En esta breve y asfixiante nouvelle, Ana Lípez aborda con maestría ese núcleo de conflicto, pero lo hace desde una doble operación que no es contradictoria ni mucho menos complementaria. Retazos, hilachas, fogonazos de la vida de la protagonista en los que el hijo muerto es alguien omnipresente y a la vez intangible; por otro lado, la necesidad de retener, de no permitir que el tiempo desdibuje un último espacio, aunque se trate de un paisaje de pesadilla.
Sobre esos rieles transcurre Vías de extinción, triste y poderosamente.
Vías de extinción es la clara demostración de que no hace falta mucho ni muchas páginas para escribir una novela conmovedora. La protagonista de esta nouvelle ha perdido a su hijo en unas vías de tren y, desde allí y para atrás, recorre, como siguiendo las vías de un tren fantasma y muerto, la historia de sus muertos familiares para reconstruir algo así como la vida. Preciso, doloroso y excelente.
"Hablar con alguien que conoció a tus muertos es la única forma de no quedarse sola con ellos." ___________________________ Viví gran parte de mi vida cerca de una línea de tren y crucé las vías a diario durante casi 20 años. También, más tarde y durante mucho tiempo, usé ese transporte todos los días. El tren, un medio que evita el tránsito, que siempre me permitió leer, en donde escuché grupos musicales de todo tipo, compré biromes, chocolates, pañuelitos. Gran amor por el tren. Sin embargo, mucho respeto también. Siempre había que mirar antes de cruzar, aunque la barrera estuviese arriba. Todos sabíamos de algún accidente, de alguna tragedia. La narradora de Vías de Extinción perdió a su hijo en unas vías de tren que ya no existen; hoy hay un puente y el tren pasa por arriba permitiendo a los autos y peatones cruzar sin esperar. Pedir un deseo bajo un puente ferroviario cuando el tren pasa se ha vuelto para muchxs una costumbre. Yo misma lo hice muchas veces. ¿Qué puede desear una madre que ha perdido a su hijo bajo ese puente? Vías de extinción, sin embargo, no es una historia sobre una tragedia. Lo trágico funciona como disparador de un recorrido familiar atravesado por las vías. Vías que se veían desde el balcón de un abuelo, desde una ventana; trenes que fueron testigos de muertes, que fueron espacio de asesinato. En menos de 100 páginas, Ana López te lleva de la mano por ese camino concluyente, que a la vez se abre a nuevas historias y posibilidades; por ese trayecto incierto de estaciones abandonadas, de recorridos y vías. Unas vías que con sus trenes, los que están y los que ya no están, se cruzan como caminos de vida. Vías de Extinción es una novela breve, profunda y muy bien escrita. La recomiendo.