Esta novela nunca lo había oído, hasta que lo vi en una lista de los supuestos 25 mejores libros de la historia de la literatura latinoamericana. Digo "supuestos" porque al final uno nunca sabe quién dijo eso, ni por qué, pero el hecho de que no fuera un libro conocido me dio esperanzas, porque era más posible que estuviera fuera del cliché.
Bueno, y la lista tenía razón. Es una cosa GENIAL. Las páginas simplemente se deslizan y eso que la primera parte (400 páginas, quizá) es simplemente el diario de vida de un viejo mañoso, que es más que probablemente el alter ego del autor. La mitad del tiempo se pasa hablando de sus enfermedades y achaques (esa parte es fome), pero el resto... es tan entretenido. Las pequeñas observaciones, no pasa nada, o casi nada realmente, pero... es muy interesante la vida diaria, muy interesante todo, y además hay algunas partes que simplemente llegan al corazón.
Aparte, yo me siento identificada con hartas cosas del viejo, como esos sueños elaborados, y los horarios nocturnos, y esa honesta pasión por el computador, jajaja. No por ser un fin en sí mismo, ya que es un medio de organización, una caja de Pandora. Yo también he pasado horas actualizando programas, reescribiéndolos yo misma, o buscando/recopilando información, jajaja. Yo también he evitado prenderlo por saber que NO VOY A PODER LIBERARME hasta cinco días después quizá.
La segunda parte, eso sí, me pareció menos buena. La segunda parte, que es la novela real (la primera es un preámbulo, un preámbulo póstumo aparte, no me queda claro si quería publicarlo así o no): Es complicada e inconexa, y más da la impresión, como leí ahí, que el autor se aferra a los matices de su vida y a sus pequeñas historias, porque no pasa mucho antes de que en la vida real se muera. Aunque no lo sepa. No era tan mayor tampoco. Se murió de un infarto, y no era como que lo viera venir... pero quizá en verdad sí. En fin, que esa parte ahí nomás, o bien ahí nomás en comparación con la primera.
Cuatro estrellas y no cinco, solo porque hubo algunos fragmentos que me chocaron PROFUNDAMENTE. No tuve mayores problemas frente al machismo del señor, ni frente a su posible homofobia (tampoco es como que me gustó), porque es relativamente común en las viejas generaciones y buéh, es un reflejo de una sociedad menos evolucionada quizá... pero hubo un par de otras cosas que describió/contó que... UF. Mejor no las describo para no hacer spoiler, solo diré que si alguien lo lee y piensa como yo: SÍ, QUÉ FUE ESO. NO ESTÁS LOCO, AMIGO MÍO. VAMOS JUNTOS A TOMARNOS UNAS PILSEN PARA OLVIDARLO. O quizá estoy exagerando, no lo sé (no).
En fin, que el libro vale mucho la pena... uno termina elevándose, en cierto modo, sobre él y también sobre las cosas... me pareció muy especial, y totalmente meritorio de estar en esa lista sospechosa. Pero hay que tener paciencia. No es una novela DE ACCIÓN, aunque pasa alguna cosa que otra, y probablemente no va a ser DIVERTIDA... pero tiene un modo de ver el mundo, y una especie de sutil ligereza que no es una copia de nada que yo haya leído antes. En otras palabras, que entiendo que no sea un bestseller, pero va recomendado para cualquier persona a quien le guste perderse en un buen libro, y examinar la mente de otro como un camino hacia la propia mente. O viceversa.
Un libro muy sorprendente. En especial, considerando que supone estar escrito en lo más cotidiano de lo cotidiano.
Un par de citas que subrayé, aunque no son necesariamente las mejores.
1. (Cuando se muere el papá de un amigo) (creo).
Yo recuerdo la muerte de mi padre, que fue más o menos cuando yo tenía la edad que Pablo tiene ahora, y recuerdo que fue mucho mayor el espanto que la tristeza. La tristeza ante la muerte ajena es algo que no entiendo muy bien, o sí, entiendo que es la tristeza por uno mismo y no por el muerto, de quien no hay nada que lamentar - tristeza, por lo que a uno le falta, por lo que a uno le faltó decir y hacer, por la culpa real o imaginaria -. Y el espanto - según me animé a explicarle a Pablo, en la creencia de que tal vez le venga bien pensar un poco en eso - porque, mientras mi padre vivía, de un modo mágico era como una coraza contra mi propia muerte. El que tenía que vérselas con la muerte era él, y no yo. Y en el mismo momento en que él me faltó, quedé yo enfrentado mano a mano, con esa buena señora. Sin coraza.
