Es un libro que rebosa de conocimiento, sabiduría y una serenidad contagiosa. Merece la pena leerlo poco a poco, reflexionando, analizándose a uno mismo y diseccionado su propia práctica.
No es un libro para aprender a meditar, porque eso sólo se puede hacer con la práctica. Sin embargo está sembrado de sutras, adagios, cuentos y vivencias que iluminan y guían los sentimientos, pensamientos y acciones.
Es de esos libros a los que merece la pena volver.