Tu vida puede cambiar por completo en una sola noche. L., una mujer de cuarenta y dos años y madre de dos niños pequeños, despierta en medio de la noche. Un ruido ensordecedor inunda la habitación. "Debe ser R. lidiando con el insomnio, como siempre", piensa. Sin embargo, tras unos pasos llega un golpe seco; él ha caído al suelo. Lo que parece una escena excepcional se transformará en una película que nadie querría protagonizar. Tras largas horas de espera bajo tubos fluorescentes y pasillos estériles, el equipo médico confirmará lo su marido sufrió un ataque cerebrovascular y sus probabilidades de seguir con vida son escasas. Así inicia La noche del nunca más, una obra inclasificable, tan delicada como dolorosa, que narra –rompiendo el sentimentalismo de la frase hecha y el lugar común– el duelo, la rabia y las contradicciones de una mujer que ve frente a sus ojos el abismo. Heredera de la tradición de hacer de la vida una materia literaria, la narradora encuentra en la literatura, el cine y la música un refugio y una manera honesta de sobrellevar el dolor y la incertidumbre, y de revisitar el accidente que ha puesto en jaque su matrimonio. En su cuarta novela, la periodista Lyuba Yez se aventura con una obra valiente y brutal, donde el minuto a minuto de una experiencia extrema toma al lector para no soltarlo.
Duelos existen muchos. Tipos de despedidas, como la muerte o la separación. Pero en caso de un accidente ese duelo mezcla los dos anteriores: algo fallece y se escinde.
Lyuba Yez decide repartir su año en las cuatro estaciones, proponiéndonos una forma de lectura que no tiene mucho que ver con lo estacional o climático (no se cuela de manera significativa el que afuera los árboles pierdan sus hojas, que renazca el calor o que la navidad es infernal en Santiago de Chile), por lo que sigo desentrañando el motivo de esa decisión.
Otra particularidad es que se lee muy permeada por otros autores que han datado la “pérdida” o el duelo. Intercala lecturas (a estas alturas, una suerte de Canon formado por Virginie de Vignan, Joan Didion, Piedad Bonett, etc.) y nos lleva a las lecturas de esos libros fundacionales pero sin atisbos de novedad. De hecho, el lenguaje de la autora carece de imágenes connotativas y alegóricas. Es una carta de sencilla y llana lectura. No hay aspavientos literarios.
¿Por qué, entonces, clasifico este libro con 4,5 ⭐️? Porque es refrescante leer a una autora chilena saliéndose de los márgenes del buenismo para aceptar, abrazar de la manera más incorrecta, desmaquillada y solemne posible, que está sobrepasada. Que los suyos no lo son tanto. Que el amor se pone a prueba y que la incondicionalidad debe partir por uno. El temblor en la voz se oye en sus palabras: el desquiciamiento de no conocer nada sobre el futuro.
Es un libro portentoso al que hubiera editado con más detención. Algunas frases podrían haber sido citadas después por otros autores. Pero el amor está contenido en las acciones de esta novela. Las palabras son puentes y urgencias.
Valoro la narración sin ese positivismo tóxico que tantas veces nos toca leer. No hubo en estas páginas ninguna intención de darle sentido a lo que les pasó. Interpela a la familia, pese a que es políticamente incorrecto hacerlo. Pero para mi fue excesivo, demasiada negatividad en las hojas. Quizás al final es más esperanzador, pero me sonó repetitivo, sin mucha profundidad en los sentimientos. En algunas partes me faltó fluidez y me perdí en detalles triviales y lentos. Me pareció más una forma que tuvo la autora para decir todo lo que no se atrevió a decir, lo que repito, se agradece tanta honestidad, pero creo que no esta bien lograda
contra todo pronóstico, me gustó bastante. al principio me pareció una historia muy repetitiva; todo el tiempo dando vueltas sobre las mismas ideas (lo cual me parece una afirmación muy fría, considerando lo doloroso de la trama). Sin embargo, pese a que considero que pudo haberse resumido mucho más, está escrito de una manera tan amable y cercana, que ya pasando la mitad del libro se lee sumamente rápido. Contiene muchas citas y recomendaciones de libros y películas que te mantienen aún más expectante, con frases y reflexiones precisas. me recordó bastante a “Los abismos” de Quintana, no tanto por el contenido, sino por algunas similitudes y reflexiones respecto a la maternidad y la categoría mujer=madre, algo que he visto muchísimo en las últimas novelas que he leído y me parece un patrón súper interesante que se está cuestionando. Recomendado.
