Nuestro desasosiego ante la sobrecarga informativa no es un fenómeno nuevo. Mucho antes de la llegada del mundo digital e internet, nuestros ancestros lectores experimentaron con inquietud los efectos de la acumulación infinita de libros y escritos. Pero junto a la tradición que desea aumentar siempre las colecciones de la biblioteca hay otra, menor y subversiva, que advierte de los peligros que corremos de vernos sepultados por el pasado.
Desde Petrarca hasta Voltaire, pasando por los primeros filólogos, los enciclopedistas barrocos, los revolucionarios franceses, y Montaigne, los protagonistas de este ensayo presentan rasgos contradictorios. Aquí, las vanguardias y los antimodernos sellan el pacto contrario al de en lugar de entregar su alma a cambio de un conocimiento ilimitado, se explora la idea de cómo ponerle un límite al deseo de saberlo todo. Armados con tijeras, estos lectores fabrican bibliotecas portátiles y otras formas abreviadas, ligeras y móviles del saber con el objetivo de sacar el conocimiento de las estanterías polvorientas y practicar un verdadero humanismo transformador. Su arte de la reducción nos recuerda que a la barbarie se llega tan pronto por la falta de libros como por su sobreabundancia.
Interesantísimo y lúcido ensayo acerca del exceso de información como concepto, mal endémico que según demuestra el autor no es ni mucho menos algo nuevo (como puede dar a pensar la era actual del Big Data y del imperio del algoritmo), sino que se trata de algo que viene haciendo estragos desde tiempo inmemorial.
Con su mirada firmemente puesta en el pasado, Xavier Nueno hace un recorrido apasionante que nos lleva desde Petrarca hasta Voltaire, desde los copistas medievales hasta Montaigne, Barthes y un largo etcétera. A la inquietud profundamente humana de querer unificar todo el conocimiento en un solo sitio, la pregunta que nos arroja este libro es si debemos poner coto, de algún modo u otro, a este anhelo tan enraizado. ¿Cuál es el peligro de querer atesorar todo el conocimiento del pasado?
‘A la barbarie se llega tan pronto por la falta de libros como por su sobreabundancia’.
Ensayo sobre los libros per se, sobre bibliómanos, sobre el "arte" de crear una biblioteca. Y es que el problema de la acumulación del saber es muy antiguo ... describe muy bien este ensayo este párrafo de D'Alembert: "Es tanta la gente mediocre y son tantos los idiotas incluso que han escrito, que en general se puede considerar cualquier gran colección de libros, sin importar del género que sean, como una recopilación de testimonios para escribir la historia de la ceguera y de la locura humanas; tanto es así que podríamos escribir en la entrada de todas las grandes bibliotecas esta inscripción filosófica: El asilo del espíritu humano." Y si, lo del saber ligero es una ironía xD
Libro que he dejado tras unas 40 páginas. Es un texto enciclopédico, demasiado experto y de un nivel intelectual y de pensamiento muy superior al que yo tengo sobre el tema y al que estaba dispuesto a tolerar en una obra que sobra todo quería que me informara y entretuviera.
No he estado a la altura, y la obra me parece que se reduce a especialistas en la materia. Lo siento.
No sé dónde leí la historia de un hombre, de un trotamundos desapegado de todo y con todo. Viajaba casi desnudo. Vivía con lo mínimo y dependía de la caridad de los habitantes de los pueblos por los que pasaba. Este hombre era lector. De algún modo, siempre conseguía llevar un libro encima. Sin embargo, conforme terminaba de leer una página, la arrancaba: tanto era su desapego, su imperiosa necesidad de viajar ligero.
El ensayo de Xavier Nuno defiende una tesis clara: la existencia de una relación bifronte de los estudiosos con respecto a su biblioteca. Por un lado, la angustia que genera la idea de su pérdida, de las grandes catástrofes bibliotecarias. Por el otro, la repulsión frente a su extrema proliferación, la de libros y libros superfluos.
Xavier nos hace conocer las diferencias que existieron en la forma de relacionarse con el libro en los periodos medievales y renacentistas. La figura del humanista empieza a descollar y, con ella, el concepto de autoría. El Renacimiento inaugura la ansiedad por la pérdida de los clásicos, por las deturpaciones perpetradas en los monasterios medievales. Las glosas y los comentarios medievales habrán de ser expurgados.
Xavier también nos realiza una geneaología del fichero, de la pulsión de recortar citas, de decantar los textos en lo que de útil presenta. Aparecen figuras como son los mutiladores de textos. También los literatos que escriben para escribir contra la propia escritura.
