Hubo una temporada brutal en la que me declaré antirreligioso. Cuando esto sucedió, no solo ya habían pasado años en que había dejado de seguir los preceptos católicos con los que fui educado durante toda mi infancia y parte de mi adolescencia.
Aún recuerdo estar explicándome ante uno de los hermanos lasallistas en la secundaria, el porqué ya no quería asistir a las misas que se celebraban cada primer viernes de mes: "no quiero hincarme ante ningún dios" (sí, según yo, lo pronunciaba en minúsculas), argumentaba.
Con el tiempo, esa distancia aumentó, y se convirtió en una aversión hacia todo tipo de creencia, de religión, de concepción espiritual de la vida en general.
Y llegué a ese punto que comento al inicio: me postulaba pen contra de la religión y veía en ella el origen de más de un mal en la humanidad.
Fui criado en un hogar donde mamá profesa un catolicismo que da cabida a dos que tres ideas más bien alternativas; y un papá ateo/agnóstico/humanista/ya-no-sé-en-qué-va-hoy-día; lo que me brindó dos enriquecedoras perspectivas de la vida.
Sin embargo, terminé inclinándome por una visión más bien racionalista y dejé de lado el caracter católico que intentaron inculcarme.
Sin embargo, si algo he aprendido en lo que llevo de vida, es que podemos tender, tranquilamente, a afirmar cosas sin siquiera comprenderlas bien del todo. No, no he abrazado ningún otro culto, a la fecha, lo único ante lo que soy capaz de hincarme es ante lo que ame, mi pareja, mi hija, mi familia, unos pocos amigos y amigas.
El caso es que, después de haber leído a Dawkins, a Hitchens y a otros, después de haber creído en sus ideas, en sus argumentos, ahora no puedo estar más que opuesto a ellos. Después de haber leído a Gray y a de Waal, después de todas las conversaciones con mis personas de confianza sobre todos los temas que nos inquietan, no, no estoy en contra de las manifestaciones religiosas: y un poco de eso habla este libro.
Entiendo un poco mejor por qué lo titularon así, pero, sigo pensando que es un error editorial garrafal, es un artilugio mercadotecnístico de la peor calaña, es un insulto al trabajo de de Waal, que si bien, no está peleado con los diez mandamientos, estos apenas ocupan unas páginas en el hermoso fresco (y vaya que esta metáfora no cae en saco roto) que es este libro.
De Waal es un ser sumamente brillante y lúcido, un observador minucioso y paciente de la vida animal, en particular de los bonobos.
¿Qué es de Waal? ¿Qué es Gray? ¿Fadanelli? ¿Enrigue? ¿Villalobos? De Waal es de Waal. "Es" biólogo, si eso te dice algo, pero para mí, es un observador precioso. Es un traductor de ideas increíble. Es una persona que me ayuda a comprenderme mejor a mi, y a mis semejantes.
Nunca me había cuestionado si la moral precede a la religión. Si es natural al hombre. Y vaya que la idea es profunda. Sin embargo, de Waal se mantiene alejado de disputas sin sentido, porque... ah, había olvidado que su libro trata sobre bonobos, sobre chimpancés, sobre elefantes, algunas ballenas, unos osos, también hay ratas... ¡carajo!, pero en más de un ejemplo de estudio que menciona, me parecía que estaba hablando de nosotros: los humanos.
¿Se entiende?
Si Cage ya lo había dejado en claro con su 4'33'': no hay silencio absoluto, ¿por qué habríamos de seguir creyendo que hay un absoluto para todo?
El "silencio" de Dios (vuelvo a las mayúsculas porque entiendo que es un nombre propio, antes que una alabanza) no es para todos... como tampoco lo es su voz.
La vida por la vida misma, la vida por el paraíso perdido, la vida por las mil vírgenes; todas PUEDEN ser válidas, siempre y cuando, no dañen al otro, no atenten contra el otro; y el otro puede ser una persona, un bonobo, un chimpacé, un elefante...
Si de algo somos capaces es de seguir aprendiendo, de continuar encontrando nuevas respuestas a preguntas viejas: todo es cuestión de mantenernos abiertos a escuchar, a entender, a conocer... incluso a aceptar que podemos estar equivocados o que podemos volver a aprender lo mismo.
Quisiera, en el fondo, poder escribir algo que te invite a leer este libro: así de necesario lo considero.