la noche del nunca más habla mucho sobre el duelo, pero sobre todo de ese duelo que no viene de una perdida total sino de una versión o una parte de alguien.
la primera parte (invierno) es la más potente. más adelante siento que se pierde un poco el hilo pero la autora es muy consciente de eso. pasa de ser una reconstrucción de hechos a una forma de desahogo, de citas y de escenas que intercalan un antes y un después.
siento que a ratos es difícil de leer porque te atrapa el espiral emocional en el que cae. tb siento que me cuesta describir la prosa. es cuidada, correcta.
es de esos libros que recomendaría solo si es que están bien parados. me produjo algo similar a la campana de cristal: sus preocupaciones empezaron a hacerse mías tb. duro.
pd: y leyendo otras reseñas encontré palabras que creo que lo describen mejor: repetitivo y agobiante pero honesto.
en la noche del nunca más, lyuba yez nos relata la historia de cómo su marido, R., sufre un accidente cerebrovascular que afecta su vida entera. con un relato vulnerable, la autora nos revela los pensamientos y sensaciones que no puede verbalizar.
he leído muchos libros sobre el luto (y puedo declararme fan del género, supongo que mi lejanía de la muerte hace que despertar una especial curiosidad por ella), y creo que ninguno me había afectado tanto como este. el luto en esta novela no es como en otros: el luto se vive desde la pérdida del ser amado, del pasado, el hoy y el futuro, de ti mismo, del nosotros y, es eso, precisamente, lo que lo hace más doloroso.
me gustó mucho la brutalidad de los sentimientos retratados, los relatos del inicio de la historia de L. y R. (¿quién diría que terminaríamos así?), y las citas de otros libros.
Ha sido una lectura devastadora emocionalmente. Un inicio que me atrapa en la preocupación y la incertidumbre, y en la posibilidad... en la lamentable posibilidad. Creo que ahí es donde más logra conectar la autora, en que es algo que podría sufrir cualquiera de nosotros, que algún ser querido sufra un accidente y de pronto "clac" todo se derrumba.
Cómo vivir con ese dolor y qué se hace, se siente y se piensa en ese proceso es lo que nos comparte Lyuba con una narración que me pareció totalmente auténtica. Un fragmento de su vida expuesto a los lectores, la de su vida y la de su marido, las penas de los niños, la familia y los amigos.
Lloré desde el inicio ante el derrumbe y el asombro, ante el duelo y el cuestionamiento angustiante de esta nueva vida, del cambio y del amor, o de la distancia, de los niños y los llantos ocultos, de las rabias contenidas y la sensación permanente de un dolor de haber perdido un paraíso y no poder recuperarlo...ahí nuevamente el llanto.
Solamente podría decir que me alejé un poco del relato por la inclusión de citas, que al principio me aportaron comprensión, luego me pareció excesivo y después pude entender el por qué de esta búsqueda de consuelo entre los libros de pérdida y dolor, porque esta era la terapia de la autora para sanar e intentar sobrellevar lo ocurrido, y ahí uno no puede más que empatizar y comprender algo que no ha vivido y que tampoco quisiéramos vivirlo.
"Me daba igual si rezaban, si prendían velas, cargaban piedras o le hablaban a la Pachamama; necesitaba fuerza de alguna parte, por que a mí no me quedaba mucho más que el miedo y la boca seca."
