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277 pages, Hardcover
First published January 1, 1989
-¿Puedo decirte una cosa? - pregunta Víctor. Da un largo suspiro-. Quiero decirte que si no me estuviera muriendo dedicaría una vida a aprender cómo amarte.
A veces creo que nunca podré contar la historia de mi vida con precisión porque la vida sigue y no hay manera de describirla objetivamente. Podría intentarlo, pero es como intentar coger un cristal interminable - ni siquiera puedo asirlo. ¿Cómo voy a saber si hago lo que debo cuando dejo cerrar estrepitosamente la puerta del porche de la casa de Gordon? A lo mejor cuando esté muerta mi alma se sentará en un sitio y hará un recuento de lo que hice y sabrá exactamente qué fue lo que estuvo mal.
La voz de Víctor truena. Dice:
-¡No me digas que no quiero vivir! Claro que quiero vivir. Si pudiera vivir sin esta enfermedad, lo haría, ¿no? Si un suicida pudiera escapar a ciertos horrores sin matarse, ¿no crees que lo haría? El suicidio, y yo no creo que sea eso lo que hago, es la expresión de una especie de voluntad oculta de vivir.
-¿Quién te ha dicho eso?
-Arthur Schopenhauer. Un filósofo del siglo diecinueve.
-¿Qué sabía él? ¡Vivió antes de que tuviéramos quimioterapia!
Al volver a casa procuro no pensar en las particularidades de mi relación con Gordon, pero a pesar de mí misma pienso en las cosas que hemos hecho juntos, de cómo nos hemos sentido. Me pregunto cómo los asuntos amorosos se hacen tan complicados. Me pregunto por qué siento una pena tan profunda. Si hubiera conocido a Gordon antes que a Víctor hubiera comprendido una simple dimensión de lo que constituye el amor e indudablemente me hubiera sentido feliz con ello: el amor que tiene sus raíces en la noción de su propia inmortalidad.