Manuel Vicente Romero García, fue un escritor venezolano en quien es difícil desligar lo político de lo literario. Escribía en los ratos libres que le dejaba su activa participación en las luchas del liberalismo. Autodidacta, contribuyó con Peonía (1890) a fundar el movimiento criollista en la literatura venezolana, reflejando en ella por primera vez la vida del país, su medio físico y las características de su habla. Peonía es también una novela con trasfondo romántico en la que se exponen ideas político-sociales para que contribuyan al mejoramiento de la nación.
Escritor de vocación, Romero García publicó sus artículos de carácter literario o político en periódicos y revistas de la época, tales como Eco Andino, El Cojo Ilustrado y Cosmópolis.
Su novela Peonía (1890) es considerada como uno de los primeros símbolos del criollismo en la literatura venezolana. Pese al éxito de su obra, la política lo absorbe. Actúa como jefe de Estado Mayor en la revolución encabezada por Cipriano Castro (1899). Después de un fervoroso apoyo, rompe con Castro en 1902; se exilia y regresa durante la dictadura de Juan Vicente Gómez; una vez más se va del país hasta radicarse en Aracataca, Colombia, donde fallece.
Romero García dejó varias obras inconclusas: Marcelo, Escenas de la vida revolucionaria, Mi parroquia y Los pigmeos. En 1966 se publicaron sus Obras completas y en 1977 sus Notas personales.
Clásico de la literatura venezolana que supuse apropiado leer para descubrir un poco de la literatura de mi país. En esta novela descubrí personajes muy bien estructurados, entre ellos: Luisa, prima de Carlos obsesionada con él por padecer una grave carencia afectiva por parte de su padre y entonces Luisa ve a Carlos como un amor y como una especie de protector. Pedro, el tío y hombre de la casa: hombre bruto, salvaje, machista donde su lema era "¡a las mulas y las mujeres… por la cintura!" Es un personaje detestable para el mismo Carlos quien en varias ocasiones se le enfrenta por su actitud hacia la familia y el respeto hacia él mismo. Carlos, hombre de ciudad y con educación repudia abiertamente las costumbres y cultura de su tío. Es un hombre bueno, romántico; aunque dice aborrecer el romance y las cursilerías; que está enamorado de su prima Luisa (rechazo esto de amor entre primos pero este tipo de cosas era normal en la época). Él actúa como juez en la novela y hace fuertes críticas a la sociedad, familia, iglesia e incluso la política de la época. Peonía es una novela llena de modismos venezolanos (el libro al final trae una sección donde aparece cada modismo empleado y su definición) y varias veces tuve que recurrir a este apartado, pues muchos modismos no los conocía a pesar de ser venezolana. Este elemento añadió un toque criollo a la novela y disfruté mucho leyéndolos. Para finalizar, debo decir que es una lectura que me gustó, que en muchas ocasiones me hizo reír y en otras enfurecer por todas las injusticias y la presión social a la que eran sometidas las mujeres pero el autor simplemente hizo un reflejo de la sociedad de aquella época.
Muchas veces al leer obras con tantos años de trayectoria, es posible encontrarse con fuertes y diferentes primeras impresiones. Sin embargo, en este caso, el libro y su historia me resultó entretenido, especialmente por cumplir con su papel de primera obra realmente venezolana, dotada con sus particularidades y esencia.
Como todo, tiene algunos aspectos que no me gustaron, por ejemplo: la apresurada e injustificada manera en la cuál se dan las relaciones amorosas, o la ausencia de contextualizacion política y desarrollo dentro de las dinámicas de poder gubernamental.
Pero, de igual manera contó con ideas y momentos de mi agrado, como: las ligeras críticas al sistema de gobierno y a la estructura religiosa, las descripciones sobre la naturaleza propia y variada de Venezuela, la inclusión de elementos tradicionales y propios del territorio, y que no imaginé el final que tendrían los personas tanto principales como secundarios.