"Para mí, el mundo debía parar; seguir respirando y que las horas avanzaran me parecía hasta inmoral"
"Hoy, aquí, escribo sobre la muerte y el duelo. Sobre la fragilidad. Sobre lo sola que me siento, sin saber qué haré con esto, si será algo que guardaré en el armario o en un disco duro, o si dejaré que alguien más lo lea, activando el freno."
"A veces, cuando algo se cae y se quiebra, creemos que escribirlo, que darle forma, voz y otra vida, puede salvarlo, o salvarnos".
"Buscamos respuestas, rebobinamos, volvemos al presente, viajamos al pasado otra vez, frenamos la vida para reconstruir el evento traumático; detenemos el duelo y nos detenemos también, porque avanzar es aterrador."
"¿Y después? ¿Qué pasará después? Lo cierto es que no lo sé. Me ha dado vueltas largamente la pregunta sobre el futuro y nada, ese futuro no está, al menos ese que imaginé. Debimos ser felices en la vida que alguna vez dibujamos en nuestras cabezas, pero no podemos serlo ante un proyecto quebrado. No se puede y tal vez no sea bueno insistir en eso".
Creo que sería un error decir que soy una lectora imparcial de este libro, o que no llegué a él por circunstancias sumamente personales, pero sí opino que es uno que vale la pena.
Al haber experimentado una situación tan similar a la de L y su familia, era imposible no verme reflejada todo el tiempo en los pensamientos de incertidumbre de la protagonista, en las rabias y penas, en la sensación de ser alguien egoísta o poco empática, en querer dar cuerpo y alma para que la persona se recupere, en cuestionarse “¿cómo se procesa esto? ¿Cuáles serán sus efectos en mí?”
Una de las cosas que más me gustó del libro, fue su ritmo y la sinceridad de la autora. Sí, parece como si estuviera leyendo su diario de vida, pero eso no lo vuelve menos envolvente. Al contrario, diría que hace la experiencia mucho mejor porque es real, es humana.
Es una historia que merece ser contada, no sé si para concientizar del tema, o para dejar en papel lo que viven los familiares de las personas que pasan por esto, para hablar de este duelo que existe respecto de su figura aunque ella siga ahí.
Siento que es un libro muy fresco en cuanto a la situación y se nota. No es un relato lento y reflexivo, cargado de años de sabiduría y experiencia y eso me gusta. Definitivamente no tiene todas las respuestas, pero tampoco pretende tenerlas. Lo sentí muy propio a mi situación como hija de alguien que vivió lo mismo. La verdad es, que hasta el día de hoy no sé cómo sentirme con todo lo relacionado a este suceso, y me cuestiono si mis ansias por salir del sufrimiento ligado, es la decisión correcta, lo que se supone que debo hacer, o si simplemente estoy postergando lo inevitable. No sé, al igual que L, pretendo enfocarme en el presente y en lo que vivo ahora, más que en lo que perdí o me gustaría hubiera ido diferente.
En fin, como les cuento, se trata de una opinión súper sesgada y supongo que eso está bien. A veces los libros no son para todos, basta con que toquen el corazón de algunos pocos. Y eso fue lo que me pasó a mí.
Edit: última cosa que casi se me olvida, creo que fue maravilloso el apoyo y cariño sentido por esa otra familia que es la elegida; los amigos. Que lindo ver esa representación en vidas adultas, donde tanto miedo nos meten con que la carrera y los hijos te aislan de esas comunidades tan (para mí) fundamentales. ¡Precioso!
Dramática Vivencia de mujer que le toca enfrentar un repentino ACV de su marido, donde describe de manera muy "real" sus pensamientos , sentimientos y relaciones con su etornos familiares, amigos, trabajo, medicos, etc., a partir de la enfermedad de su marido Personalmente me llegó muy profundamente , incluso me sentí de una u otra maner identificado con el marido.