2. (Cuando le escribe a la fundación Guggenheim, que es la que le está pagando una beca para escribir el libro).
Estimado Mr. Guggenheim:
Creo que usted ha malgastado su dinero en esta beca que me ha concedido con tanta generosidad. Mi intención era buena, pero lo cierto es que no sé qué se ha hecho de ella. Ya pasaron dos meses: julio y agosto, y lo único que he hecho hasta ahora es comprar esos sillones (que no estoy usando) y arreglar la ducha (que tampoco estoy usando). El resto del tiempo lo he pasado jugando con la computadora. Ni siquiera puedo llevar como corresponde este diario de la beca, ya habrá notado cómo dejo temas en suspenso y luego no puedo retornar a ellos.
Bueno, solo quería decirle estas cosas. Muchos saludos, y recuerdos a Mrs. Guggenheim.
3. (Cuando termina un libro nuevo).
Por principio, jamás leo el prólogo de un libro antes que el libro, y últimamente trato de no leer siquiera las contratapas, especialmente si son ediciones españolas, porque los españoles tienen una verdadera pasión por adelantarle al lector los contenidos esenciales del libro. El colmo, creo que ya lo he comentado alguna vez, es una novela de Nero Wolfe, donde se dice quién es el asesino nada menos que en la tapa. Este prólogo no es una excepción, y nunca estuve más agradecido a mis principios: si lo hubiera leído antes, me habría estropeado totalmente la lectura.
Pero me alegro de haberlo leído después de la novela, porque resulta sumamente cómico. El prologuista comienza diciendo que es un libro difícil de entender, por la mitad dice que no entiende, y sobre el final dice que tampoco entiende el título. Es muy sorprendente (...). Parecía ignorar que una novela no es para ser entendida. Se desconcierta con las actitudes del protagonista y acude a la psicología y llega a narrar una especie de parábola criminológica para explicarle al lector por qué al protagonista no se le puede endilgar determinada enfermedad mental...
Es sumamente divertido, este buen señor metido a prologuista. Lo grave, lo imperdonable, es que en el prólogo se cuenta la novela de punta a punta y, en ciertos pasajes, hasta con municiosidad de detalles. Si el autor esperaba sorprender al lector con algún golpe de efecto (de los que hay varios), el señor Javier Tomeo decidió que no lo conseguiría.
4. (Ya, me embalé, jajaja. No me había dado cuenta de que había subrayado tanto: Éste es de cuando le ponen ópera en la radio).
Lo que realmente es una pesadilla, en ambas emisoras del SODRE, pero sobre todo en la de AM, es la ópera. Parece que la ópera se ha puesto de moda últimamente, o quizá nunca haya dejado de estarlo, pero me asombra la cantidad de horas diarias que se dedican a estos hombres y mujeres vociferantes (...), toda gente que estrangularía gustoso con mis propias manos. No me imagino qué tipo de perversión, de demonio interior, de desviación, de tara, puede llevar a esta gente a proferir estos gritos monstruosos, repulsivos, a forzar la voz de esa manera antinatural, insolente, como si participaran de una competencia en las olimpíadas, demostrando un esfuerzo físico, queriendo batir algún récord. Nada más lejano, más opuesto al arte.
Cómo se ha llegado a conjugar ese estúpido deporte con la música, es algo que no me puedo explicar, ni deseo que me lo expliquen. Me enferma. A veces dejo la radio encendida y entro al baño, y los del SODRE aprovechan para meter a una soprano y ahí estoy yo, padeciendo, dudando entre suspender mis importantes actividades para apagar la radio o soportar más de eso. Lo mismo cuando estoy en la computadora; a menudo me abstraigo mucho, como en un estado de trance, y de pronto noto que me estoy sintiendo mal, que me angustio, que hay algo que no marcha bien en el mundo, y por fin tomo conciencia de que hay ópera en la radio y que me están bombardeando desde hace un buen rato con sus sucios ejercicios vocales.
JAJAJA. Genial el señor. Es todo lo que puedo decir.