Cómo estudiante de letras el libro y su estructura me parecieron simples, típico de la literatura costumbrista nacional. No hay ningún elemento en el que me interesara, incluso algunas veces lo sentí mediocre.
Cómo persona pensante del siglo 21, lo odie, no soporto a ninguno de sus personajes, pero bueno, eran otros tiempos.
Decidí darle una oportunidad a este libro en vista de lo corto que me pareció principalmente, lo compré hace un tiempo cuando decidí que debía empezar a darle más relevancia a la literatura de mi país de origen... pero la verdad es que dudo que se trate actualmente de un prejuicio infundado, porque la literatura venezolana costumbrista es algo que simplemente no puedo digerir con facilidad.
Romerogarcía lo deja claro desde un principio: debe mezclar la literatura con la política, la época lo améritaba, la situación lo améritaba... pero para mí no hay forma de querer hacer una "ensalada literaria", la literatura es lo que es, nadie puede definirla.
Es por eso que leí Peonía con interés indudable, pero no sin una terrible sensación de que eso podía ser mucho más que una mescolanza de la época, más que caricaturas de personajes, más que ideas radicalizadas... podemos ser más.
Por supuesto, no es una obra que pueda compararse con los tiempos actuales, contiene todo lo que era el venezolano post-independencia y todo lo que eso acarreaba: racismo, populismo, ideas de vanguardia pasadas de modas... lo único más actual es la obvia crítica en contra del sistema eclesiástico que se adelanta mucho a la época.
Las obras de "literatura" venezolana de este tipo son más históricas que nada, por eso sencillamente lo recomendaría al momento de querer "viajar en el tiempo" y ver a una Venezuela diferente a la de ahora, para conocer sus raíces, sus otros tonos, olores y sabores... porque de vez en cuando es verdad ese frase que dice: "recordar es vivir".
Peonía podría ser fácilmente catalogada como una tragedia romántica con matices criollos, más allá de su fin lúdico y aleccionador. Es una novela que estéticamente resalta por su tono naturalista, sencillo, lleno de exaltaciones hacia el campo venezolano. Es una respuesta hacia el tradicionalismo bárbaro de Venezuela, un llamado de atención hacia las peores costumbres de la nación -y que hoy día siguen a flote-. Gira, a mi parecer, en torno a la violencia, el choque de las ideas contra la fuerza; la tan llamada batalla literaria de "civilización barbarie". Es un producto de su época que, sin que me quede la menor duda, intentaba superarla, logrando ser un clásico de la literatura venezolana y un pilar fundamental para la conformación de nuestro concepto de nación.
La novela es entretenida , con un final trágico anunciado desde las primeras páginas. Utiliza el discurso y creencias venezolanas en su carencia, vistas desde un punto de vista citadino y, generalmente, mostrando lo peor del país, incluso tocando el racismo. El espectador verá por fragmentos un romance nacido de la nada, en el que los prejuicios y dudas lo llenarán hasta el final. Los diálogos, críticos en su mayoría, se hacen pesados y muy «en la mano del autor».
Considerada en el cánon nacional como la primera novela de tema venezolano, escrita además por alguien que más que literato era un provocador de oficio para quién la política y la literatura eran la misma cosa, actitud por cierto habitual en los escritores venezolanos del siglo XIX. En cuanto a la novela en sí, introduce también el que fue el principal tema durante finales de dicho siglo y que no es otro que la contraposición entre los valores del mundo rural y las nuevas élites urbanas, aderezada además con una trágica y cínica historia de amor que prácticamente fue copiada en muchas otras obras en los años venideros. Como novela siempre me ha parecido bastante pobre, y varias de sus contemporáneas me parecen ejemplos más recomendables para explicar lo que se estaba formando en el ambiente literario de su época, pero por algún motivo esta es la que se ha convertido en la referencia principal. No exagero cuando digo que Romerogarcía era más político que escritor, ya que dejó un gran numero de obras inconclusas después de su ajetreada vida.