Parodia feroz de la crítica literaria y construcción de voces improbables que se superponen en la más ordenada demencia, La Orquesta de Cristal es un texto único, inclasificable, un intento de narrar que se sustenta en milagros retóricos y miserias temáticas. Publicada en Buenos Aires en 1976, y desde entonces perdida para sus lectores en Chile, esta novela del poeta Enrique Lihn acosa con humor hilarante las mayores empresas humanas y su apoteosis en el siglo XX: el arte, la política, la economía, la ciencia, la historia, el sexo, el amor y, por cierto, las palabras, que se despliegan aquí con un goce irónico incomparable. Don Gerardo de Pompier (aquí De Pompiffier), Germán Marín y Heinrich von Linderhofer son algunos de los disfraces con los cuales el maestro de la lengua que es Lihn se trasviste para componer un texto sorprendente que socava las nociones mismas de obra y de autor, y que delata hasta la maravilla la ridiculez de cualquier discurso.
Enrique Lihn Carrasco was a Chilean poet, playwright, and novelist. The son of Enrique Lihn Doll and María Carrasco Délano, he married Ivette Mingram and they had one daughter: Andrea María Lihn Mingram, an actress.
Born in 1929 at Santiago, Chile, Lihn aspired to be a painter but after a failed attempt during university, he abandoned that dream to pursue writing. Lihn proceeded to develop into a poet, playwright, and novelist. He taught literature at the University of Chile. Lihn views both the past and the future as forms of death, and his emphasis on this point is evident throughout his literary works. His work revolved around his contempt for the contemporary dictatorship, as Chile was governed by a military junta. Works layered with social, political, and religious commentary are common throughout Lihn's canon. His final book, Diario de Muerte was written in the six weeks preceding his death from cancer in Santiago, and the evening before he died, he corrected the proofs.
Es el primer libro que tiene más banderitas en las notas que en el texto mismo. Entraría en el estante de los libros que me han hecho reír en lugares públicos a carcajadas. Si Lihn en sus poemas es trágico, aquí en la prosa despliega toda la comedia. Lo amé. En partes me hizo recordar a Pessoa, Borges y Lezama Lima, a todos a la vez y a ninguno en particular, pero al final era siempre su estilo. Argumento ridículo, referencias ridículas, todo es una burla al quehacer de los críticos y los historiadores de la cultura, a los creadores, a las dicotomías de capital/provincia, a las nociones de cultura y al dinero en las artes. Y todo lo anterior, hace del ridículo algo incisivo y lúcido. A veces lo sentí hasta serio, como que entre tanta tontera se pusiera serio - qué poco Lihn mi dicotomía- No sé, yo creo que Lihn fue un genio, y no voy a seguir floriándolo porque me voy a poner comparativa y no quiero salir con ningún carril, tipo: Parra, who?