Esta edición contiene una selección de la obra poética de López Velarde y un ensayo-prólogo de Octavio Paz. Aquí se antologan poemas de los siguientes Primeras poesías (1905-1912), La sangre devota (1916), Zozobra (1919), y El son del corazón (1919-1921; 1932).
Ramón López Velarde was a Mexican poet. His work is generally considered to be postmodern, but is unique for its subject matter. He achieved great fame in his native land, to the point of being considered Mexico's national poet.
Es de mis primeros acercamientos a la poesía, por tanto tenia que estar muy concentrada para leerlos. Tener el diccionario a un lado para saber que significaban muchas palabras, que por cierto ya no son de uso cotidiano, hacia que la inspiración se fuera. Entendí mejor los poemas cuando se me presentó el ejercicio de encontrar las figuras retóricas. Me gustó sí, sólo que si quiero disfrutarlos más quiero tener una mejor educación en la poesía
Un hermoso canto a nuestro Mexico. Una forma muy cálida, muy hogareña, muy íntima de describir la provincia, la ciudad, las costumbres y la esencia mexicana… Cada frase es un deleite, ¡Me encanta!
Siento que pocas veces se puede leer algo que fue tan decisivo para la literatura mexicana y, posiblemente, para otras literaturas. Recordemos que el propio Borges se sabía de memoria "Suave Patria".
Mi experiencia releyendo a este autor fue absolutamente nueva. Gracias a la recopilación hecha por el al Universidad Veracruzana, se puede apreciar el lento, pero maravilloso progreso de López Velarde: desde su momento más modernista, imitando la terza rima de Dante en su primer poema y las experimentaciones sonoras de sus silvas en "La sangre devota" (1916); hasta llegar al más puro y absoluto verso libre en los poemas de "Zozobra" (1919) y "El son del corazón" (1919).
López Velarde no sólo fue un poeta más del modernismo, fue un parteaguas de la poesía mexicana. En él, similar a las grandes posmodernas como Alfonsina Storni, Juana de Ibarborou, Delmira Agustini o Gabriela Mistral, se nota la decadencia modernista para darle paso a un nuevo estilo. Aquella aristocracia cultural de la que tanto habló el príncipe Darío y el hermético Lugones, se va atenuando en los versos de Velarde. Siento, personalmente, que Velarde es bastante similar a Storni: ambos hablan del aspecto interno de la vida, de sus sentimientos y malestares; pero, a su vez, son capaces de afrontar la vida con una lucha personal y un erotismo tan marcado que es simplemente asombroso (recordemos que ambos se llevaban apenas 4 años).
Algo que me fascinó de Velarde, y que no había visto desde unos ejemplo de Sor Juana, es que su estrofa favorita es la Silva, una composición compuesta por compuesta por versos endecasílabos (11 sílabas) y heptasílabos (7 sílabas) sin un orden aparente. A diferencia de la Lira, cuyo orden es obligatoriamente "7a, 11B, 7a, 7b, 11B"; la silva puede tener una gran variedad de rimas, las cuales pueden ser consonantes o incluso libres. Este tipo de composición habla mucho de la evolución poética de México, creo que el mayor ejemplo lo encontramos en "Me estas vedada tú..." y "Hermana, hazme llorar...": el primero es, estructuralmente es un Silva, pero rítmicamente y léxicamente es ya la decadencia del modernismo: adiós a las palabras aristócratas y cultas que simulan ser el oscurantismo gongorino, López Velarde ya es alguien que retoma el romanticismo de mostrar tal y como es; en cuanto al "Hermana...", la introducción de un "tridecasílabo" es más que suficiente para mostrarnos como innovó la poesía póstuma a Darío.
Un último ensayo que nos confirma todo lo que digo es "La derrota de la palabra", donde ya se ve el sentimiento de hastío que se tenía sobre el modernismo el nuevo aire que pedía el aspecto poético del país.
Realmente recomiendo leer esta obra si quieren adentrarse a los primeros pasos de poesía moderna (que no es lo mismo que modernista).
Sigamos sumergiéndonos… Mas, antes que la sorda corriente nos precipite a lo desconocido, hagamos un esfuerzo de agonía para salir a flote y ver, la última vez, nuestras cabezas sobre las aguas turbias del olvido.
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A tus plácidos hogares irán las venturas viejas como vienen las abejas a buscar los colmenares.
Y mi cariño en tus lares verás cómo se acurruca libre de pompa caduca, al estrecharte mi abrazo en el materno regazo de la aromosa tierruca.
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Por ti el estar enfermo es estar sano; nada son para ti todos los cuentos que en la remota infancia divierten al mortal; porque hueles mejor que la fragancia de encantados jardines soñolientos, y porque eres más diáfana, bien mío que el diáfano palacio de cristal.
Pero con ser así tu poderío, permite que te ofrezca el pobre don del viejo parque de mi corazón.
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Dos fantasmas dolientes en él seremos en tranquilo amor,
en connubio sin mácula yacentes; una pareja fallecida en flor, en la flor de los sueños y las vidas;
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Tus hombros son buenos para un llanto copioso y mudo... Amor, suave Amor, Amor, tus hombros son como una ara.
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ME IMPONGO la costosa penitencia de no mirarte en días y días, porque mis ojos, cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia como si naufragasen en un golfo de púrpura, de melodía y de vehemencia.
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No tengo miedo de morir, porque probé de todo un poco, y el frenesí del pensamiento todavía no me vuelve loco
Lo más destilado de la poesía de López Velarde. No mucho que decir. Los gajos de la epopeya, la tierra colorada, los pájaros de oficio carpintero, los sañudos escorpiones y el vestido negro de Águeda son, entre muchos otros, algunos de los momentos que se me enganchan al corazón.
Siempre me parecerá curioso cómo el poema se perpetuó como El Poema Nacional cuando en realidad rechaza el caos revolucionario y apela a la nostalgia católica del integrismo.
Anteriormente había leído solo el poema de suave patria, quizá no lo aprecié de la mejor forma en aquella ocasión, pero leyendo varios de sus poemas en conjunto se comprende mejor su estilo y ciertos puntos en común que tiene la obra del poeta. El prólogo de Octavio Paz que contiene este libro es excelente, hace una revisión de la obra y vida de López Velarde con una escritura entre poesía y ensayo. Menciona Paz que Velarde tiene influencia de Baudelaire y algo hay de eso en algunos poemas, pero sin duda lo que prevalece es cierto misticismo católico, sensualismo y cierta melancolía.