A collection of articles, letters, remembrances of conversations, and other writings by one of Mexico's most distinguished journalists, first published in 1986, serves to remind the reader the place in history several presidents of Mexico occupy and what each signified to writers and his fellow countrymen and women.
Fue un periodista y escritor mexicano, director del periódico Excélsior de 1968 a 1976. Fue fundador del Semanario Proceso. Hasta su muerte, se desempeñó como presidente del Consejo de Administración de CISA S.A. de C.V. Falleció a las 4:30 horas del 7 de enero de 2015 a consecuencia de un choque séptico en la Ciudad de México.
Un periodista, tal vez el más importante de México, escribe sobre cuatro presidentes. En un orden caprichoso y no necesariamente cronológico, Scherer narra muchísimas anécdotas y datos interesantes en las que, además de habitantes de Los Pinos, figuran personajes como el Negro Durazo, Manuel Bartlett y la Quina, y episodios como el golpe a Excélsior. A través de las páginas se despliega el carácter de los personajes: el colérico Díaz Ordaz, el vengativo y resentido Echeverría, el frívolo López Portillo, el tibio De la Madrid, y, no menos importante, un tenaz Scherer que resiste amedrentamientos y que con paciencia contrasta versiones, pero que no puede evitar sentir admiración por hombres de carne y hueso que eran tratados como dioses mitológicos.
Sobre esto último, reitero: la relación prensa-poder es un tema recurrente en el libro. Narraciones de eventos como la ceremonia del siete de junio, conversaciones (no pago para que peguen) y discursos (las relaciones perversas) brindan datos y oportunidades de reflexión a quienes nos interesa este tema. Imperdible en este rubro.
Todos hemos escuchado que “nada es gratis”, y creo que eso se aplica bastante bien al tema tratado en este libro. Los presidentes brindan su apoyo a los periodistas porque esperan que éstos les den un “algo” a cambio, quizá que en sus publicaciones no le den la relevancia necesaria a los actos censurables que realicen ellos, o que oculten e incluso alteren la información. Sin embargo, cuando los periodistas demuestran que no se dejan llevar por las ambiciones de los altos mandos, es cuando el juego ya no les agrada a los presidentes. Y es bastante obvia su reacción ante el ataque de la prensa libre: ¿a quién le gusta que los demás hablen mal de uno? Así es como quien fuera amigo, más tarde se convierte en el enemigo de aquel periodista que no silencia la verdad.
El punto principal —al menos, el que yo considero el punto principal— del libro (la necesidad casi insana que se tienen mutuamente el periodismo y los presidentes) lo interpreto de una forma un poco graciosa, si se le quiere llamar de esa manera. Para mí, el periodismo y los presidentes son masoquistas. Mantienen una relación amor-odio que no pueden dejar, aunque quisieran hacerlo: los políticos necesitan de la prensa, de los periodistas; y ellos, a su vez, necesitan de los presidentes.
El atentado de 1976 contra Excélsior, y los intentos por hundir Proceso en años posteriores son los ejemplos más claros de todo lo que menciono en párrafos anteriores. Conocer esos hechos permite apreciar cómo para el gobierno es sencillo retirar su apoyo a la prensa independiente, y también apoyar a la empresa privada para que haga lo mismo. Por otro lado, también permite apreciar lo fácil que es terminar con la buena relación que tuvieran la prensa y los presidentes, cuando éstos últimos cierran las puertas a los primeros.
Finalmente, me parece necesario citar lo que Francisco Martínez de la Vega escribió en su texto “¿Libertad sólo para el elogio?”, y que Julio Scherer retoma en su texto, al decir que “[…]. Se ha reiterado el error de suponer que esa libertad (de prensa) sólo depende del gobierno, lo cual quiere decir que la habrá en la medida y en la forma que el gobierno decida. Se olvida que esa libertad de prensa debe ser, fundamentalmente, decisión del periodismo mismo”.
Importante obra dónde el gran periodista Julio Scherer narra interesantes anécdotas que vivió de primera mano con los Presidentes de la República desde Gustavo Díaz Ordaz hasta José López Portillo. Haciendo énfasis en el abuso de poder y el constante ataque del despacho Presidencial hacía la Prensa que criticaba al poder.
Es quizá uno de los libros más completos de Scherer. Entre recuerdos personales y análisis tan bien escritos como documentados, pasa revista a sexenios que conoció hasta las entrañas (y que padeció, en diferente medida, con asedio riguroso y unánime). Scherer quizá no tiene una escritura ultrarefinada, como sí la poseía su amigo y compañero Leñero, pero su prosa se vuelve adictiva incluso en pasajes laboriosos y revueltos. Es una pena que al paso de las décadas, los periodistas mexicanos hayan sacralizado a Scherer por su conocida ética y su indudable valentía periodística, y menos por sus sensacionales cualidades de escritura.
Corrupcion, impunidad, enriquecimiento ilícito, pasarse las leyes por el arco del triunfo a su conveniencia y encubrir al presidente que le antecedio es repetido en cada sexenio, el autor narra de manera extensa y enriquecida los sexenios de Echeverría y López Portillo pero da una sensación de que con de la Madrid, salinas y Zedillo se queda corto en su relato.
Yo poseo la edición original de 1986, la cual compró mi padre en una tienda Gigante, aunque en realidad no creo que lo haya leído alguna vez. Aquí se abarcan el periodo histórico de la matanza de Tlatelolco hasta el terremoto de 1985. El autor narra su relación con todos los presidentes y sus desencuentros con ellos, así como la forma en que el gobierno actuó de forma arbitraria para quitar al director de la dirección del periódico Excelsior, lo que llevó a la fundación del semanario Proceso en 1976. Altamente recomendable.
Julio Scherer García (México, 1926) ha sido una pieza fundamental para comprender el aparato político mexicano desde uno de los años más polémicos de la era moderna: 1968, cuando es elegido para dirigir el periódico Excelsior... ver reseña completa