Hay libros que llegan a las manos de uno en el momento exacto en que se han de leer sus palabras.
Lo sé porque me ha resonado la 17, y creía haber encontrado mi nexo. Entonces me ha resonado la 19. Luego la 25. La 33, la 47, la 55... Resulta que entre tanto silencio, espectaba un concierto de revelaciones.
Raramente leo poesía, y aún mas infrecuentemente la disfruto. Por eso los pequeños momentos, como el que he tenido al leer este libro, tienen tanto valor.