El fuego, las llamas, el incendio, la combustión, las brasas, las cenizas... Presentes en cada relato, de forma real o metafórica como forma de explorar a una generación atravesada por la insatisfacción y el descontento, por la prisa, por el deseo inmediato, por la decepción y la frustración, por la precariedad.
Historias y personajes que muestran vidas quemadas, a veces al límite, con una narración directa y sin filtros, impactante y cruda, a veces surrealista. Lidia tiene una voz muy personal y no se anda con eufemismos, expone escenas en donde apenas hay luz y la dura realidad se impone ante todo, a veces con un tono más cínico, otras afilado y mordaz, también algunos con una sensación de derrota, pero siempre con una identidad y estilo muy marcados.
He ido leyendo los relatos a sorbitos, intercalándolos con otras lecturas, porque la mayoría me transmitía una sensación de inquietud y desasosiego que se quedaba impregnada. Supongo que esa era una de las intenciones de la autora y es algo que valoro porque no es tan fácil de conseguir.
Como casi siempre en libros de relatos unos me han parecido más buenos que otros, algunos se me han hecho bastante olvidables pero han habido unos cuantos en concreto que me han impactado mucho y me han dejado pensando unos días. En general creo que todos tienen 'algo' y son de los que no dejan indiferente.