. Leyendo estas lecciones no dejo de pensar en el nivel de profesionalismo y experiencia que había (y hay) en Hollywood y que hacer cine, contar una historia, acumula años de ciencia y arte en la construcción de la historia, su estructura, los personajes, el lenguaje visual y cómo hacer sentir al público de determinada manera. Por eso en el siglo XX no hay arte que no haya dado tantas obras maestras como el cine.
El cine es un arte visual eminentemente visual y por ello no verbal. El arte de contar historias se desarrolló desde el inicio del cine. Por eso nos invita a ver películas mudas porque ellas se observa cómo los maestros transmiten un significado emocional enorme a través de la gramática cinematográfica y no de las palabras. "Las películas muestran y luego cuentan".
Un largometraje de aproximadamente dos horas suele estar concebido a partir de 25 escenas cada una de las cuales dura alrededor de cinco minutos. Mackendrick nos invita a descubrir la tensión existente en cada escena, construidas a partir de los elementos tradicionales de la trama. El Drama es anticipación más incertidumbre. Nos explica la exposición y la construcción gradual de la tensión hasta que culmina en la que llama la "escena obligatoria", aquella que el espectador siempre espera ver, en la que protagonista y antagonista se ven las caras y resuelven esta tensión cerca del final. También habla de cómo conectar escenas con sentido narrativo: en el final de una escena debería incluirse una pista clara de lo que tratará la siguiente.
Para contar una historia y entender qué elementos tienen que haber en esa historia, Mackendrick nos invita a contar un cuento a un niño: todos los elementos existentes son los que deben aparecer en la historia. El primero que se preocupó por establecer una serie de leyes dramáticas fue Aristóteles, y Mackendrik exhibe una enorme cultura clásica con constantes referencias. Nos explica la ironía dramática, aquella situación en la que un personaje desconoce elementos de la trama que sí conoce el espectador. Es esencial para el suspense. En una historia bien contada cualquier personaje de ficción funciona dentro de una red o nexo, una maraña de interacciones de personajes. Es fascinante el esquema que plantea como ejemplo de la película "El tercer hombre", de Carol Reed. Da varios consejos de como tener ideas y cómo escribir un guion: El guion no se escribe, se reescribe y se reescribe y se reescribe.
Varias lecciones inciden en la tensión, el elemento esencial de un drama. "Cuidado con la simpatía entre dos personajes. Es el fin del drama." La tensión provoca sentimientos de curiosidad, intriga o temor. Dos elementos de intriga simultáneos son la mitad de intrigantes que uno solo. Un buen director estará siempre haciéndose estas preguntas fundamentales: ¿qué pensará ahora el espectador sobre lo que acaba de suceder y lo que podría ocurrir o no a continuación? ¿sentirá adhesión rechazo, miedo o esperanza?
En la parte de gramática cinematográfica explica algunas ideas de cómo dirigir. Dirigir es en realidad dirigir la atención del público hacia algo. Acentuar lo significativo y restar importancia a lo que no lo es. Me interesó la idea del "testigo alado ubicuo imaginario invisible". El libro finaliza con ideas sobre el montaje, cómo estirar el tiempo con el mismo, y los movimientos de cámara y sonido.