En el Chile del Centenario, Recabarren realiza un crudo y desalentador diagnóstico de la situación moral, social e intelectual de la sociedad chilena, no obstante el empeño declarado de los gobiernos republicanos por incentivar un pretendido progreso hacia la modernidad. Recabarren desnuda aquí las condiciones de vida de las clases populares y medias, y los diversos vicios de toda índole y origen que impiden un desarrollo igualitario y equilibrado para todos los ciudadanos: la descomposición del orden social que condena a una buena parte de la población a la miseria, la corrupción moral y la ignorancia, mientras la burguesía se enriquece impúdicamente.
Me impresiona mucho el hecho de que sigan tan vigentes las problemáticas sobre las cuáles Recabarren reflexiona en 1910. Resulta de hecho un tanto frustrante que a más de un siglo las cosas hayan cambiado tan poco, especialmente para la clase trabajadora. Algo que me llamó la atención es su análisis sobre la cárcel debido a que hoy en día es un tema bastante discutido. Respecto a las fiestas patrias me parece muy bien su análisis, sin embargo, difiero de su conclusión. Al leerlo pensaba mucho en lo que dijo Pedro Lemebel “la gente merece celebrar, porque este país no tiene carnaval”, a pesar de que estoy de acuerdo en que no hay nada que celebrar es lindo ver a la gente feliz y contenta, esos momentos escasean y se agradecen.
Conferencia de Recabarren para el pseudocentenario de 1910, muy elocuente respecto de la basura en la que aún estamos. Una voz precisa y al mismo tiempo un documento histórico. Se lamenta el pobre desempeño de la editorial, cuya labor parece desapercibida en varias páginas.
Desde el centenario al bicentenario no ha cambiado mucho la verdad, el costo de la vida se sigue incrementando, mientras el valor del trabajo se reajusta muy por debajo. La división de clases se acentuó así como sus ingresos. El logro fantástico fue convencer a los más humildes que "cuiden al patrón", porque les "da trabajo" casi como un acto de benevolencia, mientras que la verdad es que el patrón necesita de esa mano de obra para conseguir ganancias y está dispuesto a pagar lo mínimo posible por la hora hombre y apenas pueda reemplazarla por maquinaria lo hará, siempre cuidando de marginar el máximo posible. Las condiciones materiales miserables de hacinamiento en los conventillos de la ciudad se repiten hoy en las tomas y en los mismos conventillos con migrantes. Me sorprendió mucho los extractos de leyes que destinaban azotes o multas monetarias según "la clase", que humillante. Hoy sigue vigente el discurso, porque las diferencias de fondo no se atendieron, somos un país muy desigual, más hoy que ayer, en el cual la mal llamada "elite" aún no está dispuesta a construir una sociedad para todos inclusiva y un poco menos miserable; con mucho esfuerzo se han avanzado políticas de maquillaje y humanización del modelo victorioso impuesto en dictadura, mientras se anestesia a la población con discursos de odio contra los migrantes, redes sociales, farándula y crónica roja. Lamentablemente los partidos abandonaron también sus funciones y ya no organizan a la sociedad, no tienen presencia y han pavimentado el camino a figuras televisivas y de redes sociales que se impongan con discursos facilistas y vacíos.
108 años han pasado y parte del relato sigue totalmente vigente e inamovible, siendo una realidad perenne. Los problemas que describe se adelantan a las mediciones y soluciones planteadas hechas casi medio siglo después.
No todo sigue igual porque cambios importante ha tenido el país, pero el raigambre de burguesía que el critica ahora tiene otra forma de actuar y de pensar. Y los conventillos vuelven nuevamente.
Para clase de historia de Chile siglo xx. Los temas todavía tienen razón. Me parece vigente para Chile ahora, y también los estados unidos. De una perspectiva socialista, él muestre el problema de la desigualidad y la represión de clases trabajadores.
increíble como la mayoría de las ideas planteadas criticando la sociedad chilena para el centenario de la republica sean igual de validas pasado el bicentenario de la misma
Buenísimo texto. Deja con un trago amargo, porque a pesar de ser el año 2015, nulas cosas han cambiado, y las que lo han hecho, son la apariencia, pero el trasfondo que aquí se relata, parece mantenerse inmutable. Un buen libro para reflexionar cada vez que celebramos las fiestas patrias o alguna elección gubernamental.