El argumento o trama de Cubagua no parece complicado: narra la peripecia del doctor Ramón Leiziaga, «graduado en Harvard, al servicio del Ministerio de Fomento», que descubre algo así como los dobles de personajes contemporáneos, ubicados en el pasado remoto de Cubagua. Esa duplicidad no se limita a los nombres, sino que parecería que son las mismas personas ubicadas en dos momentos separados por el tiempo pero, a la vez, unidos por el tiempo. Es un hábil truco emparentado con el nominalismo en un juego especular: cada uno de ellos tiene el nombre del otro, pero le debe faltar en parte la realidad del otro. En la novela se funden y se confunden los planos temporales. La búsqueda y explotación de las perlas de ayer es la búsqueda y explotación del petróleo de hoy. De la antigüedad se presenta el Conde de Lampugnano, un aventurero inescrupuloso que logró para sí una concesión del Emperador para explotar las perlas de Cubagua con una máquina maravillosa, y que, luego de caer en desgracia, accedió a envenenar al conquistador Diego de Ordaz como precio de su propia libertad.
¡Cubagua, oh, Cubagua! Una novela con la que había tenido el gusto de toparme en otra ocasión pero que nunca acabé de leer, ¿Mis razones? Un poco de inmadurez lectora mezclada con esa desagradable sensación de “Estoy obligada a hacerlo”. Esa vez leí un solo capítulo, y más que una novela me pareció una mezcla engorrosa de descripciones de paisajes margariteños durante los años treinta. Por supuesto, como mencioné al principio, nunca acabé de leer así que no tenía idea del verdadero contenido que me esperaba aquellas ciento y tantas páginas con las que me topé una semana atrás.
Ahora, un poco acerca de Enrique B. Nuñez. Nació el 20 de Mayo de 1895 en Valencia, Venezuela; y aunque particularmente no nos interesa donde estudió la primaria o el bachillerato —estemos claros, sólo es algo que le interesa a fanáticos, a los que escriben un trabajo para la escuela y a su madre—, cabe resaltar que desde temprana edad fue un fiel adepto a las letras. Ejerció en diversas ramas del periodismo: Fue cronista, ensayista e historiador. Ah, y obviamente, escritor. Publicó en el año 1931 su obra consagradora “Cubagua” en París, Francia. Dicha obra se movía cronológicamente hablando en forma paralela a la época, es decir, un poco de dictadora Gomecista por aquí y otro tanto de la influencia extranjera como personificación de riqueza y capitalismo por acá.
Aja, bien, interesante el señor Nuñez pero, ¿Por qué se le considera uno de los grandes del siglo XX? ¿El papá de los helados en la prosa de ficción latinoamericana? Buena pregunta, y a ella una simple respuesta: Fue el primero en jugar con las líneas de tiempo y la mitología indígena en la narrativa. Y por si eso no te responde, bueno, viene siendo hora de que leas la novela tú también.
Bien, estoy segura que juzgar esta novela es una tarea difícil para cualquiera. A ratos la odias, luego te cansa, te marea… y mágicamente el final te atrapa y deja con la boca abierta como idiota. Es complicado discernir entre sí o no, pero creo que yo me inclinaría —aunque con cierto recelo y dudas— por el sí, me gustó. Es interesante como el señor B. juega con el tiempo, como lo dobla y corta y tuerce como un pedazo de plastilina. La obra es caótica sin duda, eso es algo que a ratos, como dije, odié. Quiero decir, está bien jugar con el tiempo, pero cuando ya no hay forma de que el lector entienda la novela, yo personalmente creo que hay un problema. Sin embargo, el ambiente que logra crear, ese del que se desprende increíblemente la vida y la magia, es hechizante.
Algo que Enrique Bernardo Nuñez si tiene a su favor es la profundidad de sus personajes, casi como basados en algo real. Desprenden vitalidad, realismo y eso me encantó. Ya no parecen sólo palabras, sólo nombres, se vuelven algo mucho más complejo que eso.
Así que bien, ¿Cubagua es un libro que deberían leer? Sí.
¿Les gustará? La respuesta varía en medida de que tan bien te levantes de los tanganazos de confusión que el señor B. te dé.
بعض القطع المفردة التي تعني الكثير ، والكثير الذي لا يعني اي شيء، طبع وزارة الثقافه له ونشره نوع من المأساة للفساد فيها، نحن منسيون في الفساد مثل هذة الجزيرة لكن على عكس نفطها الفساد لا يضيء المصابيح !
Con un vaivén entre el siglo XVI y el siglo XX, Núñez plantea que es posible repetir una historia dejando a un lado cuatro siglos de diferencia, donde la crónica colonial y la historia del petróleo se unen con más similitudes que las que parecen en un primer momento. De una manera magistral, une el origen de la isla y el devenir que recae en el período dictatorial de Juan Vicente Gómez y sus consecuencias, para demostrar que hay situaciones que trascienden el tiempo, en una isla que refleja y repite una historia condenada a ser un ciclo.
Busca revelar una conciencia colectiva que atañe a la condición y situación social e histórica del hombre en Latinoamérica frente a los países conquistadores de Europa en primera instancia, Norteamérica y posteriormente las dictaduras propias del continente, que buscan transformar la mentalidad de los pueblos, que el escritor presenta como la serpiente que se muerde la cola, pues nuestra historia parece devorarse a sí misma, como si el tiempo no transcurriera para nosotros, como si todo girara sobre sí mismo, como si las aguas pasaran siempre por la misma Isla.
Relectura de una de las grandes obras de la literatura venezolana, y una que sorprende además cuando descubres que se publicó en 1931 y que no se parece a nada de lo que se hacía en el país en ese momento. Quizás por ese carácter rompedor (que incluso presagia varias de las constantes del realismo mágico de décadas posteriores) haya sido ignorada en su momento hasta que fue rescatada por las vanguardias venezolanas de los sesenta. Pero alabanzas críticas aparte, la novela incluso se puede disfrutar desde una perspectiva superficial; un relato histórico en donde el pasado y el presente se mezclan en una isla llena de fantasmas que cobran vida, un no-lugar atrapado en una especie de bucle temporal de destrucción y un pasado mítico. De hecho me extraña mucho, y no soy el primero que lo dice, que la novela no sea reivindicada como ejemplo temprano de literatura fantástica en Venezuela. Un gran libro que da gusto redescubrir cada cierto tiempo.
Novela rara, la leí en un día. A veces me perdí, a veces releí un capítulo para agarrar el hilo, más de una vez me di cuenta que desconocía mucho de la mitología indígena de aquí, y por lo tanto a veces no entendía un carajo, y más de una vez, personajes que yo creía que estaban a gran distancia unos de otros, conversaban porque en realidad estuvieron juntos todo el tiempo.
Milagrosamente al terminarla todo encajó en su lugar y de 5 estrellas le doy 4. Bastante avanzada la novela (y el autor) para ser de 1931. Una segunda leída estando uno más ducho en mitología indígena creo que es 100% necesaria.
Una novela simplemente hermosa. El juego entre los tiempos en los que son narrados los acontecimientos de la trama los realiza de una forma bastante sutil pero firme. El uso de fuentes históricas para ilustrar detalles sobre uno de los primeros asentamientos españoles en el territorio es maravilloso. Quedé encantada.