Considerada como la novela más floja del ciclo Dryco, tras leerla no es difícil entender el porqué. El principal problema es el argumento y su desarrollo, el típico enredo gibsoniano que parece que se lo haya pergueñado el propio Gibson en una servilleta durante una larga sobremesa entre efluvios de pacharán, whiskey de Kentucky y orujo de hierbas. Porque lo que en un principio es una idea interesante, la construcción de un mesías como herramienta de control social en un mundo que va deslizándose a toda velocidad hacia la más desquiciada ley de la selva (idea que Womack retomaría y desarrollaría más tarde en "Elvissey" con mucho mayor acierto), acaba desechada en favor del típico enredo cyberpunk de escaso interés. Es más, me pasé toda la novela esperando que arrancase un argumento que la novela te está prometiendo continuamente para dejarte con un palmo de narices en una resolución entre absurda y nihilista; en el mundo psicopático gobernado por la corporación Dryco la única esperanza que se puede ofrecer a una población desesperada reside en tirarse por la ventana. Tampoco el desarrollo es que sea trepidante, básicamente es una escena tras otra de gente hablando en oficinas en un intento de cubrir el otro interés de la novela, la de explorar los entresijos del poder corporativo y su naturaleza psicopática, naturaleza que acabará extendiéndose a todo el universo Dryco. Y los personajes no son especialmente interesantes, Lester Macaffrey, "el Mesías" es prometedor pero acaba diluyéndose ante un argumento que no le brinda ninguna posibilidad. Incluso un personaje mítico en "Ambiente", Suzie Dryden, cerebro detrás del conglomerado Dryco, no es más que una araña callada y aburrida que lee el periódico mientras va tejiendo sus redes de kingpin corporativo entre bambalinas.
En la parte positiva me ha gustado el tono entre melancólico y fatalista de algunos tramos de la novela (a pesar de las pinceladas de humor negro siempre habituales en Womack). Como ocurre en todas las novelas de Womack, "Heathern" también se nos presenta escrita en primera persona, y Womack refleja con acierto la personalidad derrotada y deprimida de Johanna, la triste amante del tarado amo de Dryco, Thatcher Dryden. En este caso, estando la novela ambientada en un período anterior a "Ambiente" donde Nueva York aún no es un caótico sindiós mezcla de un día cualquiera en Bagdad y "Superjail!", Womack descarta el womackspeak en favor de una elaborada prosa que se sintoniza correctamente la quejosa voz de la protagonista pero que se da de ostias con los dos o tres despojos de tópicos cyberpunk que lastran la novela y que ya no funcionan como sí lo hacían en "Ambiente". Incluso hay ratos en los que se intuye que hay otra novela mejor ahí dentro, una especie de diario cotidiano del futuro sin esperanza de los próximos cinco minutos, quizá la semilla de "Random Acts of Senseless Violence" cuando Womack logró deshacerse del tic argumental gibsoniano. Y finalmente me ha resultado de extraordinario interés los apuntes sobre el origen y la naturaleza gnóstica de los universos de la serie Dryco (y del mcguffin de "Neuromante", si nos ponemos), que más tarde tomarán relevancia al converger en "Going Going Gone", la conclusión de la serie.