El capítulo que más he disfrutado ha sido el dedicado al olvido. A Barthes y Montaigne, a la figura del gentil huommo y a la figura del pedante. El que menos, quizá, el centrado en la Revolución Francesa.
Con todo, el libro tiene momentos redudantes y, a veces, hasta un poco soporíferos. Pero son escasos. También es de agradecer la cortesía para con el lector, pues el uso de la lengua es claro y completamente inteligible. Tanto es así que el ensayo se puede leer de corrida.
Igualmente debo confesar que esperaba encontrar -aunque fuese de forma implícita- alguna receta para paliar mi irrefrenable pulsión por comprar libros que sé que nunca podré leer. Pero he hallado una historia y una genealogía del peso que los libros ejercen sobre nosotros y sobre nuestros usos y costumbres. No sé si tendrá solución.
De un tiempo a esta parte no sé con certeza de qué lado caigo en mi relación amor-odio al leer ensayos publicados por Siruela: a veces acierto con creces y otras veces no me tocan el corazón. Esta primera lectura terminada del año ha sido bendecida con lo primero aunque no sabía si me enfrentaba a un manual de curación de contenidos (que también me habría gustado) o a otra cosa.
¡Y es ambas! Es un breve ensayo histórico sobre cómo lo que conocemos como curación siempre ha existido, solo que las herramientas de empeños anteriores se movían más en los terrenos de lo puramente físico (¡recortando libros!) o dialéctico (paradójica publicación de ensayos al efecto o intercambios epistolares) que en el trámite actual de pagar un salario a alguien que combine Feedly con Pocket y haga un refrito para publicar en un portal (lo que además ni es curación ni es nada).
Me ha gustado mucho, sobre todo el enfoque ligero que lo ha convertido en obra divulgativa sin perder la calidad del trabajo académico original; además da que pensar porque nos recuerda que la compulsión por la adquisición y lectura de textos en un escenario de sobreabundancia no se acompaña necesariamente de creación de conocimiento, sino que es otro engranaje de la carrera de ratas de la que siempre queremos salir. Una vez más, reposar las cosas y revisitar los antiguos placeres se convierten en clave de las vidas que siempre queremos llevar sin conseguirlo nunca.
Es un recorrido muy interesantes por la historia de la acomulación de libros a lo largo finales de la edad antigua, la edad media, la invención de la imprenta, nos hace cuestionar el valor de las bibliotecas por su calidad, por su cantidad, por su valor personal, de acuerdo a las posturas que los seres humanos han tomado acerca de que hacer con tanta información.
Yo recomendaría comenzar el libro por el Posfacio de Philippe Roger y por esta idea: "Hay que agradecerle [al autor] que nos recuerde la saludable sospecha que corre desde el Renacimiento hasta la Ilustración de que, a la barbarie, se llega tan pronto por la falta de libros como por su sobreabundancia". A partir de ahí, disfruten de este ensayo, erudito y ameno, sobre la pérdida de información y el exceso de información, sobre la falta de datos y el exceso de datos, sobre la angustia de saber que nunca podremos recuperar las obras perdida de la antigüedad y el desasosiego de entender que nunca podremos leer, a lo largo de una vida humana, todas las obras que merece la pena leer. Por el camino: libros prohibidos, quema de libros, libros de resúmenes, la aparición del libro impreso y la revolución digital. Todo muy entretenido y una sola pega: ni una mención al saber inútil, a los conocimientos innecesarios pero sabrosos. Una consecuencia, tal vez, del exceso de academicismo francés del autor o de una cierta falta de leggerezza meridional.
Me identifiqué mucho con la definición de amateur, por eso no me siento culpable por haberme quedado a veinte páginas de terminarlo. El libro lo merece.
Puede hacerse un poco repetitivo en ocasiones pero es muy interesante lo que cuenta. Es un libro de historia. Esta charla completa la lectura https://youtu.be/nI1qMrg3j28?si=HR-df...
realmente breve pero que se puede profundizar muchísimo es un ensayo sobre el exceso de información y todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance es un título que explora la idea de cómo ponerle límite a ese deseo de saberlo todo y como muchos pensadores filólogos y revolucionarios crearon soluciones para conseguirlo
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Xavier Nueno nos da un repaso a todos los que como yo nos gusta acumular libros e información pero que no es un problema nuevo como el nos hace entender.
Leído contradiciendo de forma flagrante la tesis del libro: poniendo marcadores por todos lados atrapada por la angustia de un día querer volver a una de sus páginas y no poder hacerlo.