Corría 1993 o 94 cuando mi hermano Fernando volvió a Uruguay luego de un tiempo en EEUU y México. Entre las muchas cosas que trajo (¡un reproductor de CDs! ¡era algo novedosísimo!) venía un curioso libro de historietas llamado "El Santos contra la Tetona Mendoza" donde unos tales Jis y Trino parodiaban a la lucha libre pero al mismo tiempo llenaban páginas y páginas de humor guarro, sexual, escatológico y entre pavo y descacharrante (además, el libro incluía una entrevista a los autores gracias a la cual conocí a Rius, algo por lo que siempre les estaré agradecido). Como se puede imaginar, al adolescente que era por aquel entonces le voló la cabeza y lo debo haber releído chiquicientas veces (amén de eso, de ese mismo libro salió el nombre Peyote Asesino para la banda de mi hermano, nada menos). Quiere el destino -porque se trata de eso, sin dudas- que encuentre ahora este libro -el séptimo de una colección, tapa dura- entre libros y revistas polvorientas en un quiosquito de Piriápolis (a la irrisoria suma de 100 pesos) y me reencuentre entonces con aquellos personajes -El Santos, El Cabo, La Tetona Mendoza, El Peyote Asesino, El Diablo Zepeda y muchos más que no conocía- que tanto significaron en su momento. El libro en cuestión reúne páginas de El Santos que los autores publicaban (ignoro si lo siguen haciendo) en La Jornada (diario mexicano) complementada cada página con cinco chistes de un cuadro que agregan, redondean e incluso dan epílogo a la página original. Y aunque no significó el mismo estallido que por aquel entonces, sigue despertandome tremendas carcajadas. Para darle paralelismo, se puede decir que el humor de Jis y Trino (en El Santos, al menos, Jis sube chistes a su Facebook que son igualmente graciosos pero más experimentales e incluso poéticos) tiene su justa correlación acá en el Río de la Plata en Ernán Cirianni y, un poco más lejos, hasta en Gustavo Sala. Este libro se compone por 66 tiras que orbitan desde la crítica política (que algo me perdió, sin dudas por falta de contexto) hasta chistes de caca, leche, culo y pichí. Leerlo de un sopetón agota, pero debidamente dosificado es super divertido.