Tercera edición revisada y ampliada de Crónicas de sangre, sudor y lágrimas de Leonardo Haberkon
Para Leonardo Haberkorn escribir es profesión y pasión: con solvencia controla esta última y la desata en el lector, que queda atrapado por su mirada perspicaz y a veces cáustica.
Sentimos la chirriante fricción de la locomotora con los rieles —superpuesta a los gritos de aliento— momentos antes de la ópera trágica montada por un programa de televisión que tuvo un final letal en Young. Vemos la trasmutación de un descubrimiento científico, la quita de la condición de planeta a Plutón, en una tramoya de alta política y diplomacia. Nos compadecemos con los familiares de los muertos en la tragedia de los Andes, en un contrapunto impactante con quienes ocupan los escenarios y reciben de los focos luminosos una especie de aura mítica. Recorremos con el misterioso Lestat —el tirabombas de Fray Bentos— y su compañera uruguaya el periplo de muerte y explosiones en tierras bolivianas. Nos sumergimos en el desborde de fanatismo del sádico cura de la Comunidad Jerusalén.
Percibimos los filos, a veces cortantes, de la personalidad de Mario Benedetti mostrados en sus relieves y oquedades; la oronda despreocupación por su nombre de un uruguayo que se llama Hitler; el espíritu de gesta heroica que expande el entrenador Julio Ribas en sus huestes; la exquisita sensibilidad de un criador de esturiones que se niega a sacrificar a sus criaturas para extraerles caviar; el suicidio de una mujer policía desbordada por la angustia de la sobrevivencia pura y llana; la febril perseverancia del inventor de un motor a aire comprimido enfrentado al universo del petróleo.
En esta edición se suman cuatro historias: la del fallo incesante de la Justicia para retener a un abusador de niñas; la de tres uruguayos exitosos que comparten un origen en la misma calle del barrio Maroñas, a cuadras de un cantegril; la de una panificadora que funciona dentro de una cárcel; la de una mujer trabajadora que supo ser «esclava, fugitiva, pobre, empresaria narco, rica, insomne y presidiaria».
Estos relatos de Haberkorn tienen la solvencia del buen periodismo, tienen la magia de la buena literatura.
Ha trabajado en numerosos medios de Uruguay. Hoy se desempeña en el canal de televisión Teledoce y en el diario El Observador. Fue corresponsal en Uruguay de la agencia de noticias Associated Press (AP) entre 2013 y 2019.
Publicó 15 libros. Entre ellos, Pablo Bengoechea, la clase del Profesor; Historias tupamaras; Milicos y tupas (premio Bartolomé Hidalgo y Libro de Oro 2011); Gavazzo. Sin piedad; Historias uruguayas; Liberaij. La verdadera historia del caso Plata quemada; La muy fiel y reconquistadora; Herencia maldita y Richard Read, ALQLyE.
Ha sido incluido en antologías de periodismo narrativo publicadas en Chile, México, España, Inglaterra y Polonia. Sus trabajos han sido traducidos al inglés, italiano, flamenco, polaco y hebreo.
Un mundo sin gloria es la tercera edición, de un libro de crónicas que Haberkorn publicó en el 2009, bajo el título “Crónicas de sangre, sudor y lágrimas”. Esta tercera edición, agrega crónicas nuevas, y revisa las anteriores, y es, en mi opinión, un acierto total el cambio de nombre por diversos motivos. El título, hace referencia a la nota homónima que publicó Haberkorn en 2006 para la revista Rumbosur, que, a la vez, sirvió de inspiración para el primer disco solista de Garo Arakelián. Es una nota sobre el suicidio de una agente policial Gloria Cor, que refleja perfectamente la forma de entender y transmitir el periodismo que tiene Haberkorn. Sus notas no son periodismo sensacionalista, y tampoco son ese periodismo tan abstraído y anodino que se vuelve insustancial, que solo refleja hechos sin realmente interesarse sobre el porque de estos. Leonardo va al corazón del asunto, se mete en los motivos por los que algo sucedió, investiga, entrevista, trata de comprender no solo los hechos materiales que se dan, sino que fue lo que los impulso, y para esto no saca conjeturas de la nada, sino que se basa en mas investigación. Su forma de transmitir los hechos es una mezcla perfecta entre el periodismo y la literatura, cada una de sus notas podría servir como un cuento y podríamos juzgarlo bajo los parámetros con los que juzgamos a la ficción, si no fuese por el simple, pero ineludible punto, de que lo que escribe es realidad, son cosas que sucedieron. En la propia introducción, nos dice cual fue su inspiración para ser periodista, el haber leído Agonistas y Protagonistas de Ramón Mérica, y el estilo que describe, el de meterse dentro de las vidas de las personas, y tratar de establecer una inmersión en el lector es exactamente lo que logra. En esta misma introducción, toca un tema que para mi es crucial, que es la degradación del periodismo nacional, y no lo hace como un ataque a sus colegas, en absoluto, sino mas bien, dirigida a los dueños o directores de los grandes medios, y en parte quizás, al sistema en el que nos vemos inmersos, donde el periodismo cada vez es menos respetado, menos financiado, y por lo tanto, cada vez es mas mediocre. Para poder lograr notas del calibre al que llegan los grandes periodistas, y al que llega este propio libro, es necesario tiempo, el poder investigar, el dedicarle días, semanas, meses a una nota, a una investigación, cosa que es imposible si hay que vomitar contenido de forma constante, como suele suceder ahora (de cierta forma, una postura visionaria en el 2009, donde aún no estaba tan marcada la influencia de las redes sociales en el funcionamiento de nuestro mundo inmediato)
