Es una verdad universalmente reconocida que cuando has leído obras maravillosas de algún autor o autora, novelas bien escritas y muy bien ejecutadas, y de pronto te encuentras con una del mismo autor que no tiene modo alguno de salvación, esta se convierte automáticamente en una total y absoluta decepción.
Mi caso con esta novela fue exactamente ese, una completa decepción que espero dejar olvidada en el rincón de los libros decepcionantes.
De entrada, con este libro doy por concluido aquel reto que me propuse desde principios de año al leer una historia al mes de Ágatha Christie bajo el nombre de “Los siete pecados capitales”, donde tuve la fortuna de encontrarme con muy buenas obras, otras más regulares y con ésta, una de mis peores lecturas en lo que llevo del año.
Séptimo pecado capital: La gula
Pero ¿en qué falla
En el hotel Bertram
?, y aquí me debería hacer una pregunta mejor: ¿en qué no falla? Porque en mi opinión, todo el libro es una secuencia de errores hasta que al final no logra salir a flote; es más, se termina hundiendo.
En primer lugar, la historia no tiene pies ni cabeza; nunca (y lo diré tal cual lo sentí), pero nunca me enteré de cuál era el crimen o caso a resolver. A la mitad de la historia (no antes) ocurre una desaparición y a nadie parece importarle. Posterior a eso, intentan relacionar un crimen cometido en un tren con un hotel —el hotel Bertram—, pero la manera de ejecutarlo es tan mala que uno no se lo cree. En verdad, cada pista, cada sospecha parece ser puesta en escena por el poder de la casualidad.
Luego, está el abundante relleno de este libro, le sobran al menos la mitad de las páginas y eso es aproximadamente, yo diría que mínimo dos tercios del libro están de más. Personajes que aparecen y no aportan nada a la historia, pequeñas pistas que se dan y no vuelven a ser tomadas en cuenta en toda la novela, datos que no tienen ningún sentido. Además, yo no entendí nunca qué pintaba la comida en todo esto; salvo una pista relacionada con comida (que al igual que muchas, no se sabe si fue verdad o no y se termina dejando de lado), todos los personajes comen, desayunan, almuerzan, preparan de comer, hornean, y es estar leyendo relleno y más relleno; básicamente aprendí qué suelen comer los ingleses durante todo el día, pero ¿aportó algo a la trama? Pequeño “spoiler”: absolutamente NADA.
Ahora, la confesión del supuesto culpable (porque sí, el caso no se resuelve al final; queda inconcluso), que confiesa el crimen por el poder de la conveniencia y porque ya faltaban menos de diez páginas para terminar el libro, me hizo darme cuenta que la autora no sabía cómo terminar su historia. Además, el hotel Bertram tenía mucho potencial para ser usado en muchos aspectos (lo cual no sucede, está ahí como adorno), pero su supuesta relación con el caso es absurda, no hay forma de que nunca se hubieran dado cuenta de lo que estaba pasando.
Y la cereza sobre el pastel: miss Marple. Nunca había visto que un autor desperdiciara y destruyera a un personaje tanto como sucede en este libro. Básicamente miss Marple fue relegada al papel de una persona entrometida y que le gusta escuchar conversaciones ajenas (porque sí, sin ningún motivo aparente; de hecho cuando lo hace aún no pasaba nada sospechoso) y la otra mitad de sus apariciones —si sale ocho veces en todo el libro es mucho— se la pasa haciendo calceta. ¿Por qué? Y entiendo que miss Marple no es una detective en el sentido estricto de la palabra, pero es que darle un papel tan superficial e innecesario no tiene sentido.
Yo creo que si no hubiera aparecido en la novela nada habría alterado a la ‘resolución’ del caso, y hasta hubiera evitado que me llevara esa mala imagen que se le imprime al personaje en esta historia.
En fin, hay muchas cosas más que no me gustaron de este libro; quizá lo único que me motivó a terminarlo fue el hecho de que quería cumplir con mi reto antes mencionado y que además la lectura fluye, se lee muy rápido pero sin un fin en concreto.
Finalmente, no me queda nada más que aclarar que Ágatha Christie es una de mis escritoras favoritas y no por este pequeño (gran) tropiezo va a dejar de serlo; me temía que algún día pasara algo así, habiendo escrito la autora tantos libros en su trayectoria.
No hace falta decir que no lo recomiendo, ya mis comentarios hablaron por sí solos. Y claro, es posible que a alguien le termine gustando, todos podemos tener gustos muy diferentes.
En conclusión, mi mayor decepción en lo que va del año (no mi peor lectura, aclaro) ya tiene nombre y es
En el hotel Bertram
, pero qué se le va a hacer.