Tu vida puede cambiar por completo en una sola noche. L., una mujer de cuarenta y dos años y madre de dos niños pequeños, despierta en medio de la noche. Un ruido ensordecedor inunda la habitación. "Debe ser R. lidiando con el insomnio, como siempre", piensa. Sin embargo, tras unos pasos llega un golpe seco; él ha caído al suelo. Lo que parece una escena excepcional se transformará en una película que nadie querría protagonizar. Tras largas horas de espera bajo tubos fluorescentes y pasillos estériles, el equipo médico confirmará lo su marido sufrió un ataque cerebrovascular y sus probabilidades de seguir con vida son escasas. Así inicia La noche del nunca más, una obra inclasificable, tan delicada como dolorosa, que narra –rompiendo el sentimentalismo de la frase hecha y el lugar común– el duelo, la rabia y las contradicciones de una mujer que ve frente a sus ojos el abismo. Heredera de la tradición de hacer de la vida una materia literaria, la narradora encuentra en la literatura, el cine y la música un refugio y una manera honesta de sobrellevar el dolor y la incertidumbre, y de revisitar el accidente que ha puesto en jaque su matrimonio. En su cuarta novela, la periodista Lyuba Yez se aventura con una obra valiente y brutal, donde el minuto a minuto de una experiencia extrema toma al lector para no soltarlo.
Brutal como pocas novelas que he leído. Las referencias a otros libros y a escritores que han relatado el duelo, sobre el dolor y la desesperanza me daban un respiro de lo asfixiante que era mantenerse leyendo sobre la pérdida de L. Pág 126: ‘No sé rendirme. O no sé dejar de sufrir.’ Pág 129: “Para mí el dolor es dolor no más.” Pág 170: “He aprendido algo? Sí, que el dolor es solo dolor. Punzante, sádico e invasivo.” Pág 187: “Hasta cuándo voy a rebelarme contra lo que pasó? Cuándo lo asumiré? Cuándo me voy a acostumbrar?”
Es difícil calificar con nota relatos tan íntimos como éste, en que la autora narra en detalle cómo vivió un momento tan complejo. Sin empatizar con ella desde el rol de esposa y madre, su historia logró sobrecogerme.
Uff no me gustó este libro, no quiero desmerecer la historia y el dolor de lo vivido, tampoco opinar porque podría parecer incorrecto, pero como novela, nada y vaya que he leído libros de duelo.
Crudo. Honesto. No puedo decir que es bueno ni bonito, porque la experiencia detrás de su historia es algo que no se puede clasificar así. Pero lo real, me atrapó y a ratos me quitó la respiración.
Conmovedor, brutalmente humano. El dolor y el amor en toda su expresión, las dudas, el cansancio, la soledad, la compañía, el afecto y todo lo demás. Imperdible.
Este tipo de libros que basan su desarrollo en la introspección de la protagonista me fascinan. Un libro honestisimamente denso, y en eso radica su valor. Lyuba Yez narra situaciones durísimas en las que, lejos de ser complaciente con lo “correcto”, rompe con la floritura y cimenta una prosa descarnada, real, que duele, que por momentos quema como si de nosotros se tratase ver a nuestro compañero de vida como nunca lo imaginamos, irreconocible, irrecuperable.
Se me hizo difícil la lectura no por que sea un libro difícil de leer en términos literarios, pero sin duda lo es en términos emocionales. Mas de una lagrima derramé por los pasajes en los que la desesperación de la protagonista traspasa la tinta. De hecho, creo que ese es el concepto para el libro: desesperación. Una desesperación constante porque cada pagina es una incertidumbre, una realidad distinta e inevitablemente desgarradora. Valoro que la autora no se quede en las frases para el bronce ni en grandilocuencias motivacionales en un caso donde claramente corresponde querer mandar todo a la mierda. Se podría alegar que la trama no tiene arco, que es ciertamente plano, pero qué más se puede pedir. Este libro es un manifiesto a la catarsis, una oda a la desesperación de una mujer que, aún acompañada, batalla con la soledad.
“No va a pasar nada. Tú eres fuerte, Dios sabe a quién les manda a estas cosas, a los que las pueden soportar. Y tú puedes porque eres fuerte, me insistieron. Váyanse a la mierda” Pagina 177