En Un puñado de cerezas, crónica íntima y hasta ahora inédita, el narrador se pregunta: «¿Por qué mi memoria conserva almacenadas en el sótano un montón de imágenes sin clasificar donde el miedo y la muerte son protagonistas?». Francisco Mouat husmea bajo los cimientos y recupera retazos de lo vivido entre los años setenta y ochenta: «Estudiar Periodismo en dictadura y comenzar a ejercerlo cuando Pinochet aún se mantenía firme en el poder fue una buena escuela. Me mostró desde el comienzo la precariedad del oficio». Además de acompañarlo en su paso por la revista Apsi y El Mercurio, accedemos a sus días escolares, apodos y primeros amores, tardes en el jardín de la abuela, el golpe visto por la tele, prejuicios que se transforman en chistes familiares, su experiencia formativa en la universidad. Son ochenta y ocho secciones de un texto trepidante y emotivo, que se posiciona en los puntos de intersección entre lo personal y lo público, entre el horror y la inocencia, entre una y otra oscuridad.
Una autobiografía tremenda escrita con simplicidad y honestidad. Sin buscar justificaciones, con todas esas pequeñas historias que definen una vida. Lindo libro.
Leí este libro de un tirón, aprovechando el feriado y la vida retirada en el campo por estos días de jolgorio nacional.
Francisco Mouat (1962) logra un relato autobiográfico honesto, lúcido, conmovedor.
Esta crónica se construye como una memoria personal y colectiva a la vez. Los recuerdos abarcan fundamentalnente el período comprendido desde el triunfo de Allende hasta los primeros años de la postdictadura.
Retrato de familia, años de formación, el oficio de periodista, los avatares cotidianos, en el contexto de uno de los períodos más violentos y trágicos de nuestra historia. Francisco Mouat logra fundir su propia biografía, donde revela distintas dimensiones de su existencia, con el horror que significó vivir en una dictadura, junto con la capacidad de asombro, de conciencia crítica, de necesidades humanas, de sentido o sinsentido de hechos y de circunstancias diversas.
Tono íntimo, confesional a ratos, combinado con el estilo agudo de un cronista ducho, no exento de sentido del humor ni de autoironía. No se puede dejar de mencionar el complemento de ciertos fragmentos de textos periodísticos, recortes de prensa y fotografías que dialogan y enriquecen el sentido de la narración.
Protagonista y testigo a la vez, Mouat revela y se revela en un cruce de lo público y privado donde cada lector o lectora podrá situarse desde sus propias vivencias, recuerdos o conocimiento adquirido en ese marco histórico que nos sigue obligando a pensarnos y repensarnos como país, más allá del oropel, los juegos de artificio y otras mascaradas que intentan anestesiarnos o, como diría José Donoso, "correr un tupido velo". El final', el último capítulo, logra aplicar en forma brillante lo que el gran Cortázar le exigía al cuento: un triunfo por nocaut.
Leí un "Un puñado de cerezas" de Francisco Mouat y Ediciones Overol en lectura compartida. Y pienso que así debería ser, compartir estas cerezas entre chilenos y chilenas. Y hoy a 50 años del Golpe de Estado más que nunca necesitamos leer junt@s nuestra historia, recordarla, honrarla.
Este puñado de imágenes son los fragmentos de una historia, una crónica, una perspectiva de un momento histórico fundamental en Chile, los últimos 50 años, un poco más. Un periodista como Pancho comparte sus fotos literarias desde el compromiso, el humor, la emoción, la memoria.
Con la última cereza, la última foto de Rodrigo Rojas de Negri, no pude seguir leyendo. Vuelve a mí esta pena histórica. Mouat tiene esa lucidez que no es solo formal, es sobre todo una literatura de los afectos, Spinozianamente afectiva, toca el alma del lector
Gran libro. Es muy ameno, lleno nostalgia, humor y honestidad. Es una especie autobiografía, pero desordenada, no tan lineal donde Francisco Mouat cuenta algunos aspectos de su vida.
Pasan las amistades, el fútbol, la dictadura chilena, la revista APSI, el colegio San Juan y un largo etcétera. Siempre me ha gustado el tono de Francisco y las cosas que cuenta me son muy cercanas. Me es muy fácil empatizar con este libro, que por cierto recomiendo.
Al principio me costó enganchar por la situación de privilegio desde la que, yo sentía, narraba el autor sus vivencias. A medida que seguí avanzando en el libro, como siempre pasa con Pancho, la reflexión, la cercanía y la calidez del relato, en un contexto de dictadura que carecía de ello, me cautivó y conmovió. El final donde explica de dónde viene el "puñado de cerezas", me hizo sonreír.
Una mezcla de memorias personales, crónicas y alguna entrevista. Se lee fácil, rápido y si (como yo) eres contemporáneo de Mouat, te deja la memoria alborotada con recuerdos de tiempos difíciles.