Algo que me gusta es que a pesar de meterse dentro de las vidas de los involucrados, no emite juicios, no está ahí para juzgar a las personas que entrevista, pero a pesar de esto, y justamente por esa capacidad que tiene de meterse en la situación, de generar un espacio de inmersión es que nos transmite todo el peso de esa realidad sin tener que tomar posiciones, sin tener que señalar, deja que estos juicios se creen de forma orgánica en el lector, que al comprender el entorno de las víctimas o de los involucrados en estas situaciones, puede generar una posición sin sentirse empujado a llegar a esas conclusiones. El tono de las notas es variado, tenemos desde notas desgarradoras, a otras que son cómicas, o que se asemejan más a un slice of life que a una crónica periodística. Mi favorita por lejos, es la que da el nombre al libro, Un mundo sin Gloria, sobre el suicidio de una agente de Policía, que empujada a una vida de miseria por las propias condiciones del trabajo, no pudo con las presiones económicas y terminó quitándose la vida. Lo maravilloso, es que es una crónica que, no solo nos hace ver a esta mujer como a un ser humano, con sus problemas y sus virtudes, sino que el punto real, es una critica al sistema bajo el cual la policía se rige, donde los agentes viven en la miseria, obligados a trabajar horas incontables por una paga misera, llevados a las deudas con empresas usureras que les exprimen el poco sueldo que tienen, y que por una convergencia de todos estos factores, sus vidas privadas, su vida familiar, aquello que los mantiene mas unidos a su humanidad se ve desgarrado, de formas imposibles de remendar sin un cambio sistémico que tome en cuenta que no podemos tener agentes de la ley que vivan en la miseria (ya que esto los va a empujar a la represión, brutalidad o criminalidad), como tampoco podemos ignorar las repercusiones psicológicas que tiene su trabajo, y las condiciones en las que se los obliga a vivir. Termine de leer la nota llorando mientras viajaba en un ómnibus, porque es una crónica tan fuerte, que refleja una realidad tan cruda, que es imposible no sentir el dolor que llevo a una persona a tomar una decisión tan drástica. Bajo un tono similar es la nota inicial, sobre la masacre en Young donde murieron 8 personas y resultaron mutiladas otras tantas debido a un “accidente” mientras trataban de hacer un desafío para conseguir dinero para mejoras en el hospital de esa pequeña ciudad. Entrevista a todos los involucrados, nos muestra la vida de las personas previo a la tragedia y la forma en la que esta los afecto, y mas importante aún, logra mostrar dos cosas, por un lado, la negación de muchos de llos involucrados y de las autoridades a tomar responsabilidad, a llevar a cabo acciones para que esto no vuelva a suceder, sino también, el dejar a la vista las fallas del sistema que dieron pie a que algo así pueda suceder, como también la ausencia total de responsabilidad de los medios de comunicación que impulsaron el desafío. Pero no todo es deprimente y tétrico, hay crónicas que te alegran, o te sacan una sonrisa, como la historia del socialista que degradó a Plutón, la imagen de los científicos con carteles manifestándose me parece algo tan cómico que no pude contener la risa. Lo mismo con la de El último Hitler Uruguayo, que cuenta sobre la forma en la que impacto la vida de diferentes personas el que les hayan puesto de nombre, el apellido del genocida mas conocido del siglo XX. Otra memorable, aunque no por motivos felices, es la de Todas las veces que pudimos evitar la muerte de Brissa, que cuenta como un violador en serie de niñas fue atrapado por la policía incontables veces, pero por fallas o ineptitudes del sistema judicial de nuestro país, siempre logro salir sin recibir ningún tipo de tratamiento, y peor aún, sin que exista una forma de impedir que se pudiese desempeñar en oficios como el de taxista, que fue lo que lo habilitó a llevar a cabo actos deplorables durante tiempo sin sufrir consecuencias, hasta la muerte de Brissa, una niña de 12 años. Un libro que te hace ver al periodismo de otra forma, que va más allá de lo que solemos consumir bajo ese nombre en el día a día, que muestra que el periodismo puede ser crítico, puede ser académico, y a la vez, que puede ser arte, todo a la vez, y que para lograrlo, se necesita, no solo de la formación holística de periodistas, sino de los recursos, el tiempo necesario para que las investigaciones nos hagan palpar la realidad con todas sus texturas y no tan solo reportar los hechos, ya que esto, esa perdida del contexto, de la vida misma, es lo que lleva a que pasemos de ser una sociedad bien informada, culta y con capacidad de discernir, a ser una sociedad aislada en burbujas, incapaces de comprender todo aquello que sucede por fuera de los márgenes de nuestra propia realidad.
Ayer terminé de leer “Un mundo sin gloria”y tengo que decir que me gustó bastante. Hay mucha literatura en estos ensayos periodísticos, que dejan al descubierto lo peor de nuestra sociedad, pero que, a la vez, muestran lo esperanzadora que puede llegar a ser la vida a pesar de las adversidades que presenta. Los dos casos que más me impactaron —y que no sé si desconocía o si, simplemente, había elegido ignorar— fueron los casos de Brissa González y el de Gloria, la policía que se suicidó. Historias duras, incómodas, que obligan a mirar de frente realidades que muchas veces preferimos no ver.
Haberkon escribe con sensibilidad y respeto, sin golpes bajos, pero con la crudeza necesaria para que nada pase desapercibido. Es un libro que invita a reflexionar sobre la empatía, la responsabilidad colectiva y el valor de la vida.
Muy interesantes, historias cortas de Uruguayos, algunas como la de los familiares de los que no volvieron de los Andes esta vista desde el otro punto de vista. Me lo prestaron y ne queda poco para termibar