Cortar cebollas nos invita a rumiar en las maneras que tenemos l*s lesbianas de entablar relaciones; en los modos de salir de esas relaciones cuando la incomodidad nos habita; y en las herramientas que hemos sabido construir como feministas no punitivas para pensarnos y reconocer la violencia.
muchas cosas me gustaron de este libro, entre ellos como está escrito.
las preguntas centrales y los cuestionamientos de este libro nos atraviesan a todas las lesbianas, o las mujeres que decidimos vincularnos con mujeres, exclusivamente o no. cuestiones como si existe una especificidad lésbica en las formas de vincularnos, a qué nos referimos al hablar de cuidado y qué afectividades construimos desde allí, cómo pensar la violencia entre mujeres sin caer en el punitivismo y la victimización. es un relato personal que deviene herramienta para pensarnos colectivamente.
si creo que hay ideas que quedan colgadas, no se explayan lo suficiente, o sin la argumentación necesaria y nos dejan ver la postura clara de quien escribe sin problematizar lo suficiente. entender que las cosas se escriben desde un lugar particular no es un problema para mi, la falta de argumentación de ciertos devenires conceptuales que construyen hipótesis sí. mi principal problema o diferencia con este libro fue la relación automática que se hace de la monogamia con el abuso y el amor romántico, sin, en lo que a mi respecta, el suficiente trabajo para construir y defender ese argumento.
lo que más me gusto fue lo que se discute alrededor de la categoría de víctima y como esta anula “una mirada política hacia esa sujeción vincular”, abogando por el abandono de este campo semántico que anula la agencia. la idea del callarse, del silencio, como una lugar posible en lugares donde la única escucha posible te anula. sin dejar de problematizarlo y preguntándose por las complicidades del mismo. proponiendo que de todas formas, no siempre la invisibilización de algunos maltratos “se combate con lógicas del espectáculo” y como estas usualmente acuden a lógicas punitivistas y revictimizantes. creo que el poder de este libro es la posibilidad de pensar lógicas fuera del punitivismo y mover la mirada hacia las ideas de reparación, teniendo como bases la responsabilización por el daño y la reparación, interpersonal y comunitaria.
Posibilita algunas reflexiones de aquello de lo que nunca se habla. Eché de menos otras tantas más. Pero la responsabilidad de ello tendría que ser colectiva, no de un libro que ya apunta y señala algunas cuestiones. Juntémonos.
Pienso, ¿y si sí se quiere/se necesita ser punitiva, qué? ¿Si las propuestas del antipunitivismo no encajan en el dolor y se sienten como una cronificación de la situación hasta que parece que ya no es importante (para el resto, no para una misma)? O como dice el libro: "¿Y si no l* quiero o puedo ver nunca más?"
Cortar Cebollas es un ensayo breve sobre la violencia y el maltrato en las relaciones lésbicas y la forma en que las comunidades feministas y las comunidades lésbicas en sí reaccionan frente a esto.
También menciona, aunque sin adentrarse demasiado, la red de vínculos —demasiado ajustada por momentos— que solemos tejer y cómo esto hace que en ocasiones, alguien que elige apartarse, desafectarse o tomar un poco de distancia termina cargando con el hecho de "haber herido o quebrado a ese grupo/comunidad", la costumbre, el espacio pretendidamente seguro y/o aislado.
Cortito y contundente, deja más preguntas que respuestas. Todo lo que invite a reflexionar y no cae como una espada de la única verdad, para mí, es bienvenido.
Leer en voz alta con otras personas fue lo más maravilloso de leer este libro; nos puso a reflexionar mucho y conectamos desde nuestras experiencias respecto a estos relatos.