«Princesa, esto no es una carta para vos (¿qué te puedo decir que ya no te haya dicho, de bueno y de malo?), sino que, como otras veces, utilizo tu imagen de interlocutor privilegiado para desarrollar mi monólogo de búsqueda, buscando precisamente que tu imagen me ayude a no salirme demasiado de la razón». Entre 1987 y 1989, mientras Mario Levrero vivía en Buenos Aires, trabajando en revistas de crucigramas para conseguir el dinero suficiente que le permitiera comprar lo que más tiempo para dedicarse a escribir, inició un romance con Alicia Hoppe, quien había sido la mujer de un viejo amigo y, más tarde, su médica personal, que lo acompañó durante años en sus devenires psicosomáticos. En ese momento, ella residía en Colonia, y estas cartas son testimonio del inicio y crecimiento de ese amor adulto y, también, registro literario de las obsesiones, temores e ilusiones de un singular escritor, con un poder de observación y análisis extraordinario. Este libro inédito existe gracias a la cuidada edición de Ignacio Echevarría y a la generosidad de Alicia, quien, como en aquellos años, una vez más despertó el alma rezagada del escritor, que a veces se perdía en sus propios laberintos
Jorge Mario Varlotta Levrero, más conocido como Mario Levrero fue un escritor, fotógrafo, librero, guionista de cómics, columnista, humorista, creador de crucigramas y juegos de ingenio uruguayo. En sus últimos años de vida dirigió un taller literario.
Jorge Mario Varlotta Levrero, born in Montevideo in 1940 and died there in 2004. Before becaming a cult writer and being considered as a master by many of the best writers in Latin America, Levrero first was a photographer, bookseller comics script writer, humorist, crossword author, creator of brain games. In his later years, he directed a literary workshop.
Levrero’s writing, structured around humour and unease, takes the form of a clean prose based on the psychological that has been characterized as “introspective realism”. His major work La novela luminosa was released posthumously. Another of his most remarkable novels was the involuntary trilogy, formed by the titles La ciudad, El lugar and París
Also, he authored an extensive body of literary work which includes journalistic writing (some of the best articles are to be found in Irrupciones I and Irrupciones II), short stories, novels and essays.
Levrero hated interviews and prologues, loved cinema, he was so interested in self-hypnosis, believed in telepathic phenomena, read about Zen, addicted to computers, loved science, hated being addressed in the “usted” form, could not abide solemnity in general, read detective novels even at breakfast.
Para el lector de la Novela Luminosa y el Discurso Vacío esta obra es fundamental. Es la génesis de las obras magnas de Mario Levrero.
Cartas a la Princesa reúne la correspondencia que el autor envió por dos años desde Buenos Aires a su mujer amada radicada en Uruguay.
El género epistolar es el terreno ideal para que los pensamientos y emociones fluyan libres; no se escriben las cartas con el objetivo de publicarlas. Surgen así, frescas y sin inhibiciones las manías y obsesiones de Jorge Varlotta (Mario Levrero), su inestabilidad e intensidad emocional tratando de conquistar con sus mejores armas a Alicia.
Es un deleite para un seguidor y admirador de Levrero que este material haya visto la luz. Es una entrada al cerebro de este hombre loco y enamorado, un pasaje al inconsciente del gran escritor uruguayo.
Mario es humano. Durante su estadía en el otro lado del Río de la Plata se sentía con su mundo a cuestas, agobiado por no poder escribir literatura, encerrado en un trabajo rutinario y con dolencias físicas constantes. Estas cartas lo ayudaron a sobrellevar su existencia y de paso nos abren su mente y su corazón.
Que lindo hubiera sido compartir una milanesa con Jorge...
Misivas como ejercicios de autoanálisis, llenas de lamentaciones, sueños interpretados y ataques de hipocondría. Cartas arrojadas a la persona amada a modo de reproches, intentando acotar una “relación” que no sea sólo “piel y sexo”, el autor reconociéndose frágil, incluso patético, como un bibelot que el otro deposita en la estantería para su disfrute.
En resumen, otro ejercicio de literatura del yo, disciplina en la que Levrero es un maestro.
Imagina que convences a tu doctora de cabecera para convertirse en tu psicóloga. Y luego en tu amante. Algo así le sucedió al escritor de culto uruguayo Mario Levrero, sobre quien escribo hoy.
Levrero tiene aquí sentencias geniales, pero muchas veces se pierde intentando sostener ese doble discurso entre la ironía constante y el autodesprecio que tanto lo caracteriza. Preso de sí mismo, siempre.